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Vistas de Antequera.

Rutas en bicicleta por la provincia de Málaga

Cuatro rutas malagueñas para amar el ciclismo

Actualizado: 19/05/2026

Carreteras estrechas, un mar de montañas y escenarios singulares. Más allá de sus playas, la provincia de Málaga es también un paraíso ciclista, donde las dos ruedas ofrecen una oportunidad única para conocer este territorio viajando a otro ritmo. Para aprovecharla al máximo y saborear cada pedalada, elegimos cuatro rutas en bici clásica... o eléctrica: tú decides. 
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Ruta 1: Fuente de La Reina – Santo Pitar – Castillo Gibralfaro

Distancia y dificultad

56 kilómetros - 1.350 metros de desnivel

Asfalto en buen estado, una calzada ancha de tráfico tranquilo y vistas al parque natural Montes de Málaga hacen de la subida al Puerto del León —o a la Fuente de la Reina, a escasos metros— una de las más conocidas para los amantes de las bicis en esta provincia andaluza. “Para mí, Málaga es esta ruta”, confirma Gregg Mills, de 63 años, afincado en la capital malagueña desde hace una eternidad, y una de las referencias del ciclismo local. A veces ejerce de guía cuando alguien lo solicita en el negocio que fue su vida: Recyclo Bike Shop.

Carretera en continuo ascenso de Algarrobo a Cómpeta, en plena comarca de la Axaquía.
Carretera en continuo ascenso de Algarrobo a Cómpeta, en plena comarca de la Axaquía.

Mills realiza dos o tres veces por semana esta ruta y anima a cualquiera a seguirle la rueda. No es fácil, pero tampoco imposible en un trayecto que sirve de bautizo para cualquiera que se inicie en este deporte gracias a sus 16 kilómetros de longitud, que coronan a 900 metros de altitud. Tiene recompensa: un poco más adelante se ubica la mítica venta Galwey, que permite recargar energías con el plato de los montes, a base de lomo, pimiento, chorizo, migas y huevo frito. Con el estómago lleno, lo más recomendable es ya tomar el desvío hacia la barriada de Olías y, sin prisas, caer de nuevo en Málaga, a la altura de las playas de El Palo. Por allí se ha visto este mismo año a Jonas Vingegaard, doble campeón del Tour de Francia, que se escapa en busca de carreteras tranquilas como esta en plena naturaleza.

Ciclistas en carretera.
El paisaje rural es una constante. Foto: Nico Arend

Hay, sin embargo, una alternativa para los más atrevidos: tomar el desvío que sube hacia el Santo Pitar, que se encuentra unos cinco kilómetros después de arrancar el descenso. Hay que tirar de plato pequeño y riñones, pero el lugar es único y merece la pena. La vista incluye pueblos blancos y paisajes rurales dominados por la sierra de Tejeda, Alhama y Almijara, con el pico de La Maroma —el de mayor altura de Málaga— como protagonista. “Este año, además, el campo está increíble gracias a las lluvias. Es para celebrarlo todos los días”, anima el británico, que tiene esta ruta impresa en un bidón personalizado.

Mural del pintor Evaristo Guerra a la entrada de su pueblo, Arenas.
Mural del pintor Evaristo Guerra a la entrada de su pueblo, Arenas.

Retomando el camino hacia Málaga —con descensos rápidos como la zona del llamado del muro de Olías, donde el desnivel llega al 17%— el mar toma protagonismo hasta la llegada a El Palo. Desde allí toca recorrer la zona este de la capital malagueña atravesando barrios marineros como Pedregalejo y, justo después, afrontar la última subida de esta escapada: la que llega hasta el Castillo de Gibralfaro desde la barriada de El Limonar. Son apenas dos kilómetros con doble premio final. A un lado, las vistas más clásicas sobre la ciudad de moda de España, con el puerto, la plaza de toros de La Malagueta y el cubo del Centre Pompidou Málaga en primer término. Al otro, la posibilidad de visitar esta fortaleza construida en el siglo XIV.

Vistas de  Málaga desde el parador de Gibralfaro.
Vistas de Málaga desde el parador de Gibralfaro.

Desde allí hay mil posibilidades para retornar al casco urbano, entre ellas la bajada por la calle Mundo Nuevo, de dos kilómetros y restringida al tráfico. Finaliza junto a la Plaza de la Merced y la calle Alcazabilla, ideal para lanzarse a callejear el centro histórico de la ciudad o para conocer el desembarco de Cañitas Maite en la ciudad dentro del hotel ME Málaga.

Ruta 2: Málaga - Cómpeta – Málaga

Distancia y dificultad

106 kilómetros - 1.106 metros de desnivel

A la comarca de la Axarquía se la conoce como la Toscana malagueña por sus pueblos blancos, sus paisajes ligados a la agricultura tradicional y sus viñedos, poco numerosos, pero origen del fabuloso vino dulce moscatel de Málaga. Sobre la bici, al ritmo que permitan las piernas y el corazón, descubrir este rincón es una delicia. Y, salvo excepciones, sus carreteras suelen ofrecer un tráfico escaso. La seguridad es lo primero.

Vistas de Cómpeta, municipio del vino dulce de uva moscatel con la Sierra de Tejeda y el pico de la Maroma al fondo.
Vistas de Cómpeta, municipio del vino dulce de uva moscatel con la Sierra de Tejeda y el pico de la Maroma al fondo.

Hay múltiples opciones para recorrer este pequeño paraíso rural. Una de las más atractivas es, precisamente, una de las primeras que realizó Mills a su llegada a Málaga. Parte desde la zona este de la capital —con salida, por ejemplo, en astilleros Nereo—, para circular primero junto a la costa y después por las montañas. “El paisaje es de otro mundo”, destaca el británico, quien dice que muchos de sus clientes prefieren ir con guía “porque así se aseguran saber dónde se come mejor, cuál es el mejor café o en qué sitio te sonríen al llegar con bici”.

Entrada a Sayalonga, municipio del níspero.
Entrada a Sayalonga, municipio del níspero.
Nísperos de Sayalonga.
Nísperos de Sayalonga.

El primer tramo, de 30 kilómetros, circula paralelo al mar atravesando distintas localidades costeras como La Cala del Moral, Torre de Benagalbón, Benajarafe o Almayate por la antigua carretera N-340. Tiene buen arcén, pero hay una parte que se puede realizar igualmente por el carril bici que viaja a pie de playa. Pasado Torre del Mar, se llega hasta Algarrobo Costa, desde donde hay que apretar los dientes: una subida de 17 kilómetros —al 4% de media y algunos descansos— que pasa por Sayalonga y acaba en Cómpeta, municipios de urbanismo árabe donde siempre es buen plan callejear hasta perderse y encontrar bares donde reponer fuerzas. La ruta continúa entonces hasta Canillas de Albaida, en un trayecto llano que también pasa por Árchez y luego busca Corumbela, Daimalos y Arenas, donde merece la pena acercarse al mural pintado por Evaristo Guerra en la iglesia de Santa Catalina.

Dos bicicletas aparcadas frente al litoral.
Vistas del mar desde la N-340 que atraviesa todo el litoral.

Arranca ahí el descenso hasta Vélez-Málaga, y después Torre del Mar, para retomar el camino de vuelta hacia Málaga, de nuevo junto a la playa. Es la oportunidad de elegir chiringuito en busca de algún espeto o una fritura de pescaíto. Si el viento sopla de levante, este tramo será un paseo ligero y agradable. Y si sopla de poniente… tocará sufrir.

Ruta 3: Pantano de El Chorro

Distancia y dificultad

78 kilómetros - 1.268 metros de desnivel

Difícil encontrar un enclave en Málaga tan completo como el que rodea al embalse de El Chorro, en el interior de la provincia, cerca de Álora y Ardales. Paisajes dominados por la naturaleza, zonas con historia, como la vieja ciudad de Bobastro; y puntos de interés tan brillantes como El Caminito del Rey. La experiencia es aún mejor a dos ruedas gracias a unas atractivas carreteras donde el tráfico suele escasear. “Es una zona muy chula”, subraya el arquitecto Ico Montesino, gran aficionado al ciclismo.

Punto más cercano desde la carretera al desfiladero de los Gaitanes.
Punto más cercano desde la carretera al desfiladero de los Gaitanes.

Él vive en Alemania y ha viajado ya dos veces hasta Málaga con un grupo de 15 amigos y amigas para recorrer sus carreteras. “Hay buen asfalto, conductores respetuosos y es prácticamente seguro que hará buen tiempo”, destaca. En ambas ocasiones han tomado como base la localidad de Pizarra, donde encontraron una casa con espacio para todos los ciclistas y sus bicicletas. Es, además, buen punto de partida para esta ruta, aunque también se puede llegar aquí en Cercanías.

Embalse del Conde del Guadalhorce en El Chorro.
Embalse del Conde del Guadalhorce en El Chorro.

Desde ahí, la mejor opción es tomar dirección a Álora por la A-343 —vía muy tranquila—, que empieza a picar a partir de la venta Los Caballos, donde ponen ricos desayunos. Más tarde hay que seguir hacia Carratraca por la preciosa carretera A-7078, que ofrece amplias panorámicas que incluyen largos viaductos del AVE entre Madrid y Málaga y cuyo ascenso, de ocho kilómetros, ronda el 5% de desnivel. Tras este municipio —merece la pena probar el gazpachuelo de Casa Pepa, que cuenta con Solete Repsol— hay que tomar dirección Ardales y, desde allí, busca la carretera hacia El Chorro, que circula junto a los tres embalses —Guadalhorce, Conde del Guadalhorce y Guadalteba—, que esta primavera están rebosantes tras las lluvias invernales. Sorprende el Sillón del Rey, donde Alfonso XIII firmó la terminación de las obras de uno de estos pantanos y que ejerce de mirador para disfrutar del entorno.

Desembalse controlado en El Chorro.
Desembalse controlado en El Chorro.

Para la vuelta hay que tomar dirección al Desfiladero de los Gaitanes, con una minúscula y deliciosa carretera que pasea junto a las pasarelas del Caminito del Rey y alcanza la estación de ferrocarril de El Chorro. Allí, el restaurante del Complejo Turístico La Garganta (Solete Repsol) ofrece platos tradicionales, como las migas o la porra antequerana, en un salón panorámico y dispone de habitaciones y piscina. Quedarse aquí nunca es mala opción, pero si queremos continuar no hay más que subirse al tren o realizar ocho últimos kilómetros hasta Pizarra por otra exquisita carretera.

Ruta 4: El Torcal de Antequera

Distancia y dificultad

100 kilómetros - 1.785 metros de desnivel

Hoy se levanta a más de 1.300 metros de altitud, pero hubo una vez que El Torcal de Antequera estuvo bajo el agua. Fue hace más de 200 millones de años, sumergido en las profundidades del mar de Tetis, donde se acumularon materiales marinos. La presión de las placas tectónicas hizo emerger aquellos restos que, con la acción del agua, el hielo y el viento, hoy muestran formas singulares hasta conformar un laberinto kárstico que bien merece una visita.

Zona alta del Torcal de Antequera.
Zona alta del Torcal de Antequera.

A su centro de visitantes se llega fácilmente en coche, pero el ascenso bien merece las dos ruedas. La forma más sencilla es desde la propia Antequera. Unos 13 kilómetros de recorrido por una carretera con escasa circulación que pasea, primero, junto al nacimiento del río de la villa. Y, después, se adentra en esta sierra caliza tras superar la Boca del Asno, una curva irrepetible y de mal recuerdo para Chris Froome, que se cayó dos veces allí durante una Vuelta a España. El retorno se puede realizar en dirección a Villanueva de la Concepción y atraviesa las aldea de La Joya, La Higuera y Los Nogales en un entorno asombrosamente natural. El camino permite parada en la venta Los Patos —ojo a sus patatas fritas— y adentrarse en la ciudad antequerana para conocer su alcazaba o los dólmenes, declarados Patrimonio Mundial de la Unesco.

Ciclista esforzándose en la subida al Torcal.
Tramo más exigente de la subida al Torcal.
Zona alta del Torcal de Antequera donde es habitual cruzarse con el ganado.
Zona alta del Torcal de Antequera donde es habitual cruzarse con el ganado.

Otra opción, sólo apta ya para quienes dominen esto de la bicicleta, arranca en la propia capital malagueña. Primero hay que tomar dirección a la barriada del Puerto de la Torre y, una vez superada, pedalear hasta Almogía, donde disfrutar de una panorámica lejana de la montaña de destino. Hay fuentes para recargar el bidón antes de salir hacia Villanueva de la Concepción, camino que siempre va picando hacia arriba. Olivos y almendros dejan allí paso a grandes campos de cereal salpicados de cortijos y alguna ermita. Entonces arranca el plato fuerte con tramos de gran pendiente —entre el 12% y el 14%— hasta la cima. El aparcamiento del centro de interpretación no es el final: toca hacer cien metros más para llegar al mirador, que ofrece vistas a todo el sur de la provincia de Málaga, con el Mediterráneo al fondo.

Cuesta de Téllez, carretera entre el municipio de Almogía y la zona de Siete Revueltas que atraviesa el Río Campanillas.
Cuesta de Téllez, carretera entre el municipio de Almogía y la zona de Siete Revueltas que atraviesa el Río Campanillas.

La vuelta viaja de nuevo hacia Villanueva de la Concepción —los ciclistas recomiendan el restaurante Oasis y el Bar de Diego, con comidas caseras en la misma plaza del pueblo—. Y, desde allí, toma otro camino, llamado siete revueltas por la carretera A-7075 que, tras dejar atrás Casabermeja, atraviesa uno de los mejores sitios para rodar en bici de toda la provincia gracias al valle que forma el río Campanillas. Tras pasar junto al puente romano de Las Palomas se alcanza la cola del embalse de Casasola —también a rebosar—hasta su presa; después, los últimos repechos hasta Málaga.