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Sin toros sí hay Sanfermines

7 de julio, San Fermín. "A Pamplona hemos de ir con una media y un calcetín..." ¿Te horroriza la cantinela que esta cancioncilla trae a tu cabeza? ¿Tienes una pareja, unos padres, amigos o hermanos que quieren mostrarte las bondades de la fiesta navarra más famosa del mundo y se ponen muy, pero que muy pesados cada año, insistiendo en que les acompañes? Dales un gusto. O mejor, dátelo. Existen otros Sanfermines más allá de los encierros y los toros.


Sanfermines

Texto: ANA CAÑIL

"La ciudad se transforma, se parece al ambiente que flota cuando se va acercando la Navidad. En Pamplona, brota más fuerte aún con los Sanfermines", cuenta Ana Hueso, responsable del archivo del Ayuntamiento de Pamplona. Ella no es siquiera navarra. Llegó arrastrada por su matrimonio y ahí sigue, enganchada a la capital y su cultura.

"Yo llegué sin entender nada. Uno de los primeros años, me encontré con mi niña en un carrito en mitad de un desfile de peñas, cantando y bailando y sentí miedo. No podía ni cruzar la calle. De pronto vi cómo el cochecito, con mi bebé dentro, se elevaba e iba cruzando la calle de brazos en alto a otros aun más altos, mientras gritaban "¡Niña Va!", para que la gente dejara de echar agua con los cubos por los balcones. Cuando llegué al otro lado, allí estaba mi criatura, tan contenta, sana y salva como ellos decían. El resultado es que es una jaranera increíble y ella lo achaca a que ya la mecieron las peñas en San Fermín".

La fiesta de los Sanfermines nació de la celebración de la feria de ganado en el siglo XIII. Como en todo el norte y en las tierras celtas, tras el solsticio de verano –la Noche de San Juan– la gente, con sus posesiones, se echa a la calle a intercambiar todo lo cuidado en invierno: ganado, hortalizas, frutas. Es la hora de los noviazgos de las verbenas tras las primeras siegas y recogidas de la hierba.

Foto: José Joaquín Arizuri / Ayuntamiento de Pamplona.

Las cosas han ido cambiando, como recogen las crónicas del médico José Joaquín Arizuri. Pero hay ritos que evolucionan, no perecen. Las gracias a los dioses, las procesiones de cada santo. San Fermín no fue diferente, solo que a las ferias del ganado y las procesiones se incorporaron los encierros y los toros. Con todo, puedes llegar a Pamplona y sumergirte en los ancestros de hace siete siglos.

A poco que te organices, puedes evitar los toros. Lo que no te aseguramos es que puedas escapar de la juerga de las calles. Más que ponerte mohíno, puedes apuntarte con calma y adaptar todo a tu marcha. No te va a pasar nada porque te enrolles el pañuelo rojo al cuello.

La procesión con San Fermín

Seas o no católico, existe coincidencia generalizada en que la procesión de San Fermín, que sale a las 10 de la mañana del 7 de julio de la Iglesia de San Lorenzo, merece la pena. Da igual que vengas de Andalucía o Australia, los pamploneses te aseguran que algo te sube del estómago a la garganta cuando arranca el acto. No hace falta alquilar un balcón ni pagar por nada, se sigue bien desde las calles y los fotógrafos han hecho historia de ella durante décadas. Las paradas o "momenticos" son bonitas, pero destaca "El Momentico" en que los miembros del ayuntamiento recogen a los de la catedral para ir por San Fermín. El acto tiene tal colorido que el personal se vuelve loco con la fotos y los selfies.

Foto: José Luis Nobel Goñi / Ayuntamiento de Pamplona.

La comparsa de gigantes y cabezudos

En realidad, solo por seguir las andanzas de la comparsa de Gigantes y Cabezudos durante los nueve días de fiesta, merece la pena ir a Pamplona. Con niños o sin niños, son famosos en el mundo entero –y esta vez la afirmación es verdadera– y su historia se remonta al año 1600. Los ocho gigantes de cartón piedra, los reyes, y todos sus personajes del entorno –cabezudos, kilikis y zaldikos– son una guía estupenda para relatar a los grandes y chicos una parte de la historia de Navarra y de la península, con sus correspondientes invasores, incluidos los franceses. Desfilan todos los días de las fiestas, cada vez por un lugar diferente y si tienes niños que no saben cómo desprenderse del chupete –incluso el pañal– es el momento de que se lo entreguen a uno de los cabezudos de la comparsa. 

Foto: José Luis Nobel Goñi/ Ayuntamiento de Pamplona.

Son varios los artistas y artesanos que han ido creando o restaurando durante siglos a cada uno de los personajes de la comparsa y los retratos o fotos de los cabezudos y kilikis despertando a los trasnochadores por la mañana, han sido el lujo de fotógrafos de todo el mundo, desde el apreciado José Luis Nobel, pasando por Masat o Inge Morath, por mencionar a los tradicionales. 

En la Historia de los Sanfermines de José Joaquín Arazuri –donada con todo su archivo al ayuntamiento de Pamplona– se recoge el momento "glorioso" en que la comparsa desfila por la Quinta Avenida de Nueva York. Eso sí, sin sus miembros negros, que fueron vetados en aquel 1963. La fotos de Fernando Gordillo de aquel desfile dejaron testimonio con Arazuri.     

Foto: Fernando Gordillo / Ayuntamiento de Pamplona.

El mercado de ajos

Falces está a 56 kilómetros al sur de Pamplona. Los ajos más famosos del norte se cultivan en este pueblo desde que en 1662, los habitantes de la villa, cansados de pagar impuestos a nobles e Iglesia por cada producto que sembraban, recurrieron a los ajos, no sometidos aún a la voracidad de las arcas estatales. ¿Y dónde vender su producto? Naturalmente, en la feria de Pamplona, en los Sanfermines. Durante siglos, en la plaza de Las Recoletas se montaron los puestos de ajos. Las ristras colgadas al cuello de los pamploneses vestidos para San Fermín que han pasado por las exposiciones de fotografía más prestigiosas, empezando por el reivindicado José Luis Nobel. Y Arazuri utilizó fotos sepia con las horcas en Las Recoletas hasta las de finales de los años 80 para ilustrar su historia de los Sanfermines. Son maravillosas. 

Hoy, los escasos puestos que quedan alrededor de la plaza de Las Recoletas se mezclan con los de mercadillo de cualquier provincia en verano. Por eso, si dedicas una mañana a "los ajos" y logras capturar una foto con un mozo –aunque luzca muchas canas– y su ristra de ajos, te llevarás de los Sanfermines un recuerdo que pronto será eso, solo una imagen.

Foto: José Luis Nobel Goñi/ Ayuntamiento de Pamplona.

El baile de la alpargata

Diferente a todo. Se celebra en el antiguo Casino, en la plaza del Castillo. Para unos, la jornada termina a las nueve de la mañana, cuando llegan de correr del encierro y se dedican al baile. Para otros, los menos, comienza el día con las danzas en el hermoso salón del Casino, reformado. Aclarar el nombre del baile quizá resulte una obviedad para algunos, pero es necesario: la gente asiste a él con las clásicas alpargatas blancas con tiras rojas. O asistía. Hoy en día se sustituyen –igual que en los encierros hacen muchos corredores– por las deportivas. El único inconveniente del baile es que para entrar se necesita invitación por parte de alguno de los cargos de la municipalidad o bien, te apostas en la puerta de la plaza del Castillo 44 y te dedicas a mirar, preguntar y rogar.  El ambiente es bien diferente a lo que ves en las calles, así que si logras colarte, merece la pena. 

Foto: José Luis Nobel Goñi/ Ayuntamiento de Pamplona.

Otros "rituales"

Unos días antes de San Fermín, a la puerta de San Lorenzo –que abre a las 17:30 de la tarde– tres ancianos nos explican detenidamente las bondades de la fiesta y como hace tiempo ya que "las autoridades" piensan en sus nietos. "Es más, desde los años 70 –yo entonces tenía hijos no nietos– se creó la ofrenda de los niños a San Fermín, que se celebra cada día 13 y traigo a mis nietos. Es bonito". Miramos las guías, y es cierto, desde 1973, cada 13 de julio se repite el ritual, igual que se han ido creando cada vez más actividades para niños y acompañantes a quienes el encierro y los toros no entusiasman. "Ese de las camisetas –apunta otro de los viejitos– ha creado también el encierro de mentira, con los toros esos azules y el día de los extranjeros". 

Cierto también. Es el encierro con Mister Testis  con el toro de trapo azul, y el "Guiris Day". Teatro de títeres, verbenas, música y conciertos –Sarasate siempre está presente en San Fermín– y como recuerda Ana Hueso, nuestra anfitriona entre libros y fotos del archivo, "los Sanfermines tienen además, un componente popular de verdad. No son caros, no hay que tener entrada a una caseta de feria para divertirse y mantienen ese aire de libertad y toque internacional que les hace diferentes". Cuidado, lo defiende alguien atrapado en Navarra, y con mucho gusto.

Foto: José Luis Nobel Goñi/ Ayuntamiento de Pamplona.

 

Fecha de actualización: 13 de junio de 2017

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