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Ruta en bicicleta por La Graciosa (Lanzarote)

De playa en playa por la isla más sostenible

No hace falta salir de España para pasar unas vacaciones de invierno de playa y sol. En Lanzarote, la isla de La Graciosa ofrece un viaje único –incluso cuando baja el termómetro– a aquellos amantes de la naturaleza que se atrevan a vivir la experiencia de recorrer un lugar sin carreteras asfaltadas y, de paso, conocer playas vírgenes en las que, por no haber, no hay ni hamacas ni chiringuitos.


Texto: YASMINA JIMÉNEZ | Fotos: HUGO PALOTTO

Desde el norte de Lanzarote, como si estuviera a tiro de piedra, se ve la isla de La Graciosa custodiada por otros islotes del archipiélago de Chinijo. Dependiendo de las nubes y el sol, la visión varía; pero, en realidad, casi cualquier montaña en ese punto de la isla de los volcanes permite contemplar –en días despejados– las irregulares jorobitas que se elevan de repente en el terreno planchado de la pequeña ínsula. Verla y querer recorrerla es todo uno; y más con el clima canario, que aunque baja unos grados en invierno, sigue siendo amable durante todo el año e invita a recorrer las islas aprovechando el mar, la arena y el sol.

La Graciosa, LanzaroteLa Playa de Las Conchas es considerada una de las más bonitas de todo Lanzarote.

En los últimos años, la población de La Graciosa ha crecido bastante pese a ser una zona protegida en su totalidad (el archipiélago del que forma parte es la mayor reserva marina de Europa). Si uno quiere pasar unos días en ella, ahora hay dos lugares habitados: Caleta del Sebo, pueblo principal; y Pedro Barba, unas pocas casitas construidas alrededor de un pequeño puerto. Si por el contrario, uno se hospeda en Lanzarote, lo más sencillo para llegar al islote es coger un barco desde Orzola y en media hora, tras un recorrido por mar que permite gozar de los impresionantes acantilados de la isla madre, uno llega al puerto principal listo para conocer una de las maravillas mejor conservadas de Canarias.

La Graciosa, LanzaroteVista de los acantalidados de Lanzarote desde el barco que va hasta La Graciosa.

Ya en el paraíso graciosero, el viajero dispone de varias opciones para recorrerlo. Sin una sola carretera asfaltada, existe la posibilidad de contratar excursiones en 4x4 que realizan un recorrido por los puntos más importantes o un servicio de ida y vuelta a la playa que elija cada uno o, por el contrario, se puede alquilar una bicicleta. En la ruta que te presentamos aquí, la opción fue el vehículo de dos ruedas; primero porque permite respetar el frágil entorno protegido con un turismo sostenible; y segundo, porque disfrutar de los caminos y vistas que va proporcionando cada kilómetro requiere su tiempo, al menos, si uno quiere hacerlo con esa lentitud que permite que el lugar lo traspase para llevarse un pedazo consigo cuando regrese al barco.

La Graciosa, LanzaroteLa bicicleta es una de las mejores opciones para recorrer la isla.

Consejos imprescindibles

En Caleta del Sebo, tras desembarcar (preferiblemente en el primer o segundo barco que llegue a la isla para aprovechar el día), hay varios negocios donde alquilar mountain bikes. Caminando por las pequeñas calles de arena de la localidad que se estructura en torno a su puerto, encontramos La Molina, donde Ismael Martín aporta las mejores directrices mientras firmas el contrato hasta las 19 horas con dos de sus vehículos. "Lo mejor con la bici es hacer la ruta norte de la isla. Los caminos tienen partes arenosas pero son más fáciles de hacer. La parte sur es casi imposible", asegura mientras muestra los puntos y paradas necesarias para deleitarse con un trayecto circular que se puede hacer, según él, "en tres horas y media".

La Graciosa, LanzarotePlaya de Caleta del Sebo, localidad principal del islote.

Antes de emprender la excursión es necesario tener en cuenta las siguientes recomendaciones, todas ella lo suficientemente relevantes como para permitir realizar el paseo con éxito o tener que abortar la operación en los primeros kilómetros. "¡Llevad agua y comida! No hay ningún lugar en el que comprar desde que sales de aquí", afirma Martín. Ni restaurantes, ni chiringuitos, ni tiendas, ni hamacas. Absolutamente nada en la mayoría de sus playas. Para encontrarse con la naturaleza en estado puro es necesario cargar con agua suficiente para el paisaje desértico y para evitar la deshidratación con el ejercicio. Y, por supuesto, alimentos.

Tampoco puede faltar en la mochila protector solar y gorra o sombrero. El viento que sopla en la isla proporciona un clima agradable que impide que sufras calor, pero precisamente por eso uno se quema sin percibirlo, pese a que durante el día no suele pasar de los 25 ºC en verano ni bajar de los 20 ºC en invierno. Aunque durante las noches, refresca.

La Graciosa, LanzaroteSi recorres la isla, es importante saber que hay que llevar agua y alimentos.

Y como último consejo, pero no por ello menos importante, infórmate –si lo desconoces– sobre el uso correcto de los cambios de la bicicleta: saber cuál, cuándo y cómo utilizarlos marca la diferencia en las pocas cuestas a las que hay que hacer frente en estos kilómetros. Es fácil ver a personas que abandonan o empujan la bicicleta por hacer un mal uso de ella (altura incorrecta del sillín, cambio equivocado, exceso de peso en la cesta).

La Graciosa, LanzaroteDesde la Playa de Las Conchas se ven otros islotes del archipiélago de Chinijo.

El primer destino es la Playa de Las Conchas, de la que dicen es una de las más bonitas de Lanzarote, y no decepciona. Tras 45 minutos dando pedales en un trayecto en el que luchas por acostumbrarte a la orografía del terreno volcánico, las dunas de arena blanca con sus moños bien peinados (decenas de arbustos que se abren paso en el paisaje) son un espectáculo cercado por unas aguas cristalinas que parecen vigiladas por otro de los islotes de Chinijo. Eso sí, cuidado. "La playa es preciosa pero traicionera", advierten los lugareños. Con mar del norte, las olas empujan con fuerza hacia dentro y el baño resulta difícil además de peligroso. De espaldas a la playa, los más valientes suben la Montaña Bermeja, perfecta para tener otra panorámica de la isla.

La Graciosa, LanzaroteHay zonas de la isla que solo se pueden recorrer a pie.

Antídoto contra el estrés

Hacer una parada en cualquier lugar, disfrutar del sol y algún baño es fácil con la bicicleta porque en cada playa hay aparcamiento para ellas. Las familias con niños se animan hasta el segundo punto de la ruta norte, que es el Caletón de los Arcos o Los Caletones, un paseo corto desde Las Conchas, fácil de hacer y rodeado de dunas blancas. La entrada al monumento natural se hace a pie para ver cuatro arcos formados en las rocas volcánicas, que intentan contener la fuerza del mar resistiendo las embestidas de las olas. Una vez se ha llegado aquí, los que estén cansado pueden regresar al pueblo. Si por el contrario, decides seguir adelante, la dificultad del camino será compensada de lejos con la belleza de La Graciosa.

La Graciosa, LanzaroteParte del monumento natural de Los Caletones con un volcán al fondo.

Partes arenosas de la pista obligan a aflojar o bajar de la bici para llegar hasta la Playa del Ámbar. Las rocas se mezclan con la arena en unas aguas de colores imposibles. Es un lugar idóneo para comer, si no lo hiciste en Las Conchas, porque las rocas lisas se convierten en un mesa improvisada para el bocata –o el tupper– tras un baño en sus aguas bravas. Poca gente, mucha luz y el ruido incesante del oleaje son capaces de borrar el estrés acumulado durante un año de cualquiera. Garantizado.

La Graciosa, LanzaroteLos colores de la Playa del Ámbar hipnotizan al visitante.

Un mar de pequeñas conchas se mimetiza con la arena confundiéndose con piedras en el inicio de la senda que sale de la playa para atravesar la parte de La Graciosa que deja atrás Punta del Hueso y Punta de la Sonda para descender a la urbanización de Pedro Barba. Su zona de baño –pequeñita pero tranquila, somera y de aguas limpias de azul turquesa– es perfecta para otro chapuzón antes de emprender los cinco kilómetros finales de excursión.

La Graciosa, LanzaroteLas casas de Pedro Barba son todas blancas, como marca buena parte de la arquitectura lanzaroteña.

El desnivel del trayecto final requiere paciencia y alguna parada si fuera necesario para apaciguar el resuello mientras se alcanza de nuevo la costa. Una vez en Caleta del Sebo, algún chiringuito en la playa del puerto garantiza el premio del esfuerzo tras un baño y una bebida refrescante con la que ordenar y grabar en la memoria la visión de los paisajes de La Graciosa e impedir así que se borren con el paso del tiempo. 

La Graciosa, LanzaroteDesde el norte de Lanzarote se puede ver la isla de La Graciosa a tiro de piedra.

Fecha de actualización: 8 de enero de 2018

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