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Mujer contemplando uno de los monumentos de Écija, Sevilla

Ocho pueblos bonitos en la provincia de Sevilla

De las Marismas de Doñana a Sierra Morena: 8 pueblos sevillanos con duende

Actualizado: 13/01/2026

Fuera del turismo masivo de la capital andaluza, los pueblos de la extensa provincia sevillana ofrecen al visitante patrimonio, naturaleza, buena gastronomía y una ruta emocional y emocionante por las raíces de la identidad sevillana.
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1. Lebrija

Aunque por habitantes es uno de los municipios más poblados de la provincia, Lebrija mantiene la esencia de los pueblos blancos y atesora un patrimonio muy atractivo pero poco conocido. Destaca la ‘Giraldilla’, una réplica fiel de la icónica torre de la capital provincial que se encuentra en pleno casco histórico y alberga unas campanas más antiguas que la propia torre (1778), que forma parte de la Parroquia de nuestra señora de la Oliva, declarada Bien de Interés Cultural. Las vistas desde el castillo de Lebrija o el yacimiento arqueológico de Nabrissa, uno de los más importantes de la Bética romana, son algunas de las razones para dedicar un tiempo a este emblemático pueblo sevillano, cuna del cantaor Juan Peña, 'El Lebrijano' y el pianista David Peña Dorantes. Si te queda tiempo, aproveche su estancia para ver Desprecio/amor (Sorolla en Sevilla), en la sala Misericordia, una exposición para admirar 19 obras sobre los cuadros del pintor durante su estancia en Sevilla.

Iglesia de Santiago en Lebrija (Sevilla)
Lebrija y su 'giraldilla' una de las réplicas más fieles de la torre sevillana. Foto: iStock

2. El Real de la Jara

Al norte de la provincia, donde Sevilla se funde con Extremadura, está El Real de la Jara, última frontera de Sierra Morena y parte de la ruta de la Plata. Su castillo medieval de planta cuadrada es uno de los mejor conservados de la comarca y ofrece vistas panorámicas de una dehesa infinita. Además, el interior de la Iglesia de San Bartolomé sorprende al visitante con el cuadro de Las Ánimas, una joya pictórica que lleva la firma del maestro Francisco de Zurbarán. Lejos de cualquier circuito turístico masificado, El Real de la Jara es un lugar donde la naturaleza cobra protagonismo, siendo el único municipio integrado en la Reserva la Biosfera Dehesas de Sierra Morena, de la UNESCO. No puedes irte sin probar su gastronomía, donde el cerdo ibérico de bellota es el protagonista absoluto. También son clásicos sus quesos y su deliciosa repostería artesanal. Sus dos platos tradicionales son el caldillo y el guarrino frito.

Castillo del Real de la Jara (Sevilla)
Vista del Real e la Jara, en plena dehesa de la Sierra Morena sevillana. Foto: iStock

3. Écija

En plena campiña sevillana, Écija ofrece mucho al visitante para quitarse el sambenito de ‘sartén de Andalucía’. Más allá del calor, inevitable en ciertas temporadas en muchos lugares, esta localidad conocida como la “pequeña Sevilla” o la “ciudad de las torres” ofrece patrimonio, gastronomía y desprende la irrepetible identidad sevillana y andaluza en cada rincón. Hasta 11 torres barrocas y campanarios conforman su perfil urbano. En el casco histórico destacan palacios como el de Peñaflor, con su famosa fachada curva decorada con frescos. En el Museo Histórico Municipal se puede admirar la joya de la corona: la Amazona Herida, una de las esculturas romanas mejor conservadas del mundo. Lejos de ser solo un conjunto monumental, Écija ofrece rincones llenos de luz en sus plazas señoriales y un legado mudéjar que se respira en cada esquina. Para llevarse un recuerdo en el paladar, nada mejor que visitar la Plaza de Abastos y elegir entre los productos locales más típicos.

Écija (Sevilla)
El legado mudéjar de Écija se respira en cada esquina. Foto: iStock

4. Osuna

En el centro de la Sierra Sur, Osuna presume de ser el pueblo con más palacios por metro cuadrado de toda la provincia. Casi ningún rincón de su casco histórico decepciona pero la joya indiscutible es la calle San Pedro, reconocida por la UNESCO como una de las más bellas de Europa, pero su carácter señorial se disfruta plenamente en el Palacio de los Hermanos Arjona y Cubas. Esta joya del siglo XVIII, actual sede del Museo de Osuna, es uno de los pocos ejemplos palaciegos visitables por dentro, destacando por sus frescos originales, techos artesonados y un patio de columnas dóricas que rodea una fuente central. Lejos de ser solo un escenario monumental por sus palacios, Osuna mantiene una elegancia que se extiende hasta su Colegiata y Universidad renacentista. Tampoco son menos monumentales los clásicos dulces de convento, como los bizcochos marroquíes de las Madres Mercedarias, las yemas de San Pedro o los "aldulces" y suspiros del Monasterio de la Encarnación. No puedes irte sin llenar la maleta con estas recetas centenarias ni sin probar la ardoria, el “otro salmorejo” andaluz.

Interior de la Colegiata de Osuna
Interior de la Colegiata de Osuna. Foto: iStock

5. Puebla del Río

A orillas del Guadalquivir, la Puebla del Río es el auténtico balcón de la provincia hacia las marismas de Doñana, una de las puertas de entrada a este impresionante parque natural donde el paisaje cambia con las mareas. Este municipio es fundamental para entender la Sevilla marismeña, siendo la sede de espacios naturales tan icónicos como la Cañada de los Pájaros, una reserva natural concertada que permite observar de cerca especies en peligro en un entorno recuperado con mimo. La experiencia se completa en la Reserva Natural Dehesa de Abajo, cuyo Centro de Visitantes es el punto de partida ideal para recorrer el mayor acebuchal de Europa y observar el increíble espectáculo de miles de cigüeñas blancas construyendo sus nidos. El casco urbano de Puebla, elevado sobre el río, ofrece una luz única que ha inspirado a poetas y artistas, manteniendo vivas tradiciones ligadas al caballo y al campo.

Vista de las marismas de Doñana cerca de Puebla del Río
Puebla del Río es una de las puertas de entrada al espectacular parque de Doñana. Foto: iStock

6. Cazalla de la Sierra

En el corazón de Sierra Morena, Cazalla de la Sierra emerge como un oasis de casas señoriales y monumentos que narran su pasado como lugar de recreo de la nobleza. El contraste del blanco de sus casas, sus tranquilas calles y el verde entorno natural protegido hacen de este enclave un refugio perfecto para desconectar y perderse este invierno. En su patrimonio destaca la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, una joya gótico-renacentista adosada a la antigua muralla almohade que impresiona por su escala. Pero el verdadero encanto de este rincón se encuentra en sus alrededores, especialmente en el Sendero de las Laderas, ofreciendo una experiencia mágica bajo una suerte de túnel natural de árboles que cubren el río. Para terminar la ruta de senderismo, nada mejor que entrar en calor con los productos de una de las destilerías centenarias de Cazalla, donde el visitante puede refugiarse del frío probando su famoso aguardiente o el licor de guindas artesanal.

Iglesia de Nuestra señora de la Consolación en Cazalla de la Sierra
Iglesia de Nuestra señora de la Consolación en Cazalla de la Sierra (Sevilla). Foto: iStock

7. Utrera

En la encrucijada entre la Campiña y las marismas, Utrera se revela como un destino con un doble alma, donde el señorío de sus palacios convive con el duende del flamenco más puro. Considerada una de las cunas de este arte, el pueblo invita a un paseo emocional por sus plazas, las mismas que vieron crecer a los dramaturgos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, cuyo legado se recuerda en el teatro municipal que lleva sus nombres. Su silueta está marcada por la imponente torre de la Iglesia de Santa María de la Mesa, pero el verdadero corazón espiritual de la localidad late en el Santuario de Consolación, cuya techumbre mudéjar es una obra oculta que maravilla a todo el que entra. Utrera es un lugar para descubrir sin prisas, perdiéndose por el laberinto del antiguo barrio judío de "El Niño Perdido" o admirando la elegancia de su arquitectura. Si hay hambre, no dejes de probar sus famosos bollos de aceite, lenguas de gato o el mítico mostachón de Utrera, un bizcocho aplanado que es el auténtico estandarte de su repostería.

Santuario de la Consolación en Utrera (Sevilla)
Interior del Santuario de la Consolación, joya mudéjar de Utrera. Foto: iStock

8. Carmona

Asentada sobre una estratégica colina que domina toda la llanura —el famoso "alcor" que le sirve de mirador natural—, Carmona es pueblo con solera. No en vano se le conoce como, el "Lucero de Europa". Nada menos. El piropo tiene la firma del rey Fernando III el Santo, quien quedó deslumbrado por el resplandor de la ciudad sobre el horizonte, cuentan. De su patrimonio histórico destaca la Puerta de Sevilla, un bastión militar que formaba parte del sistema defensivo que llevó a Julio César a definir a Carmona como la plaza más fuerte de toda la provincia Bética. Otro rincón imprescindible es el espectacular balcón del Alcázar, un mirador que, según cuenta la tradición, enamoró al mismísimo emperador por sus vistas infinitas sobre la vega. El corazón de la visita late en el Alcázar del Rey Don Pedro, actual Parador, un refugio de piedra y silencio donde el tiempo parece detenerse. En lo gastronómico, Carmona presume de platos que son pura historia, como la alboronía: un guiso de berenjenas, calabaza y pimientos de herencia árabe considerado el auténtico "padre" del pisto. Probarlo en alguna de sus tabernas de la Plaza de San Fernando es hacer un viaje a los sabores más auténticos de la cocina andaluza.

Castillo de Carmona (Sevilla)
Vista de Carmona, conocida como "el lucero de Europa". Foto: iStock