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Cáceres

Cáceres, Patrimonio (secreto) de la Humanidad

Es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, pero la humanidad que la conoce es poca, comparada con la que visita ciudades de similar historia y belleza, como Toledo o Compostela. Paseando por estas callejuelas comprimidas entre palacios renacentistas, llegamos a dudar que sea el siglo XXI, ya que la ciudad vieja se ha mantenido muy al margen de la nueva.


Primera mañana

Por el centro histórico

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 Un café contemplando la muralla 

La Plaza Mayor es un lugar estupendo para desayunar antes de entrar en la ciudad vieja, contemplando desde sus terrazas un buen trozo de la muralla que levantaron los romanos y reconstruyeron los almohades en el siglo XII. Ahí mismo tenemos la Oficina de Turismo, para hacernos con un mapa y unos horarios actualizados. Y ahí está la torre del Bujaco, emblema de Cáceres, que antaño defendía el flanco noroeste de la ciudad amurallada y hoy es sede del Centro de Interpretación de las Tres Culturas. Desde la torre hay una bonita vista y acceso al adarve de la muralla.

Al lado se abre el arco de la Estrella, por el que entramos en la urbe milenaria, un laberinto de calles empedradas y muchas cuestas. Ni cien metros hay que andar para llegar a la plaza de Santa María, centro del centro histórico, donde los romanos tenían su foro. Es un espacio de pura piedra y tiempo detenido, rodeado por edificios nobles de los siglos XV y XVI, como el Palacio Episcopal (con el escudo del obispo Galarza), el de Hernando de Ovando, el de Mayoralgo o la casa de los Moraga, sede del Centro Provincial de Artesanía

10.30 El santo de los pies afortunados

Preside la plaza la concatedral de Santa María, la iglesia principal de la ciudad, que fue construida entre los siglos XV y XVI sobre otra anterior. En el poyo de piedra de la portada se reunía antiguamente el concejo. Eran tiempos en que los concejales de una ciudad cabían en un banquito. Si nos fijamos, veremos que todo el que pasa le toca los pies a la escultura de bronce de San Pedro de Alcántara que hay en la esquina. Dicen que trae suerte. Además, merece la pena subir a la torre para ver la ciudad vieja como la ven las cigüeñas.

11.30 La casa árabe

Casi en la misma plaza, en el número 1 de la calle Amargura, se encuentra el palacio de Carvajal, que es la sede del Patronato de Turismo de la Diputación y alberga una exposición permanente sobre las comarcas extremeñas. Seguimos por Amargura hasta el Adarve del Cristo. Los adarves eran los caminos que permitían una fácil conexión entre las puertas y torres de la muralla. Al llegar al arco del Cristo (puerta de origen romano, que fue la entrada de la Judería Vieja), subimos a la derecha por la cuesta del Marqués, en cuyo número 4 nos aguarda la Casa-Museo Árabe, donde se reproduce el ambiente de un hogar durante la etapa musulmana de la ciudad.

13.00 ¿A qué huele la Semana Santa?

Llegamos a la plaza de San Jorge. Uno de sus laterales está ocupado por el vistoso palacio de los Golfines de Abajo, donde se alojaron alguna vez los Reyes Católicos. El edificio que domina la plaza, sin embargo, es la iglesia jesuita de San Francisco Javier, reconocible por sus dos torres cuadradas. En su cripta, llamada de la Preciosa Sangre, se halla el Centro de Divulgación de la Semana Santa Cacereña, donde podemos escuchar cómo suenan momentos destacados de las procesiones, saber a qué huele la fiesta, probarnos un capirote y sentirnos como hermanos de carga, participando en la experiencia de levantar un paso.

Después subimos por la cuesta del Mono, al final de la cual se encuentra el antiguo palacio de los Pizarro-Espadero o la casa del Mono. Debe su sobrenombre a la figura de un mono encadenado que hay esculpida en la escalera principal. La leyenda dice que aquí vivió un mono de verdad, un simio celoso que tiró por la ventana al primogénito de la casa, porque sólo quería mimos para él.

Semana Santa
Semana Santa. / Imagen cedida por: Ayuntamiento de Cáceres

Primera tarde

Agua con mucha historia

14.00 Comer en una torre 

Si doblamos a la izquierda por la cuesta de Aldana y seguimos hasta la calle de los Condes, daremos con un buen lugar para comer, el restaurante Torre de Sande, que ocupa la planta baja de una torre del siglo XV, perfectamente conservada. En el jardín, si el tiempo lo permite, es donde mejor se está y se saborea su cocina moderna. Dispone también de tapería.

16.00 De postre, dulces conventuales

Después de comer, continuamos nuestro paseo por la calle Olmos, apreciando la imponente arquitectura del palacio de los Golfines de Arriba. Pasamos junto a la antigua enfermería franciscana de San Antonio, que actualmente es el convento de las Jerónimas. En él podemos comprar la repostería elaborada por las monjas de clausura: Perrunillas, Alfajores, Tocino de Cielo, trufas, Milanesas, Nevaditos… Pero si somos realmente golosos, reservaremos parte de nuestro apetito y nuestro presupuesto para cuando pasemos, más tarde, por la plaza de San Mateo, donde hay que probar y llevarse las deliciosas yemas de San Pablo, que hacen en el convento homónimo.

17.00 De los palacios, a las casitas de la Judería 

Salimos del recinto amurallado por la plaza de Santa Clara y giramos a la izquierda hasta la torre Mochada, una atalaya avanzada del siglo XII que reforzaba las defensas de la ciudad por este flanco sur. A sus pies, se encuentra el pequeño Olivar de la Judería. De regreso por la plaza de los Pereros, entramos en la Judería Vieja, en el barrio de San Antonio de la Quebrada, así llamado por sus continuos desniveles, que las pequeñas casas salvan como pueden. Ya no vemos palacios, sino casitas blanqueadas. A través del rincón de la Monja, llegamos a la ermita de San Antonio, hija sencilla de la devoción y la arquitectura populares, construida en 1470 sobre la antigua sinagoga.

18.00 El aljibe milenario

Subimos a la plaza de las Veletas para visitar el Museo de Cáceres, que ocupa dos edificios históricos levantados sobre el solar de la alcazaba árabe: el palacio de las Veletas (que alberga las colecciones de arqueología y etnografía), del siglo XVII, y la casa de Caballos (bellas artes), que fue una caballeriza. Destacan la estatua romana del Genio Andrógino y, sobre todo, el aljibe hispano-árabe, de los siglos XI y XII, que es uno de los más grandes de su época y de los mejor conservados. Este resto impactante sigue almacenando, mil años después, el agua que llueve en el patio renacentista que hay encima. El agua, las columnas y los arcos de herradura, iluminados por la luz dorada que se vierte desde el cénit, componen la foto más bella de Cáceres.

El aljibe hispano-árabe, de los siglos XI y XII, sigue almacenando, mil años después, el agua que llueve en el patio renacentista que hay encima

19.00 Una torre más alta que las demás

Seguimos paseando por la zona alta del centro histórico. La continuación natural de las Veletas es la plaza de San Mateo, de lo más bello de Cáceres. Una de sus esquinas está ocupada por la iglesia de San Mateo, del siglo XVI. Probablemente aquí se levantaba la mezquita cuando ésta era la plaza de armas musulmana. Los fines de semana se puede subir a la torre del vecino palacio del capitán Diego de Ovando. La torre de las Cigüeñas, como se la conoce, es mucho más alta que la de ningún otro palacio cacereño (25 metros) porque la reina Isabel se lo permitió a su dueño, que era buen vasallo.

21.00 Cocina y arquitectura de premio

No nos vayamos muy lejos de la plaza de San Mateo, porque si queremos cenar y dormir en el mejor lugar de Cáceres, tenemos que volver a ella. Aquí, en un hotel diseñado por Tuñón y Mansilla, que mereció el Premio FAD de Arquitectura en 2011, se aloja el restaurante Atrio; , uno de los mejores de España, donde los comensales quedan deslumbrados con sus creaciones de alta vanguardia gastronómica. Su bodega impresiona y la calidad de su cocina ha sido reconocida internacionalmente.

Después de cenar, iremos a La Habana o al pub María Mandiles. En ambos hay buenas copas y exposiciones de pintores y fotógrafos locales. Si queremos más de lo primero, la zona es La Madrila, siempre a tope de universitarios.

Segunda mañana

El último grito artístico

10.00 Museo de Escultura al Aire Libre 

Parque del Príncipe
Parque del Príncipe. / Imagen cedida por: Ayuntamiento de Cáceres

Iniciamos la jornada en el parque del Príncipe, en una elevación que constituye uno de los límites naturales de la ciudad. Es un lugar perfecto para hacer deporte mañanero y también, desde 1997, un Museo de Esculturas al Aire Libre, con 27 obras de artistas contemporáneos.

11.00 La iglesia de los ganaderos

Caminando desde el parque cinco minutos, o poco más (por Rodríguez Ledesma, Viena y San Pedro de Alcántara), nos plantamos en la avenida de España, que es la principal arteria del ensanche, una zona de aire burgués y muchos comercios. Otros cinco o seis minutos de paseo, por la propia avenida y por calles San Antón y San Pedro, y llegamos a la plaza que preside la iglesia de San Juan. Del siglo XIII, hace unos años fue profundamente remozada para quitarle los añadidos arquitectónicos que la habían afeado. A su alrededor se celebraban las ferias de ganado. Hoy vienen los que quieren comerlo asado en la media docena de restaurantes que hay.

11.30 Lo mejor del arte contemporáneo

Muy cerca de la plaza de San Juan, en el número 8 de la calle Pizarro, abrió sus puertas en 2010 el Centro de Artes Visuales Helga de Alvear, que alberga la colección privada de arte contemporáneo más completa de España. En este palacete ecléctico acondicionado por Tuñón y Mansilla pueden verse obras de Dan Flavin, Louise Bourgeois, Smithson, Matta-Clark o Jeff Wall, entre otros artistas que casi no se encuentran en ninguna otra colección pública española. También el arte español reciente está representado: desde los consagrados Juan Muñoz o Pepe Espaliù, hasta pioneros como el grupo Zaj o Schlosser, o los que se están haciendo un nombre fuera, como Dora García o Alicia Framis.

12.30 La calle de las compras

Regresamos a la plaza de San Juan para dirigirnos, por Felipe Uribarri, a la calle Pintores. Esta vía peatonal de 300 metros ha mantenido su intensa actividad comercial, tras cambiar los talleres artesanales por tiendas de las principales marcas. Es la calle a la que los cacereños acuden de compras. Giramos luego a la izquierda por la calle Paneras. Junto a la calle de la Cruz, fue uno de los ejes de la Judería Nueva. La sinagoga estaba en el solar que después ocupó la ermita de la Cruz y luego el palacio de la Isla, un hermoso edificio del siglo XVI, de propiedad municipal donde se celebran exposiciones.

Calle Pintores
Calle Pintores. / Imagen cedida por: Ayuntamiento de Cáceres

13.00 Aparcamiento con historia

Por la calle Alzapiernas salimos a la plaza del Obispo Galarza. En la cuarta planta del aparcamiento se halla el Centro Turístico Cáceres Galarza, donde se muestra y explica con modernos recursos la huella de los sucesivos pobladores de la ciudad. La terraza ofrece unas excelentes vistas del conjunto monumental.

Segunda tarde

Apurando museos

14.30 Dos plazas para comer bien

En la plaza de San Juan, como ya vimos, no escasean los restaurantes. El mejor es El Figón de Eustaquio, que conserva el ambiente cálido de la casa de comidas familiar que era cuando se fundó en 1947 y el gusto por los productos extremeños. También podemos sentarnos en las terrazas de la Plaza Mayor. El Pato y Los Arcos son auténticas instituciones.

17.00 Tarde de museos

Hay dos museos más en Cáceres que vale la pena conocer. Uno es el Museo de Historia y Cultura Casa Pedrilla, que tiene una importante colección de arte contemporáneo y acoge también la sede de la Fundación Guayasamín, dedicada a la obra de este famoso pintor ecuatoriano y al arte precolombino y colonial. Y el otro, el Museo Municipal Ciudad de Cáceres, de etnografía, que ilustra una larga tradición de ferias y fiestas con planos, carteles, objetos y fotografías originales. Al salir de éste, podemos ver un pequeño espacio a la sombra de la muralla. Es el Foro de los Balbos, donde se reunía el concejo de la ciudad, después de que el banco de la puerta de la iglesia de Santa María se les quedara chico. A un lado hay una réplica de la estatua del Genio Andrógino. Adosada a la muralla, está la Pila de San Francisco, un abrevadero con los escudos de la ciudad y los Reyes Católicos.

21.00 Tapas y cocina extremeña

Para cenar, el restaurante Eustaquio Blanco nos ofrece dos ambientes: tapería informal o comedor con cocina de la tierra. En la misma calle, en el hotel Extremadura, se halla el Orellana, para degustar la cocina extremeña con un puntito moderno.

23.00 El renovado Parador

Si el hotel Atrio se sale de nuestro presupuesto, una gran alternativa es el Parador de Cáceres, que ocupa dos edificios medievales de la ciudad vieja (el palacio de los Marqueses de Torreorgaz y la casa de los Ovando-Mogollón-Perero-Paredes) y que sufrió una profunda renovación en 2011, que lo puso a la altura de los mejores de la cadena.


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Fecha de actualización: 8 de noviembre de 2016

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