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Alcalá de Henares es mucho más que una ciudad de letras y académicos. Su historia se remonta a la antigua Complutum romana y está entrelazada por distintas culturas que moldearon su legado y casco histórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1998. Entre fachadas monumentales, calles porticadas y comercios centenarios, recorremos a pie algunos de los lugares imprescindibles de Alcalá, desde la universidad ideada por Cisneros hasta los rincones que mantienen viva la memoria de Cervantes.
Empezamos a lo grande, sentando cátedra, en la plaza de San Diego. En este espacio arbolado se alza la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso, uno de los grandes símbolos de Alcalá. Su construcción comenzó en 1537 bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón y quedó rematada en 1553. La decoración plateresca invita a detenerse en los detalles antes de cruzar la puerta: figuras, relieves y motivos vegetales convierten la piedra en una portada que concentra buena parte de la ambición artística de su tiempo.
La Universidad de Alcalá no fue una institución al uso. Su origen está en el proyecto humanista del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que impulsó su fundación en 1499 con la idea de renovar la enseñanza y convertir la ciudad en una referencia cultural. El conjunto se organiza alrededor de patios que dibujan una pequeña ciudad académica, con espacios para el estudio, la representación y la vida cotidiana. Entre ellos destacan el de Santo Tomás de Villanueva, el de los Filósofos y el Trilingüe.
La visita permite conocer también el Paraninfo, antigua aula de ceremonias académicas y escenario de la entrega del Premio Cervantes cada 23 de abril, y la Capilla de San Ildefonso, donde se encuentra el sepulcro de Cisneros. Recorrer estos espacios ayuda a comprender la dimensión de su proyecto: la Universidad no se limitó a instalar aulas en una población ya existente, sino que contribuyó a transformar el urbanismo de Alcalá y a articular buena parte de su identidad en torno al conocimiento. La entrada al Colegio Mayor de San Ildefonso se realiza mediante visita guiada, con reserva previa.
Muy cerca encontramos la plaza de Cervantes, corazón de la ciudad y principal homenaje a su escritor más universal. En el centro, la estatua del autor de El Quijote preside el espacio desde 1879, cuando se inauguró la obra del escultor italiano Carlo Nicoli Manfredi. A su alrededor, se suceden terrazas como la del Círculo de Contribuyentes, entre edificios históricos como el antiguo convento de Agonizantes, que acoge hoy el Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Nos fijamos también en el quiosco de la música, levantado a finales del siglo XIX, antes de detenernos junto a la torre de la antigua iglesia de Santa María la Mayor. Bajo ella, un grupo escucha las explicaciones de su guía sobre el templo, del que hoy solo se conserva la torre y donde, según la tradición, fue bautizado Miguel de Cervantes.
En uno de los laterales de la plaza se encuentra el Corral de Comedias, una parada imprescindible para comprender la relación de Alcalá con la historia del teatro. Si queremos conocer su interior, conviene consultar previamente los horarios y las visitas guiadas disponibles.
Seguimos el rastro de Cervantes por la Calle Mayor, una de las principales arterias de Alcalá y una de sus estampas más reconocibles. Bajo sus soportales conviven comercios tradicionales y marcas internacionales, entre el ir y venir de vecinos y visitantes. También encontramos referencias al escritor que forman parte del paisaje urbano: cuadros inspirados en El Quijote y el popular banco en el que Don Quijote y Sancho Panza parecen tomarse un descanso, junto a quienes se acercan para fotografiarse con ellos.
En el número 48 encontramos el Museo Casa Natal de Cervantes, instalado en el lugar que la tradición identifica como la vivienda donde nació el escritor. Reconocido como tal por el investigador Luis Astrana Marín en 1948, el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento en 1954 y abrió como museo dos años después. Su interior recrea una casa de los siglos XVI y XVII, organizada en torno a un patio de columnas, con estancias que permiten imaginar la vida doméstica de la época y acercarnos al universo familiar del autor de El Quijote.
La Calle Mayor fue también el eje de la antigua judería, que se extendía entre las calles de Santiago y Escritorios. Junto a los barrios cristiano y musulmán, forma parte de la historia de una ciudad marcada por el encuentro y las tensiones entre culturas. Seguimos las huellas de Cervantes hasta la plaza de los Santos Niños, donde un mural del ilustrador argentino Miguel Rep recrea la célebre escena de Don Quijote frente a los molinos. La obra se realizó en 2011 con motivo del hermanamiento de Alcalá de Henares con la localidad argentina de Azul.
Continuamos por la Calle Libreros, otra de las arterias comerciales del casco histórico, hasta la iglesia de Santa María la Mayor, antiguo templo de la Compañía de Jesús. Construida entre 1602 y 1625, su fachada de piedra destaca por las columnas, los pináculos y las esculturas de san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier. El templo alberga la Capilla de las Santas Formas, ligada a una de las tradiciones religiosas más conocidas de Alcalá, cuya historia sigue rodeada de incógnitas desde la desaparición de las hostias consagradas durante la Guerra Civil.
Desde la Calle Libreros cruzamos hacia las calles Escritorios y Santa Úrsula, donde antiguos colegios recuerdan que la Universidad de Alcalá se extendía por todo el casco histórico. Uno de los más destacados es el Colegio de Málaga, antiguo Colegio de San Ciriaco y Santa Paula, hoy vinculado a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá. ¿Dónde dormir? Más adelante, en la calle Colegios, el Parador de Alcalá de Henares ocupa un conjunto histórico del siglo XVII que integra tres antiguos colegios-convento, entre ellos el de Santo Tomás de Aquino. En su interior se encuentra el restaurante Hostería del Estudiante (RGR), de cocina regional con las típicas migas alcalaínas, huevos fritos y tropezones, canelones de salpicón (plato cervantino), carré de cordero lechal confitado a baja temperatura. El paseo nos lleva hasta la plaza de los Doctrinos, donde una estatua de san Ignacio de Loyola se alza frente a la ermita del Cristo de los Doctrinos. A su lado se encuentra el convento del Corpus Christi, conocido como las Carmelitas de Afuera, fundado a finales del siglo XVI.
Desde la plaza de los Doctrinos nos dirigimos a la plaza de los Santos Niños, donde se alza la Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor, uno de los templos más importantes de Alcalá. Su construcción comenzó en 1497 por iniciativa del cardenal Cisneros, sobre el lugar donde, según la tradición, fueron martirizados los dos niños cristianos que dan nombre a la plaza. En el interior destacan las tres naves y las bóvedas de crucería, características del gótico tardío.
Desde aquí nos acercamos a la plaza de las Bernardas, uno de los rincones monumentales del casco histórico. Allí encontramos el monasterio de San Bernardo, fundado en el siglo XVII por el cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, con una iglesia de planta elíptica y una gran cúpula. Frente a él se alza el Palacio Arzobispal, ligado a un episodio decisivo de la historia: el encuentro entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón en 1486, antes de que emprendiera su viaje hacia América.
Después de varias horas de calles, iglesias y patios, toca hacer una parada dulce. En la plaza de Cervantes, la Pastelería Salinas, fundada en 1846, mantiene viva la tradición repostera de Alcalá con uno de sus dulces más reconocibles: la costrada. Este postre combina capas de hojaldre caramelizado, crema pastelera, merengue y almendra. Pero en Salinas han introducido un matiz propio, como explica su propietario, Carlos Salinas: “Es un postre de principios del siglo XX, pero nosotros le dimos una innovación que fue no recubrirlo de merengue, porque el hojaldre va caramelizado para que cruja”, explica el dueño. “Lleva crema pastelera, hojaldre, merengue y luego la almendra”. Pura tentación en una ciudad tan marcada por la fe.
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