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El Mejor Rincón 2012

Comunidad de Madrid

Pontón de la Oliva

En un cañón del bajo Lozoya, cerca de Patones, se esconde la presa más antigua del Canal de Isabel II. Un rincón estremecedor, en el que resuenan los hierros de los condenados a trabajos forzados.

La presa de los presos.

Es la presa más vieja de la región. La primera de cuantas se construyeron para abastecer de agua serrana a la capital, aquel Madrid de mediados del siglo XIX que dependía de 900 aguadores para beber, lavarse la cara y poco más, pues el consumo diario per cápita era de diez litros. Dos mil reos bregaron desde 1851 hasta 1857 para levantar esta muralla de 72 metros de longitud y 27 de altura, y todo para nada, pues al poco de inaugurarse, se descubrió que el río se filtraba por ignotas cavernas y pasaba de rositas bajo ella, vaciando el embalse.


Presa del Pontón de la Oliva
Presa del Pontón de la Oliva, en Patones, construida a mediados del siglo XIX por presos.

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

Tenía su lógica y su guasa: que en una presa hecha por presos hubiese fugas. A cuatro kilómetros de Patones de Abajo, yendo hacia El Atazar, se desvía la carretera que lleva al pie de esta obra faraónica. Algo tiene el lugar, en verdad, de pirámide egipcia, con su muro escalonado de ciclópeos sillares, sus aliviaderos horadados en la roca viva a modo de pasadizos secretos y las voces de quienes atraviesan éstos proyectándose al exterior, con ecos fantasmales, a través de las monumentales casas de compuertas.

Paseo por los meandros del Lozoya

Pasarela volada sobre la presa del Pontón de la Oliva
Pasarela volada sobre la presa del Pontón de la Oliva, que permite adentrarse en el cañón para recorrer los meandros del Lozoya.

Lo más impresionante del Pontón, sin embargo, es la pasarela volada que corre por la pared occidental del cañón, a una respetable altura sobre el lecho verde del embalse vacío. Caminando por ella se ven, cada pocos pasos, las argollas herrumbrosas a las que permanecían encadenados los siervos de la pena, y justo enfrente, al otro lado de la presa, los acantilados grisáceos y amarillentos de casi cien metros en los que prueban sus difíciles habilidades los escaladores, esos esclavos gustosos del vértigo y la adrenalina, compitiendo siempre con las chovas, a ver quién hace la pirueta más endiablada.

Presa del Pontón de la Oliva
Presa del Pontón de la Oliva, en Patones, construida a mediados del siglo XIX por presos.

Al final de la pasarela, arranca una senda que permite remontar el tramo más sinuoso y recóndito del río Lozoya, el de los meandros que embarazan su curso entre el Pontón de la Oliva y la presa de la Parra, siete kilómetros aguas arriba. Cerca de dos horas lleva seguir su enrevesado cauce entre paredones verticales de roca caliza, primero, y agrias laderas de pizarra, después. Una soledad perfecta y un tremendo silencio, sólo interrumpido por la espantada del corzo o por la súbita ventolera que hace tremar el follaje del bosque de ribera, son los grandes alicientes de esta caminata.

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Fecha de actualización: 23 de noviembre de 2016

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