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Al igual que hacemos nosotros cuando llega el frío, es fundamental que el perro vaya abrigado. Es cierto que hay razas que no lo necesitan; huskies, malamutes o razas de pelo largo y de gran tamaño aguantan bien las bajas temperaturas realizando actividades. Pero si nuestra mascota es pequeña, lo primero que hay que hacer es ponerle un abrigo. Pero atentos al consejo de María Luz Martín, gerente non-food manager de la tienda online Kiwoko, quien reconoce que es fundamental preparar las salidas: “No siempre es necesario ponerle un abrigo a nuestra mascota para protegerla, pues si vamos a una zona boscosa y con muchas ramas, tenemos que pensar que el perrete puede engancharse con alguna rama”.
Aquí las alternativas son muchas y variadas y depende también de la actividad que vayamos a realizar. Si el perro está acostumbrado y en el terreno por el que vamos a pasear o realizar la ruta está helado, una de las mejores opciones es la de calzarles unos botines especiales que les protejan las almohadillas. Sí o sí tenemos que darles crema en las patitas antes, durante y después de la actividad. Son cremas especiales, tipo vaselina, que evitarán que a nuestra mascota se le quemen las almohadillas. “Es muy importante que no estrenemos unos botines para la nieve sin haberlos usado antes; es algo a lo que no están acostumbrados y es mejor que los usen antes de ir a zonas frías o de hielo. Se pueden usar también bálsamos para las almohadillas”, apunta Martín.
Es, sin duda, uno de los puntos a los que menos atención se le presta y que resulta fundamental. El hocico y la punta de las orejas son zonas muy sensibles de cara a posibles quemaduras solares. Igual que para las personas, existen cremas solares con factores de protección diferentes para nuestra mascota. Los ojos también están expuestos a ciertos riesgos por el efecto rebote del sol en la nieve. No es muy común, pero si vamos a realizar actividades de alta montaña donde los niveles de insolación son muy altos, y podemos tener ventiscas, no está de más probar con unas gafas.
Muchas veces no se le presta mucha atención a la salud ocular de los perros. María Simó es oftalmóloga veterinaria en la clínica IVO en Barcelona, uno de los centro de referencia en España para el tratamiento de estos problemas. “En consulta, muchos de estos casos debutan tras una salida a la montaña aparentemente normal, en la que el tutor no percibió ningún problema inmediato. Horas después, o al día siguiente, el perro presenta dolor ocular, lagrimeo intenso, cierre parcial o completo del ojo, enrojecimiento o secreciones, signos que indican que la superficie ocular ha sufrido una agresión significativa”, explica la doctora.
Desde un punto de vista preventivo, hay varias recomendaciones clave que pueden marcar la diferencia. “En primer lugar, es importante evitar exposiciones prolongadas en condiciones extremas de frío, viento intenso o alta radiación solar, especialmente si el perro presenta alguna patología ocular conocida. Ajustar la duración de la actividad, elegir rutas más protegidas y realizar pausas ayuda a reducir la agresión continua sobre la superficie ocular”, tal y como indica Simó. La utilización de gafas protectoras específicas para perros puede ser una herramienta útil, porque ayudan a reducir la exposición al viento, a la radiación ultravioleta y al impacto de partículas, aunque no sustituyen la observación posterior ni el control veterinario.
La alimentación no se tiene que cambiar por el hecho de preparar una excursión a un lugar frío. “La comida húmeda les va a aportar mayor hidratación que la comida seca, vienen bien también los snacks para reforzar la conducta. Vivir experiencias no tan habituales puede hacer que el perro vaya más a su aire, por eso vienen bien esos premios que ayudan nuestra mascota a ser más obedientes”, señala Mari Luz Martín. Es fundamental que llevemos un bebedero, porque podemos pensar que, como no hace frío, el perro no va a pasar sed. Tendrá menos ganas de beber que en verano, pero lógicamente tendrá que beber agua.
Al acabar la actividad hay que secarle bien para evitar que se quede frío tras haber disfrutado de la nieve. Le revisaremos bien las patitas para quitarle posibles restos de la sal que se echa para evitar que se congelen las carreteras o del resto de anticongelante que sueltan los vehículos en estas fechas. Es fundamental que cuando lleguemos a casa y hayamos limpiado y secado a nuestros compañeros de cuatro patas nos fijemos que tienen las almohadillas listas para la próxima salida.
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