Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Lejos de la postal cliché de Asturias (paisajes y buena comida), Gijón va más allá y es hoy una ciudad abierta, vibrante y disfrutona, un muy buen ejemplo de ciudad que ha sabido reponerse y reinventarse sin perder raíz y sin ninguna necesidad de postureo. Sin alejarse de los destinos naturales del Principado -que están a tiro de piedra- y en contraste con el carácter de ciudad administrativa de Oviedo, Gijón es el motor económico y demográfico de Asturias y quizá la urbe que mejor conecta su pasado (y presente) minero y obrero con un presente dinámico y atractivo, sin dejar de mirar al omnipresente mar Cantábrico.
El Muro de San Lorenzo no es un paseo marítimo cualquiera: es la columna vertebral de Gijón, el lugar donde la ciudad se mira al espejo cada mañana y es un termómetro del estado de ánimo de su gente. Por aquí se corre, se pasea al perro, se toma el sol… siempre mirando al Cantábrico, que en esta ciudad el mar siempre manda. Nada de prisas, aprovecha para tomarte algo en algún chiringuito o siéntate a admirar el mar en uno de los bancos del paseo. Si buscas (más) playas, al margen del popular arenal urbano de San Lorenzo, destaca su prolongación rocosa en la playa de los Mayanes. Al otro lado, no dejes de pasear por el puerto deportivo con su espectacular mar de mástiles, testigo del pasado pesquero y la esencia marinera de Gijón.
Justo entre el puerto y la playa de San Lorenzo está Cimavilla, el corazón histórico de Gijón y también su barrio más canalla. Aquí vivieron los pescadores durante siglos, y aunque ahora conviven bares de pinchos con galerías de arte y lo último en tiendas pero el espíritu marinero sigue intacto. Por sus calles estrechas y empinadas puedes subir hasta el Cerro de Santa Catalina, donde te espera el Elogio del Horizonte de Chillida. Foto de rigor y una vista excepcional para ver todo Gijón. No hacen falta más recomendaciones en Cimadevilla, aquí encontrarás buena sidra y todo lo bueno de Asturias en cualquier bar; entra donde veas gente y copiate de lo que pida el de al lado.
Muy cerca del mítico estadio de el Molinón, este enorme espacio al aire libre para recrear las costumbres asturianas: hórreos, casas de indianos, sidrería, talleres artesanales y hasta un pabellón dedicado a la migración. Perfecto si te interesa la etnografía, la arquitectura popular o simplemente quieres entender mejor Asturias más allá de los tópicos. Si tu visita a Gijón es con tiempo o vas con niños es un plan muy recomendable: con espacio, tranquilidad y un ambiente casi bucólico, lejos del bullicio del centro. Cierra todos los lunes y festivos y la entrada es gratuita.
Para este plan cien por cien asturiano hace falta ir a las afueras de Gijón y reservar con antelación pero saltárselo no es recomendable. En estas sidrerías rurales podrás ver cómo se elabora y se bebe la sidra natural y comer sus contundentes menús a precio fijo. Queso, chorizo a la sidra, tortilla de patata, carne en salsa… siempre es lo mismo y nunca falla. Nada de turistas posando, solo gente comiendo bien y pasándolo aún mejor. Hay muchas opciones pero te dejamos dos a menos de media hora del centro: 'Casa Trabanco' y 'Cabueñes'.
Si Gijón tiene un edificio que te hace preguntarte cómo es posible que no sea más famoso, es este. Construida en los años 50 como un proyecto educativo faraónico, la Universidad Laboral es el edificio más grande de España -sí más que el Escorial- con 270.000 metros cuadrados de superficie. Nació con una estética que impone -mezcla de clasicismo y arquitectura de poder para formar a los hijos de los obreros y huérfanos de la minería- pero lo fascinante es su presente.
Reconvertida en Ciudad de la Cultura, la Laboral es un hervidero donde conviven facultades, una radio, un teatro, centros de arte contemporáneo y hasta una escuela de circo. El patio central es de los que te dejan sin palabras: sus brutales dimensiones parecen el escenario de una película. También destacan la iglesia de planta elíptica y si tienes piernas para subir los 117 metros de su torre, hazlo: desde arriba se domina toda la ría, la ciudad y tienes la Cordillera Cantábrica recortando el horizonte. Si vas con tiempo la mejor forma de no perderse nada es reservar una visita guiada.
Gijón no se puede explicar sin sus chimeneas, sus grúas y el sudor de miles de obreros. Te proponemos un itinerario industrial, un viaje por los restos de una potencia fabril hoy reconvertida. Empieza en el barrio de Cimavilla con la antigua Fábrica de Tabacos, donde miles de mujeres (las cigarreras) marcaron la lucha social de la ciudad. En la playa de Poniente, un arenal ganado literalmente a los viejos astilleros, aún sobrevive la chimenea de la antigua fábrica de vidrios como un tótem que custodia el paseo. Justo detrás, el Museo del Ferrocarril (en la antigua Estación del Norte) custodia las locomotoras de vapor que bajaban el carbón de las montañas hasta el mar. Y si quieres ver más sobre este pasado obrero puedes visitar la Ciudadela de Celestino Solar, un patio de vecinos oculto en el interior de una manzana del centro que muestra cómo vivían las familias obreras.
Pegado a la Playa de Poniente, casi metido en el mar, en las antiguas dársenas de los Astilleros del Cantábrico está el Acuario de Gijón, que ofrece un recorrido desde los ríos asturianos hasta las profundidades del océano, con más de 4.000 ejemplares de unas 400 especies diferentes. Lo mejor es el cilindro central donde nadan tiburones toro, rayas y meros gigantes mientras tú los observas desde dentro. También hay tortugas, pulpos, caballitos de mar y un montón de especies que probablemente no sabías que vivían tan cerca. Es un plan ideal para días de mal tiempo o para ir con críos, aunque también funciona si simplemente te gustan los acuarios. No te llevará más de hora y media, así que se puede combinar con un paseo por la playa Poniente o por el puerto deportivo, justo al lado del museo.
A pocos minutos del centro, el Jardín Botánico es un oasis de 25 hectáreas donde desconectar sin salir de la ciudad. Nada de jardín botánico acartonado: aquí todo fluye: senderos entre bosques atlánticos, huertas tradicionales asturianas y hasta una laguna natural con vegetación autóctona. También perfecto si viajas con niños, hacer buenas fotos sin agobios o simplemente para pasear pensando en nada, respirar hondo y entender por qué a Asturias le llaman paraíso natural.
La Cuesta del Cholo es una calle corta pero intensa que baja hacia el puerto deportivo y se ha convertido en el epicentro del afterwork gijonés. A partir de las siete de la tarde, las terrazas se llenan de gente bebiendo, charlando y viendo cómo el sol se pone detrás de los barcos. Además de instagrameable, tiene algo: el ambiente es relajado, hay sidra y la mezcla de locales y turistas despistados funciona. Los bares sirven buenos pinchos, aunque lo suyo aquí es picotear poco y beber despacio mientras el atardecer pinta el puerto de naranja. Plan muy gijonés, de esos que no salen mucho en las guías pero que cualquier local te recomendaría.
El Mirador de la Providencia está en la zona del Rinconín, al este de la ciudad, y ofrece una de las mejores vistas de Gijón: acantilados vertiginosos, playas salvajes y toda la costa recortada hasta donde alcanza la vista. Es pequeño, sin grandes infraestructuras ni chiringuitos, solo tú, el viento y el Cantábrico rugiendo abajo. Desde aquí se ve el contraste brutal entre la ciudad industrial y la naturaleza salvaje que empieza justo donde termina el asfalto. A un lado, las chimeneas y el puerto; al otro, acantilados que se desploman sobre el mar. Si vas en coche, puedes combinar la visita con un paseo por la Senda del Cervigón o bajar a alguna playa cercana como La Ñora. Un plan breve pero intenso para despedirte de Gijón con la mejor postal.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!