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Carlos Zamora: cómo la responsabilidad social transformó su modelo de negocio

Carlos Zamora: cómo la responsabilidad social transformó su modelo de negocio

La hostelería puede cambiar vidas. Carlos Zamora, CEO del grupo Deluz y Compañía, lo sabe bien. Desde 2006, lidera un proyecto que demuestra que un restaurante puede ser mucho más que un lugar para comer: puede ser un espacio de inclusión, aprendizaje y desarrollo personal.

Esto se traduce en tratar en igualdad de condiciones a todos los que trabajan, sin importar su lugar de origen, edad o experiencia. Con un enfoque que combina inclusión, sostenibilidad y compromiso con las personas, su historia inspira a otros hosteleros a apostar por un modelo que combina la rentabilidad con el impacto social.

El origen de un restaurante con propósito

 

Todo comenzó en 2006, cuando Carlos decidió abrir su primer restaurante con una idea clara: crear un espacio donde cualquier persona, sin importar su origen, religión o género, pudiera encontrar una oportunidad laboral.

La inspiración vino de su hermana, quien trabajaba en proyectos para ayudar a migrantes a integrarse en España. “Había mucha gente que necesitaba un trabajo digno para empezar de nuevo. Queríamos ser parte de esa solución”, recuerda Carlos. Desde entonces, su negocio se ha convertido en un referente de la hostelería responsable.

 

Aprender a liderar equipos diversos

 

Carlos no duda en admitir que trabajar con equipos tan diversos ha sido un aprendizaje constante. Desde el principio, entendió que cada persona tiene su propio ritmo y forma de aprender. “No todos avanzamos igual de rápido, pero si escuchas y confías en las personas, los resultados llegan”, asegura.

Con el tiempo, su modelo de liderazgo ha evolucionado. “Antes tomábamos decisiones de arriba hacia abajo, pero ahora involucramos a todo el equipo. Cuando todos opinan y participan, se sienten parte del proyecto, y eso se nota en el día a día del restaurante”, explica.

Parte del Staff del restaurante durante un servicio

Para Carlos, la diversidad no es solo una cuestión de valores, sino también una ventaja para el negocio. “Cuando tienes un equipo con personas de diferentes edades, culturas y experiencias, la riqueza que aportan es enorme. Y los clientes lo notan”, dice.

En sus restaurantes, cada empleado aporta su toque personal al servicio, haciendo que la experiencia sea única y auténtica. “No se trata de seguir un guion, sino de que cada uno conecte con el cliente desde su propia personalidad”, añade.

 

Reinventarse en tiempos difíciles

 

La pandemia puso a prueba la creatividad y resiliencia de Carlos y su equipo. Con los restaurantes cerrados, decidieron buscar nuevas formas de seguir adelante. “Nos reunimos y votamos juntos cómo reinventarnos. De ahí nació nuestro modelo de catering socialmente responsable”, cuenta.

Este nuevo enfoque no solo generó empleo, sino que también conectó a pequeños productores con grandes empresas. “Montamos un sistema para que los ganaderos y agricultores no perdieran sus productos. Hoy, además de ofrecer comida de calidad, ayudamos a mantener viva la economía local”, explica.

Cocineros, camareros y demás trabajadores durante un servicio en el restaurante

Consejos para hosteleros que quieren marcar la diferencia

 

Carlos tiene claro que cualquier hostelero puede dar el paso hacia un modelo más responsable. “Lo primero es mirar a tu alrededor. Habla con tus proveedores, visita sus granjas, conoce su trabajo. Esa conexión te cambia la forma de ver las cosas y te ayuda a cocinar con más respeto”, recomienda.

También insiste en la importancia de cuidar al equipo. “Cuando acoges bien a las personas desde el primer día y les das herramientas para crecer, el impacto en el negocio es inmediato. La gente se siente valorada y eso se refleja en el servicio y en la cocina”, afirma.

 

Apostar por las personas y el cambio

 

Para Carlos, hay dos pilares que no pueden faltar en ningún restaurante: cocinar bien y acoger con calidez. “Cuando un cliente entra, no basta con servirle un buen plato. Hay que mirarle a los ojos, hacerle sentir que está en casa. Eso es lo que hace especial a la hostelería”, dice.

Su compromiso con los pequeños productores también es inquebrantable. Aunque reconoce que trabajar con ellos puede ser más caro o complicado, asegura que el resultado en el plato lo compensa con creces. “Cuando pruebas un producto local y de calidad, entiendes por qué merece la pena el esfuerzo”, concluye.

La experiencia de Carlos Zamora es un ejemplo claro de cómo un enfoque responsable y humano puede marcar la diferencia en la hostelería. Su modelo no solo genera impacto social, sino que también demuestra que apostar por las personas y los productos locales es una estrategia rentable y sostenible para cualquier negocio.

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