Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Cuando el sol se pone en el Valle de Tena, la oscuridad y la bajada de temperaturas invitan a buscar el calor del hogar. Y seguramente el atardecer y las primeras horas de la noche sean el mejor momento para llegar al hotel 'Viñas de Lárrede'. Sea cual sea la temporada del año, el hotel siempre recibe con una acogedora iluminación en su fachada y jardines para transmitir la sensación de que por fin se ha llegado a un refugio de montaña casi de cuento. Visitar estos o cualquier otro atractivo próximo como el Balneario de Panticosa o las tirolinas que sobrevuelan el embalse de Búbal es opcional y casi una quimera, porque desde el vistazo inicial el hotel invita a entrar, relajarse y dejarse acurrucar. “Nos gusta pensar que el hotel es un destino por sí solo dentro de los preciosos Pirineos”, comenta Adriana Ribera junto a Joaquín del Rincón, el matrimonio propietario de este hotel familiar, incluso más familiar de lo que se pueda pensar.
Adriana y Joaquín, de origen donostiarra, celebrarán una década desde que abrieron el Viñas de Lárrede. “En un lugar al que llegamos por casualidad y tras dar muchas vueltas buscando el emplazamiento perfecto para levantar nuestro sueño de un hotel”, recuerda Adriana. “Trabajábamos desde hace años en Formigal y queríamos emprender nuestra propia aventura. Y aunque no teníamos ninguna experiencia en hostelería, sí que teníamos muy claro qué tipo de hotel queríamos”, se suma Joaquín a la charla. “Después de mucho buscar, una mañana llegué al pueblo de Lárrede y vi unos campos abandonados. Como quien no quiere la cosa, pregunté a los lugareños si aquel terreno sin agua ni luz se vendía y la respuesta no fue muy halagüeña. Aún así deje mi teléfono por si cambiaban de idea. Y no tardamos mucho en recibir una llamada. Era el propietario que también era el marido de Inma Giménez, quien desde el día que abrimos es el gobernanta del hotel”, evoca Adriana.
Aquel no fue más que el primer capítulo de esta aventura empresarial. Luego llegarían los estudios de viabilidad, de mercado, el proyecto arquitectónico y por fin las obras. En las que tanto Joaquín como Adriana se arremangaron para trabajar codo con codo con los profesionales de la zona, hasta que entre todos lograr la apariencia de un cálido hogar entre montañas, al modo de los que se pueden ver por las cordilleras de Centroeuropa. Joaquín durante décadas ha estado vinculado al mundo del esquí y ha viajado por todo el continente empapándose de esos ambientes alpinos y querían contagiar esa atmósfera a su establecimiento. Y lo lograron importando técnicas lejanas que materializaron las cuadrillas de trabajo de la zona. En especial los carpinteros, porque si algo define al hotel es su madera. O maderas porque hay de pino, abeto, alerce, cada una con su propio encanto. “Y todas dan calor. Nada más cálido que la madera”, dice Adriana.
Ella es la gran responsable de la decoración, ideando el mobiliario, las lámparas o la tela para las paredes que aparece en distintos rincones del hotel. Y sobre todo en sus 17 habitaciones. Cada una de ellas distinta a la vecina. Unas con balcón, otras con grandes ventanales abiertos al valle, también algunas se prologan en altura con un espacio dúplex, las hay con un sofá o con un gran tresillo, con varias camas, etc. Cada una distinta. Pero todas con nombre de mujer. Está la habitación Dolores, la dedicada a Inés, a Paula, a Nora… recuerdan a mujeres de la familia Del Rincón – Ribera. Incluso hay dos grandes retratos que evocan a las madres de Adriana y Joaquín. La primera aparece en el parte superior del patio central, retratada en el día de su boda. Mientras que la segunda parece dar la bienvenida a los huéspedes en la zona baja, precisamente donde está la selecta bodega del restaurante.
A todas las habitaciones y suites se les podría adjudicar la categoría Premium, incluso a las denominadas standard. Pero es obvio que esa distinción ayuda a la comercialización. No obstante, hay clientes que todavía pueden optar por un alojamiento de una gama superior, al menos en lo referente a exclusividad e intimidad. Se trata del Chalet con capacidad para 8 invitados en tres suites diferentes, con sus pertinentes baños y con sus propios spa, cocina y jardín. E incluso con su propio servicio de comedor por si sus ocupantes deciden no pasar al restaurante del hotel.
La mayor parte de las 17 habitaciones del hotel se distribuyen en la planta alta entorno al patio central bañado por la luz que entra por los enormes tragaluces abiertos en el tejado del edificio. Pero también hay otro grupo de estancias en el piso más bajo, justo al lado del spa. El cual, por cierto, tiene un carácter muy privado, ya que se reserva por horas y para una habitación en exclusiva. Pues bien, entre ambas plantas de habitaciones están los espacios comunes como el salón y el bar donde tomar una copa acomodados en el confort de alguno de sus sofás mientras se contempla desde la cristalera como la nieve cae fuera. Esa misma chimenea sirve de conexión con el comedor del Restaurante Viñas, al cual pueden acceder los huéspedes y cualquier visitante que desee disfrutar de la cocina del chef Toni Polca.
Toni tiene raíces suizas, de manera que la arquitectura de aires alpinos del hotel 'Viñas de Lárrede' es ideal para él. De hecho, los últimos diez ha estado aquí comandando las cocinas de Joaquín y Adriana desde que estos abrieron su lugar en el mundo. Por eso ha sabido plantear una singular mezcla en la carta entre los productos de montaña, sobre todo en cuanto al uso de carnes de cordero o de ciervo, con otras propuestas más cantábricas como los canelones de txangurro, el bacalao confitado o la corvina, guiñando así un ojo a los orígenes vascos de los propietarios.
No obstante, quizás el mejor guiño a la mejor tradición gastronómica donostiarra es la búsqueda de productos de calidad. Sea carne, pescado, setas de los bosques cercanos o verduras de las huertas oscenses, siempre se busca un producto de primera. “Toni es un cocinero fabuloso y necesita de lo mejor para sus platos”, nos dice Adriana. Y tras el festín ya solo queda salir a la terraza que hay junto al comedor y tomarse el café al sol mientras se contempla el valle y el precioso campanario románico de la iglesia de Lárrede.
HOTEL 'VIÑAS DE LÁRREDE'. Calle San Juan de Busa 12, 22666 Lárrede, Huesca. Tel: 974 94 80 00
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!