Zamora, entre el Duero y la historia

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En las orillas del Duero, y más allá de slogans turísticos, Zamora es una ciudad moderna (no en vano la primera ciudad con wi-fi en el mundo) que vive profundamente unida a su pasado. Su condición de encrucijada entre la Ruta de la Plata y el Camino Portugués, así como su famosa Semana Santa, certifican su importancia.

 

Primera mañana  

09.30 Crisol de estilos arquitectónicos 

Iniciamos nuestro recorrido en la Plaza Mayor, el mejor escaparate de la ciudad. Sus terrazas son el punto de encuentro perfecto para comenzar la jornada. La escultura dedicada a Merlú nos servirá de referente, pues es un personaje tradicional en Zamora: un encapuchado que se encarga de tocar la trompeta que da inicio a la procesión. Zamora es una de las ciudades españolas que más y mejor vive la Semana Santa. 

En la Plaza Mayor nos encontramos con el Ayuntamiento viejo (renacentista, pero con influencias góticas, ahora reconvertido en la sede de la Policía Local) y el Ayuntamiento actual (en un edificio neoclásico utilizado para acoger, bajo sus arcos la venta de pan). 

La relevancia de la plaza se remonta al siglo XII, con la construcción de la Iglesia de San Juan Bautista. La iglesia también se conoce como San Juan de la Puerta Nueva, pues se encuentra junto a una de las vías de acceso de la primera muralla de la ciudad. No podemos perdernos el rosetón de la fachada sur y, si levantamos la vista, veremos que sobre su torre aparece una armadura que hace de veleta. Se trata de una réplica instalada en 1987 del célebre Peromato, que coronó la iglesia desde 1642 hasta 1898. 

A unos 150 metros de la basílica, en la esquina de Ramón Álvarez y Nicasio Gallego, nos topamos con la casa de Juan Gato. Erigida en 1912, es una de las 19 construcciones por las que Zamora forma parte de la Ruta Europea del Modernismo. Dejamos atrás la Plaza Mayor y enfilamos la calle Renova. 

11.00 El eje modernista 

A escasos 300 metros nos encontramos con la plaza de Sagasta, un peculiar y hermoso rincón peatonal. Aquí, las casas modernistas de Gregorio Prada y Norberto Macho conviven con otro de los edificios más populares de la ciudad: la casa de Fidel Luelmo.  Este edificio es más conocido como La casa de las cariátides, debido a sus características cuatro doncellas de piedra que apuntalan las ventanas de la fachada. 

Seguimos por la calle San Torcuato y dejamos atrás, en la plaza de Zorrilla, la escultura La maternidad (del gran artista local Baltasar Lobo) y el Palacio de los Momos (del siglo XVI). Así llegaremos a la Iglesia de Santiago del Burgo (siglos XII-XIII), otra de las joyas arquitectónicas que hace de Zamora la ciudad del románico.

13.00 Repaso a los productos de la tierra y aperitivo 

Pasamos las plazas de Fernández Duro y de Castilla y León y giramos a la derecha por Cortinas de San Miguel. La primera calle a la derecha nos conduce a la plaza del Mercado. En la plaza de Abastos podremos comenzar a experimentar con nuestros sentidos probando los productos típicos de la gastronomía zamorana. Destacan los garbanzos de Fuentesaúco, los pimientos rojos de Benavente, los espárragos de la Guareña y Toro, los habones, la miel de Sanabria y los quesos de oveja típicos con Denominación de Origen. Para completar la cata, no nos podemos perder la dulcería con el rebojo, las cañas o los dulces monacales, que irán abriendo nuestro apetito antes de saciarlo con un merecido aperitivo en uno de los bares de la misma plaza de Abastos. 

14.00 Un sorprendente arroz a la zamorana 

Bordeando el mercado, en la pequeña plaza de la Marina Española, el restaurante Sancho 2 ofrece una variada carta. Recomendamos el rodaballo con vinagreta de tomate, trufas y crujiente de puerros; o el tradicional arroz a la zamorana –una clásica receta castellana con el cerdo como protagonista– acompañado de un buen vino con Denominación de Origen Toro. Si nos encontramos allí en Semana Santa, es muy aconsejable probar alguno de los platos típicos de esas fechas como el potaje o la sopa de ajo, en viernes santo; o el dos y pingada, el domingo de resurrección. De postre, torrijas o almendras garrapiñadas.

 

Primera tarde  

16.00 Viaje por las costumbres más tradicionales 

Desandamos el camino hacia la plaza Mayor y, en la calle Sagasta, giramos a la derecha por Quebrantahuesos hacia la Plazuela del Fresco. Pocos metros más adelante se alza la fachada del Teatro Principal, construido en 1874 y al que cariñosamente los lugareños denominan La bombonera debido a su tamaño. Después de consultar la cartelera de espectáculos, regresamos hasta la plazuela, donde la calle de Mariano Benlliure nos conducirá de nuevo hasta la Plaza Mayor. 

Subimos por la calle del Sacramento. Frente al antiguo Hospital de la Encarnación, actual sede de la Diputación Provincial, nos encontramos con el Museo Etnográfico de Castilla y León. Visitarlo es muy interesante, pues posee una magnífica colección de objetos que permite conocer cómo era la vida cotidiana en Zamora hace algunos años. 

18.00 Visita a otra joya del románico 

A la salida, subimos por la citada calle Barandales en un paseo de 150 metros que desemboca en la plaza de Santa María la Nueva. Aquí se encuentra la iglesia románica del mismo nombre, del siglo XI. 

18.30 Semana Santa todo el año 

Contiguo a la Plaza de Santa María la Nueva, está el Museo de la Semana Santa. El museo nació de la inquietud de las cofradías por tener un lugar digno donde guardar sus objetos de culto. La Semana Santa zamorana, declarada de Interés Turístico Internacional, es uno de los acontecimientos más emocionantes e impresionantes de España. La ciudad se transforma por completo y quintuplica su población. Del Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección, 17 cofradías desfilan por sus calles. Entre los momentos que no podemos perdernos si queremos conocer la esencia de Zamora, destacan: el Juramento del Silencio, la austeridad de la procesión de las Capas Pardas y el canto del Miserere en la procesión del Yacente. 

20.00 Un paseo por la muralla 

Al salir del museo, tomamos la calle Orejones hasta la plaza de la Leña. Tras contemplar la  Puerta de Doña Urraca y su palacio, bordeamos la muralla por la Ronda de Santa María la Nueva. Después regresaremos por el Museo de la Semana Santa hasta la plaza de Viriato y, a continuación, giraremos a la izquierda en dirección a la plaza de San Miguel. 

21.00 Capricho zamorano 

Este es el momento de entrar en Los Caprichos de Meneses (galardonado con 1 Sol Repsol). Se trata de una forma diferente de entender la gastronomía y las tapas. Tanto en la barra como en el comedor podemos disfrutar de menús actuales de calidad y cuidada presentación –pero sin perder de vista la cocina tradicional– así como de una bodega con más de 600 referencias. 

23.00 Una velada de jazz como colofón 

Tras la cena podemos dar un paseo por la calle de San Andrés. Justo antes de llegar al mercado, en la plaza del Seminario, nos espera La Cueva del Jazz. Qué mejor manera de poner punto y final a nuestra primera jornada en Zamora que con una agradable sesión musical.

Segunda mañana  

10.00 El legado de un pastor guerrillero 

Comenzaremos la jornada en la  plaza de Viriato (pastor lusitano que se convirtió en leyenda gracias a sus acciones de resistencia contra los romanos). Justo frente a su estatua está el Palacio de los Condes de Alba y Aliste, edificio renacentista del siglo XVI que alojó a los Reyes Católicos y que actualmente es Parador Nacional. 

Siguiendo la fachada del parador, nos encontramos con otra pequeña plaza, la de Claudio Moyano. En ella se ubican el Archivo Histórico Provincial, antiguo convento de la Concepción del siglo XVII; y la  Iglesia de la Concepción. 

11.00 La Zamora jacobea 

Proseguimos nuestro recorrido en dirección al Duero. A mano derecha está la Iglesia de San Cipriano del siglo XI y XII, otra joya del románico que conserva aún una de sus tres naves originales. El interior merece una visita pausada, para contemplar la capilla mayor y los murales prerrománicos. 

Continuamos por la Cuesta de San Cipriano, ya bajando a la ribera. Pasamos por el Mirador de San Cipriano, situado sobre las peñas de Santa Marta. Es un excelente mirador, cercano al Albergue de los Peregrinos que se ubica en la misma cuesta. Allí descansaban quienes optaban por la Ruta de la Plata como vía de acceso a Compostela, y todavía lo hacen porque sigue abierto, gracias al tesón de los hospitaleros voluntarios. 

11.30 Un paseo por la ribera 

Giramos hacia la derecha por la plaza de Santa Lucía hasta avistar el Duero y el Puente de Piedra, originario del siglo XII y uno de los cinco que atraviesa el río. Aquí podemos optar por un agradable paseo por la ribera hasta detenernos en las Aceñas de Olivares donde está el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua. Estos molinos del siglo X, con forma de barco, reflejan la potencia industrial de la ciudad durante la Edad Media ligada, inevitablemente, al Duero. 

Seguiremos por otra de las perlas arquitectónicas de la ciudad, la Iglesia de San Claudio de Olivares, situada en la cercana plaza de San Claudio, del siglo XII. Hoy por hoy solo se pueden apreciar su serena y rotunda nave rectangular y su pórtico, porque está cerrada al público. 

12.30 Regreso a la ciudad intramuros 

Retrocedemos hasta tomar la primera calle a nuestra izquierda, que nos conducirá a la muralla. Tras pasar por debajo de la Puerta del Obispo, dejaremos a mano derecha el Palacio de Arias Gonzalo o Casa del Cid (una de las escasas obras de arquitectura románica civil). Frente a la que se dice que fue la residencia del joven Rodrigo Díaz de Vivar, antes de ser armado caballero, nos deslumbra la Catedral de San Salvador. Se construyó en apenas 23 años, entre 1151 y 1174, y ocupa la parte más alta del recinto amurallado. Es una de las obras cumbre del románico en España y en ella destacan exteriormente la cúpula del cimborrio y la majestuosa torre-campanario de planta cuadrada, de 50 metros de altura. 

14.30 Al calor de los fogones de Antonio 

Empezamos a sentir el estómago vacío, por lo que tomamos las rúas de los Notarios y los Francos. Nuestra meta es El Rincón de Antonio (recomendado por la Guía Repsol) de aire tradicional pero totalmente renovado, que ofrece una carta en la que sobresalen la sopa de queso de cabra de los Arribes del Duero, el bacalao confitado y  postres como el tocinillo de ciruelas y el carro de quesos de Zamora.

 

Segunda tarde  

16.30 El icono que recuperó un castillo a golpe de cincel 

Después de restituir fuerzas, pensamos en cómo afrontar nuestra última tarde en Zamora. Tras regresar a la plaza de la Catedral, dando un tranquilo paseo de 800 metros, seguimos hasta el castillo que ha sido recuperado recientemente para la ciudadanía. Las labores de restauración han permitido que se pueda acceder a toda la estructura, incluso a las almenas, constituyendo así un imponente mirador sobre la ciudad, que resulta perfecto para los aficionados a las fotografías de las puestas de sol. 

Un importante testimonio histórico que se completa con un guiño al arte a través de la obra del escultor zamorano Baltasar Lobo. El conjunto compuesto por el Castillo Centro de Arte y el Museo Baltasar Lobo, en la  Casa de los Gigantes, supone una de las apuestas turísticas más importantes de Zamora

19.00 De tapas y vinos por Los Lobos 

Aún nos queda dar buena cuenta de las célebres tapas de la conocidísima zona de  Los Lobos. Para ello, tendremos que regresar al eje Plaza Mayor-Sagasta y seguir por San Torcuato. Al final de la calle, seguramente habrá gente esperando para entrar en el célebre bar El Lobo, conocido como El rey de los pinchitos. Hay quien dice que si no has probado sus pinchos morunos es que realmente no has estado en Zamora. Otras delicias nos esperan: las tapas de casquería, de El Abuelo; los pinchos, del Sevilla; o los callos, del Tupinamba. 

21.00 Creatividad al plato y fin de fiesta 

También podemos dar buena cuenta de las exquisiteces que nos ofrece La Oronja (recomendado por la Guía Repsol) en la cercana plaza del Maestro Haedo. Su carta de platos, creativa pero sin dejar de lado las cualidades de la materia prima, lo convierte en otro de los establecimientos a tener en cuenta. Después, nada mejor que acercarnos a la calle por excelencia de la animación nocturna zamorana: la de los Herreros, junto a la Plaza Mayor. Seguro que aquí encontramos el local adecuado para pensar en cuándo regresaremos a Zamora para seguir conociendo sus secretos.

Seas como seas, tenemos un plan para ti

Para los sofisticados 

En Peleagonzalo, a 23 km de Zamora, los visitantes más exigentes pueden disfrutar del Hotel Bodegas Valbusenda. El único complejo cinco estrellas de la provincia que aúna la cultura del wellness y de la enología. Entre sus paquetes destacan las Experiencias volando, donde los clientes pueden contratar un vuelo en helicóptero sobre los viñedos de la Denominación de Origen de Toro y Zamora

Para relajarse

Dentro de la variada oferta de templos y monasterios de la ciudad, la Casa de Espiritualidad Santa María de los Apóstoles cuenta con espacios abiertos para el retiro y la reflexión, que también pueden servir como base para conocer la ciudad. El recinto está gestionado por las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. 

Para amigos

El novedoso  Circuito de Cerezal se presenta como una alternativa más que válida para una jornada de ocio. Cuenta con circuitos de velocidad, karting y pista de tierra para la conducción deslizante. 

Para familias

La Sierra de la Culebra, a unos 80 km de la capital, brinda la posibilidad de disfrutar de una jornada en plena naturaleza y, si tenemos suerte, avistar algún ciervo o algún lobo ibérico. 

Para los más aventureros

El Lago de Sanabria,  con su amplia variedad de actividades, se perfila muy apropiado para los más inquietos. Allí podremos alquilar cabañas de madera, practicar senderismo, bicicleta de montaña, pesca, escalada, ala delta, parapente, windsurf, piragüismo o vela ligera.

Agradecimientos: © Oficina de Turismo de Zamora; y © Vueling


Ya puedes descargarte nuestra mini guía de Castilla y León


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