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Laberinto visto desde el cielo.

Laberintus Park (Málaga): un reto para toda la familia, sin mapas ni atajos

El desafío de este otoño: encontrar la salida en el laberinto más grande de España

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Actualizado: 20/10/2026

Tiene 7.400 metros cuadrados y está inspirado en la Alhambra. El interior de la provincia de Málaga esconde el mayor laberinto natural de España. Un divertido desafío, apto para toda la familia, que se complementa con juegos tradicionales, distintas actividades y espacios para el descanso, como un coqueto campo de lavanda. 

Nerviosos, con gorras para protegerse del sol y una cara que desborda ilusión, un grupo de niños y niñas espera con impaciencia. Escuchan las indicaciones de sus monitores, pero andan revueltos, mirando a todas partes, con ganas de jugar. De repente, se quedan en silencio: uno de ellos ha acariciado una planta y, de manera automática, ha sonado una voz. “Bienvenidos al Laberintus Park”, dice una mujer gracias a unos biosensores que hacen que las hojas se conviertan en interruptores biológicos. La sorpresa es mayúscula entre el alumnado, pero también hace las delicias de sus profesores. Esa es precisamente una de las claves de este espacio de ocio: aquí hay diversión para peques, mayores, familias y parejas. O cualquiera con ganas y curiosidad.

Niña corriendo entre los setos.
Sus callejuelas y recovecos están delimitados por un seto de tuya.

El recinto se encuentra a un paso de la autovía A-92, en el término municipal de Humilladero y muy cerca del casco urbano de Mollina. Está en pleno corazón de Andalucía: a menos de una hora de Málaga y un poco más de Córdoba, Granada y Sevilla. Comenzó como idea hace casi una década. Rafael Mesa, su máximo responsable, quiso entonces impulsar un proyecto que mezclase ocio con educación ambiental y sostenibilidad. Le dio muchas vueltas, hasta que se decidió por un laberinto. Visitó varios de los que hay en España y finalmente dejó el diseño en manos del británico Adrian Fisher. “Es el Messi del sector: este supone el número 751 de los que ha hecho en todo el mundo”, señala Mesa, que tras charlar con el experto y dejarle trabajar, alucinó cuando recibió el boceto, inspirado en los arabescos de la Alhambra de Granada. A partir de las indicaciones de Fisher, todo se puso en marcha para trasladar las líneas del papel a la realidad. En invierno de 2025, Laberintus Park se convertía en realidad y abría sus puertas.

Mirador en el centro del laberinto.
El destino es siempre el centro del laberinto, con un mirador que permite descubrir el entorno.

Donde antes había una parcela abandonada repleta de jaramagos, ahora hay un laberinto que se despliega, en forma de estrella, a lo largo de 7.400 metros cuadrados. Sus callejuelas y recovecos están delimitados por un seto de tuya, variedad de ciprés que se levanta 1,90 metros del suelo. El objetivo para los visitantes es llegar hasta el centro del recinto, donde se levanta una pequeña construcción. Alcanzarla no es precisamente fácil: hay que recorrer casi tres kilómetros sin apenas referencias. Eso sí, existen varias puertas que se abren y se cierran en función de las características del público. “Sirven para aumentar o reducir la dificultad”, cuenta Mesa. Cuando hay niños, se abren varias para que el paseo sea más sencillo y corto. Cuando hay adultos, al contrario. “Aquí tiene cabida todo el mundo”, subraya el empresario, que señala que también hay salidas de emergencias. Por si acaso.

Interior del laberinto
Existen varias puertas que se abren y se cierran en función de las características del público.

Sensores biológicos

Adentrarse entre los setos causa una singular sensación de adrenalina. Dentro, los asistentes dependen prácticamente de su orientación para salir. La duración media del recorrido suele ser de una hora y cuarto, aunque hay quien consigue encontrar la salida un poco antes y, también, un poco después. “En el camino siempre hay pistas para resolver acertijos y participar en juegos. No es sólo llegar al final”, relata Mesa. Además, existe la posibilidad de disfrutar del paseo con una experiencia de realidad aumentada. También hay paneles, puertas de agua —para la época de calor— y difusores de olor o niebla artificial.

Niños en medio del laberinto.
Niños y mayores disfrutan de esta aventura.

El destino es siempre el centro del laberinto, donde esperan dos sorpresas. La primera, una habitación con varias especies de cactus, que también responden al contacto humano. Así, al tocarlos, generan sonidos e imágenes que se proyectan en la pared. La segunda, un mirador que permite otear el horizonte para descubrir todo el entorno: a lo lejos incluso se pueden ver las montañas por las que discurre el Caminito del Rey. Tras disfrutar de la panorámica de 360 grados, una pasarela permite salir ya con facilidad.

Niños jugando a encestar.
El complejo tiene zona de juegos, anfiteatro y un pequeño kiosco para aperitivos.
Anfiteatro del Laberintus Park.
El anfiteatro, cubierto de césped, es perfecto para descansar.

El espacio, al que se puede acceder con mascota, abre habitualmente sábados por la tarde y domingos por la mañana, aunque su horario de apertura evoluciona según la temporada (aquí el sol pega fuerte en verano). Además, hay posibilidades de organizar visitas privadas o concertadas para colegios, excursiones de mayores, actividades de team building o cualquier otra posibilidad. Y la diversión no acaba ahí, porque también se organizan eventos tematizados tipo pasaje del terror, como el llamado scream park —con distintas zonas repletas de sustos— para este Halloween, que se celebrará las noches del 23, 24 y 25 de octubre.

 Detalle de lavanda del Laberintus Park.
Su campo de lavanda se ha convertido en el rincón estrella para las fotos de RRSS.

Campo de lavanda

Laberintus Park —que ganó este verano la Estrella de Oro Fondos Europeos Andalucía 2026 en la categoría “Una Europa más verde y sostenible”— acoge también otras opciones para pasar la mañana o la tarde. Cuenta, por ejemplo, con un campo de lavanda que florece tres veces al año —la tercera, este otoño— y que se ha convertido en el rincón estrella para las fotos de redes sociales. Hay también un pequeño campo de fútbol playa y distintos juegos tradicionales. Un anfiteatro cubierto de césped perfecto para descansar y un pequeño kiosco, que ofrece aperitivos y bebidas. En fechas señaladas, se organizan veladas con conciertos en el anfiteatro y visitas nocturnas para disfrutar de las estrellas en verano.

Rafael Mesa, gerente de Laberintus Park.
Rafael Mesa es el gerente de Laberintus Park.

El lugar, eso sí, está en plena transformación para seguir creciendo. En un paseo por todas las instalaciones se descubren proyectos ya en marcha para completar la experiencia del laberinto. A un lado, hay casi terminado un espacio para un puñado de autocaravanas, que contará con un patio privado para cada una y una pequeña alberca común. Al otro, una explanada donde se trabaja ya en la instalación de siete alojamientos turísticos tipo burbuja, sin apenas contaminación lumínica —este es un sitio ideal para observar las estrellas—, donde también habrá piscina. Además, un viejo invernadero está empezando a cubrirse con plantas de buganvilla y pequeños jazmines para convertirse en refugio climático, con 2.500 metros cuadrados donde realizar actividades en la temporada de calor.

 Laguna de Fuente Piedra (Málaga).
Cerca del laberinto se encuentra la Laguna de Fuente Piedra, la mayor de agua salada de Andalucía.

Flamencos y caminatas

Laberintus Park, además, cuenta con un interesante entorno natural que permite completar un día o un fin de semana. La Laguna de Fuente Piedra, la mayor de agua salada de Andalucía y una de las que más diversidad de aves tiene, se encuentra a apenas a diez minutos de allí. Más cerca está el parque de Santillán —con zonas para hacer barbacoas— y la sierra de la Camorra, con varias rutas disponibles. Un poco más lejos, a 40 minutos, se puede visitar el Torcal de Antequera, laberinto de piedra caliza. Y a menos de media hora hay multitud de pequeñas localidades fronterizas entre las provincias de Málaga, Sevilla y Córdoba. Ahí emergen Mollina, Humilladero, Alameda, Sierra de Yeguas, La Roda de Andalucía, Benamejí o Villanueva de Algaidas, a las que se llega a través de una red —también laberíntica— de bonitas carreteras que permiten conocer el interior de la comunidad andaluza.