Guía Repsol

Zamora

Zamora: del Romancero al futuro

El récord mundial de iglesias románicas en una ciudad lo tiene Zamora, con 23. Más curioso, por inesperado, es su gran catálogo modernista, con 19 edificios de este estilo. Y más sorprendentes, todavía, son las relucientes calles peatonales que esconde dentro de sus viejas murallas (“Zamora, la bien cercada”, se le llamaba en el Romancero hace mil años). Sin olvidar los museos de nueva arquitectura, que son las armaduras de aluminio y cristal que esta ciudad medieval necesita para seguir dando guerra en el futuro. Que queremos tradición: Semana Santa y bacalao a la tranca. Que queremos modernidad: restaurantes de cocina creativa y paseos por dentro y por fuera del remozado castillo. Y acompañándonos, las tiernas esculturas femeninas de Baltasar Lobo.

Primera mañana

Un paseo modernista

09.30 Plaza Mayor: el escaparate de la ciudad

Palacio de los Momos

Palacio de los Momos

El palacio de los Momos es uno de los monumentos más bellos del gótico civil español, del que sólo se conserva la fachada. Debe su nombre a que aquí se realizaron las primeras representaciones teatrales en lengua castellana. La fachada, que se halla en un magnífico estado de conservación, es de dos cuerpos. Las ventanas del piso superior están formadas por dos arcos gemelos de medio punto decorados con hojarasca gótica.

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“No se ganó Zamora en una hora”, advierte el viejo refrán castellano. Pocas cosas se pueden hacer en una hora, es verdad, pero si no tuviéramos más que ese tiempo para conocer Zamora, podríamos sentarnos a desayunar tranquilamente en una terraza de la Plaza Mayor, porque éste es el mejor escaparate de la ciudad, donde podemos ver, sin movernos, una selección de las joyas de diversas épocas y estilos que hay en ella. En medio de la plaza está la iglesia de San Juan Bautista, románica. A un lado, el antiguo Ayuntamiento, renacentista. Enfrente, el nuevo, neoclásico. Y a la izquierda de éste, la casa de Juan Gato, modernista. Además, junto al templo, se alza la escultura del Merlú, el dúo de encapirotados, con corneta y tambor destemplado, que recorre la ciudad la madrugada del Viernes Santo avisando a los 6.000 hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno de que va a comenzar la procesión. Y es que la Semana Santa de Zamora es algo muy serio y muy grande: moviliza a casi 40.000 cofrades y la población (66.000 personas normalmente) se multiplica por cinco.

11.00 Un insólito patrimonio modernista

A cien metros de la Plaza Mayor, saliendo de ella por la calle Renova, encontramos la plaza de Sagasta, un pequeño triángulo peatonal donde se levanta una de las casas más populares de la ciudad, la de Fidel Luelmo, más conocida por la decoración ecléctica de su fachada como la de las Cariátides. Con ella conviven las casas de Gregorio Prada (1908) y de Norberto Macho (1915), dos de los 19 edificios modernistas que hay en Zamora. La abundancia de construcciones de este estilo, introducido por el barcelonés Francisco Ferriol, hace de Zamora un caso llamativo, pues es una de las pocas urbes españolas no mediterráneas que forman parte de la Red Europea del Modernismo. El estilo que más abunda en Zamora, sin embargo, es el románico, del que hay otra joya más adelante, avanzando por la calle de Santa Clara: la iglesia de Santiago del Burgo. Pero antes de llegar a ella pasamos por la plaza de Zorrilla, que embellece el palacio de los Momos, del siglo XVI, y la escultura La maternidad, obra del artista zamorano Baltasar Lobo (1910-1993).

La abundancia de construcciones de estilo modernista, introducido por Francisco Ferriol, hace de Zamora una de las pocas urbes españolas no mediterráneas dentro de la Red Europea del Modernismo

13.00 Para abrir el apetito

Atravesando la plaza de la Constitución, que está al lado de la iglesia de Santiago del Burgo, se accede a la plaza del Mercado. En la plaza de abastos se nos abrirá el apetito viendo y oliendo el queso zamorano, los espárragos de La Guareña y de Toro, los pimientos rojos de Benavente, los garbanzos de Fuentesaúco, los habones, la miel de Sanabria, las dulces cañas, el rebojo y mil otras delicias de la repostería local. Apetito que podemos mitigar tomando el aperitivo en uno de los bares de la misma plaza.

Primera tarde

Entre pasos y vinos

14.00 Ternera de Aliste y vino de Toro 

Valoraciones de la A.A. Real Academia de Gastronomía
Los Caprichos de Meneses 2 (2010)

Los Caprichos de Meneses

Edificio del siglo XIX donde la familia Meneses se ocupan de cocina, barra con treinta caprichos (tapas y cocina en miniatura), sala y bodega con sala de catas. Especialistas en foie-gras y bacalao. Torrijas ibéricas, leche frita de oveja al romero. Menú 25 €. Precio medio 35 €.

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Salón

NH Palacio del Duero

Situado en el antiguo convento de S. Juan de Jerusalén (ss. XIV-XV). Céntrico. Restaurante La Vinícola, buena cocina.

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Exterior

Parador de Zamora

Palacio del s. XV, situado en el centro histórico.

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A cinco minutos de la plaza del Mercado, en medio del parque de la Marina, se en-cuentra el restaurante Sancho 2-La Marina, uno de los mejores lugares de la ciudad para comer una chuleta de ternera de aliste acompañada de vino de Toro. A este parque mira también el gastrobar Benito & Co, donde podemos comer a base de tapas imaginativas. Y, si volvemos hacia la Plaza Mayor, en el número 2 de la calle Santa Clara, tenemos La Oronja, restaurante de cocina creativa situado en la segunda planta del antiguo casino Círculo de Zamora, preciosa obra modernista del arquitecto Miguel Mathet y Coloma, de 1905.

16.00 Tradición envuelta en arenisca y aluminio

La digestión la podemos hacer tomando un café en el mismo casino. O consultando la cartelera del Teatro Principal, que ocupa un edificio de 1874 al que los lugareños llaman cariñosamente La bombonera. O viendo los escaparates de tiendas de regalos y productos típicos, como El Rincón de Zamora o Aperos y Viandas. Todo esto, más que nada, para hacer tiempo hasta que a las cinco de la tarde abra el Museo Etnográfico de Castilla y León. Su contenido (cántaros, aguijadas, vasares, relicarios, amuletos, máquinas de embutir, futbolines…) contrasta con el muy moderno edificio, obra de Roberto Valle, que ha envuelto en arenisca y aluminio un hospicio de los Austrias que fue luego fábrica de tejidos.

18.00 Una Semana Santa de museo

Al salir del museo, subimos por la calle Barandales a la plaza de Santa María la Nueva, donde se levanta la iglesia románica del mismo nombre, del siglo XI. Al lado está el Museo de Semana Santa, donde se guardan 37 pasos. La Semana Santa zamorana, declarada de Interés Turístico Internacional, es una de las más impresionantes de España, por su tono tradicional, austero y dramático. Del Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección, 17 cofradías desfilan por las calles. Momentos clave son el Juramento del Silencio, la procesión de las Capas Pardas y el canto del Miserere en la procesión del Yacente.

20.00 Paseo por la muralla antes de cenar

Por la calle Orejones, que arranca en la misma puerta del museo, nos acercamos a la plaza de la Leña y, tras contemplar la puerta de Doña Urraca y su palacio, bordeamos la muralla por la ronda de Santa María la Nueva. Después volvemos por el Museo de Semana Santa y por el Etnográfico, para dirigirnos por la calle del Sacramento hacia la plaza de San Miguel, al lado de la Plaza Mayor, que es donde abre su puerta el restaurante Los Caprichos de Meneses. Tiene barra para picotear buena cecina, bacalao (la especialidad de la casa) o foie; comedor para degustar platos modernos con base tradicional, terraza con vistas a la iglesia románica de San Juan Bautista y bodega con más de 600 vinos distintos.

23.00 Copas y dulces sueños

El copeo nocturno se concentra en dos zonas. Una es alrededor de la Plaza Mayor, donde se encuentran locales como Ópera Café o Gran Café Jalisco, El Buen Amor o Rúa X. Y la otra zona es la que llaman de los Lobos (calles Alfonso de Castro y aledañas), aunque ésta es más conocida por sus tapas que por sus copas, como veremos mañana. Otro clásico de la noche zamorana, que lleva ya tres décadas animándola, es La Cueva del Jazz.

Después de las copas (o en lugar de), nos esperan varios buenos hoteles. El NH Palacio del Duero y el AC Zamora ofrecen un ambiente moderno y refinado. Para gustos más tradicionales, están el Parador de Zamora, en el palacio renacentista de los Condes de Alba y Aliste, y el Horus Zamora, que ocupa la mansión de los Bobo, de 1916, que antes fue Banco de España.

Segunda mañana

A orillas del río

10.00 El terror de los romanos 

Río Duero
Río Duero. / Imagen cedida por: Oficina de Turismo de Zamora

Si hemos dormido en el Parador no tendremos que madrugar mucho hoy, porque va-mos a empezar nuestro recorrido en la misma plaza de Viriato, donde se alza este pa-lacio del siglo XV. En la plaza hay una escultura de bronce, obra de Eduardo Barrón, que representa a Viriato, el pastor que durante ocho años (de 147 a 140 antes de Cristo) trajo de cabeza a los dueños del mundo. El terror de los romanos era, según el lado del Duero en que se pregunte, zamorano de pura cepa o más portugués que el fado. Para los lusos no hay ninguna duda de que nació en la sierra de la Estrella. Para los zamoranos, es obvio que lo hizo en la comarca de Sayago, en Torrefrades para más señas. También se halla en la plaza la Oficina de Turismo de la Diputación.

10.30 En busca del Duero

Rodeando el Parador por la derecha, encontramos una plaza más pequeña, la de Claudio Moyano. En ella se ubican el Archivo Histórico Provincial, antiguo convento de la Concepción del siglo XVII, y la iglesia de la Concepción. Proseguimos nuestro recorrido bajando por la cuesta de San Cipriano, en busca del Duero. Por el camino des-cubrimos, una al lado del otro, la iglesia de San Cipriano y el Museo de Zamora. El museo es un cubo de líneas diáfanas dibujado por Tuñón y Mansilla, donde se muestran mosaicos romanos y el tesoro celtíbero de Arrabalde. Y la iglesia, otro de los muchos templos románicos que hay en Zamora y que hoy sirve para almacenar lo que no cabe en el museo.

11.30 El Mirador Zen y los molinos

Cien metros más, bajando por la calle del Puente, y estamos en la orilla del Duero. En 1167 aparecía por primera vez citado, como pontem novum, el puente de Piedra, que consta de 16 arcos apuntados y es tan estrecho que, hasta hace poco, los coches tenían que turnarse para pasar. Desde enero de 2013, que se peatonalizó, disfruta de una merecida jubilación. Muy cerca del puente, aguas abajo, en la cuesta del Pizarro, está el Centro de Interpretación de las Ciudades Medievales, alojado en un edificio de cristal de Rafael Berchez que aprovecha una brecha en la muralla. Además de la parte expositiva, en que se explica la génesis de Zamora, hay un mirador Zen para contemplar el río relajadamente.

De vuelta en la orilla, y ya sin apartarnos de ella, bordeamos las peñas de la ciudad amurallada a lo largo de casi un kilómetro, hasta descubrir, al lado de la iglesia románica de San Claudio, las aceñas de Olivares, tres molinos del siglo X que han sido remozados para albergar el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua.

13.00 Regreso a la ciudad amurallada

Casa del Cid

Casa del Cid

La Casa del Cid (denominada también casa de Arias Gonzalo) es un edificio civil de estilo románico. Desde 1931 ha sido protegida al haber sido declarada monumento histórico- artístico. Está situada en el lienzo meridional de la puerta de Olivares, también conocida como del Obispo u Óptima. El inmueble presenta una fachada sobre la muralla con dos ventanales que tienen forma de arco de herradura. Se cree que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, habitó en esta casa, además del gobernador Arias Gonzalo.

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Valoraciones de la A.A. Real Academia de Gastronomía
El Rincón de Antonio 1 (2010)

El Rincón de Antonio

Gran carta de quesos, de aceites de oliva virgen y de vinos. Antonio González es un gran jefe de cocina y repostero. Garbanzos de Fuentesaúco al ajoarriero con boletus de Sanabria, chocolate con frutas. Sólo falla a veces la atención al cliente. Menú 33 €. Precio medio 42 €.

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A la altura de las aceñas se encuentra el mejor acceso, el más impactante, al recinto amurallado de Zamora: la puerta del Obispo, también llamada Óptima. A mano derecha, nada más entrar, se descubre la casa medieval del Cid, que dicen que fue la residencia del joven Rodrigo Díaz de Vivar, antes de ser armado caballero. A la otra mano, el palacio Episcopal. Y enfrente de este, la portada del Obispo (cien por cien románica, la única que no ha sufrido alteraciones) de la catedral. La catedral de la Transfiguración del Salvador (tal es su nombre, que no usa nadie) se levantó en sólo 23 años (entre 1151 y 1174) y es una de las obras cumbre del románico en España. En ella destaca, más incluso que la majestuosa torre-campanario cuadrada de 50 metros, el cimborrio, que está recubierto de escamas. Hay quienes piensan que esta curiosa cúpula denota influencia bizantina; para otros, francesa y lombarda; y luego están los que consideran que es un invento puramente zamorano, como el bacalao a la tranca. A cien metros de la catedral, en la plaza de Arias Gonzalo, se encuentra la Oficina Municipal de Turismo.

14.30 Cocina de autor o arroz a la zamorana

Hemos dado un buen paseo y visitado un museo, dos centros de interpretación y otras tantas iglesias románicas. Lo normal es que tengamos ya un cosquilleo en el estómago. Si, para calmarlo, preferimos cocina de autor, nuestra elección será El Rincón de Antonio. Si buscamos algo típico (arroz a la zamorana, bacalao a la tranca, lechazo…), iremos a Serafín o a la no demasiado céntrica Casa Cipri. El restaurante del hotel NH y el del Parador serán también dos elecciones acertadas.

Segunda tarde

Formas generosas

16.30 Un castillo lleno de lobos

Volvemos a la plaza de la Catedral. Allí, además de la entrada para visitantes del templo, se abre la puerta plateresca que da paso al parque del Castillo y al castillo propiamente dicho, soberbiamente rehabilitados en 2009, donde se exponen, al aire libre y bajo techo, más de medio centenar de lobos. Nos referimos a los bronces y mármoles del escultor zamorano Baltasar Lobo, famoso por sus curvilíneos torsos femeninos y sus orondas mamás jugando con bebés. La antigua casa de los Gigantes, en una esquina del parque, es ahora el Centro de Arte Baltasar Lobo donde, además de esculturas, se muestran dibujos, fotografías de la vida del artista y útiles de trabajo. Las labores de restauración han hecho accesibles todas las zonas del castillo, incluso las almenas, que ahora son un estupendo mirador de la ciudad, sobre todo al atardecer.

Al lado del centro de arte, pero fuera del parque, está el portillo de la Traición, por donde Vellido Dolfos se metió en la ciudad, huyendo como un cobarde, después de apuñalar al confiado rey Sancho II. La historia completa es un poco larga para contarla aquí. Baste decir que corría el año 1072, que el rey asediaba la ciudad de su hermana Urraca y que, a pesar de la muerte a traición de aquel, Zamora, “la bien cercada”, resistió siete meses largos. No se ganó Zamora en una hora, no.

20.00 Tapeando en los Lobos

Todavía hay otros lobos más famosos en Zamora, y no son los ibéricos que habitan en la sierra de la Culebra, a 45 kilómetros al noroeste de la capital. Es la zona de los Lobos, donde todo el mundo va a tapear. Desde la Plaza Mayor, se llega en cinco minutos por las calles Renova y San Torcuato. Al final de ésta, raro sería que no viéramos gente esperando para entrar en el célebre bar El Lobo. Dicen que quien no ha comido sus pinchos morunos, no ha estado en Zamora. Hay que probar también las tapas de casquería de El Abuelo (Alfonso de Castro, 3), los callos del Tupinamba y los Tiberios (mejillones en salsa picantona), Perdices (sardinas rebozadas) y patatas bravas del Bambú (Flores de San Torcuato, 1).


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