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Un viernes por la mañana, en las afueras de Peraleda de la Mata, pueblo cacereño de unos 1.500 habitantes, en la quesería Capricho Extremeño dos mujeres preparan concentradas el queso que ha hecho famosa la marca en la zona. Se elabora tres días a la semana (lunes, miércoles y viernes) con la leche que da la ganadería de mil ovejas laconas en una finca cercana.
Todo esto lo cuenta Montaña Carrasco, dueña de la quesería y la ganadería junto a su marido, Antonio Zamora. Ella controla que todo esté donde tiene que estar con el desparpajo que le dan los años de cara al público. Sus padres y sus suegros ya tenían ganado, sin embargo, la historia de su propio negocio familiar se remonta al año 1999, cuando Montaña y Antonio, ingeniero agrónomo, decidieron quedarse en su pueblo y empezaron con un proceso de selección de la raza de ovejas más lechera, trayendo machos incluso de Francia.
“Cuando vimos que habíamos mejorado la calidad de la leche, pensamos: ¿por qué no hacemos una quesería? Un valor añadido para el negocio”, asegura Montaña riéndose porque recuerda la ilusión con la que arrancaron pese a la poca idea que tenían. “Antes veías hacer el queso en casa, pero no es lo mismo”, subraya. Ellos pidieron ayuda para aprender a hacer el queso de forma profesional en el entorno adecuado. Actualmente, utilizan 400 litros de leche de su ganadería para hacer alrededor de 100 quesos los días de producción. El exceso de leche se vende a través de una cooperativa ganadera de la que son miembros.
La elaboración del queso se hace con leche cruda (no pasteurizada), que llega directamente de las oveja a un tanque de frío. Para estos queseros, la pasteurización elimina no solo los patógenos, sino también las propiedades beneficiosas de la leche. Al trabajar con una ‘leche viva’ recién ordeñada, logran que cada pieza sea única evolucionando y mostrando los distintos sabores que puede ofrecer la alimentación estacional de sus ovejas.
Cuando la leche alcanza los 37°C, añaden el cuajo para formar la cuajada, la cual se corta para separar la materia grasa del suero. El queso se prensa y se sumerge en salmuera. Solo lleva “leche, cuajo y sal, no tiene aditivos de ningún tipo”, asegura Montaña mientras enseña la evolución de los quesos en la sala de maduración donde se aprecia la otra parte del proceso. Aunque emplean maquinaria moderna para la elaboración, la esencia sigue siendo artesanal: los quesos requieren ser volteados a diario y sus cortezas son lavadas y cepilladas a mano. Aquí se permite que el moho natural (el "pelo de gato") crezca en la corteza, aportando olores y sabores únicos que convierten al queso en un producto auténtico.
Montaña no para, se mueve de acá para allá para explicarnos todo de una forma sencilla. A los diez minutos de conocerla, entiendes la motivación que la lleva a innovar constantemente. En Capricho Extremeño, ofrecen una amplia gama de productos. En cuanto a los quesos, elaboran tierno, semicurado y curado, algunos con más de un año de curación. Además, Montaña experimenta con rellenos o curaciones especiales, como queso de trapo (para fundir, con cebolla o pimiento caramelizado), queso con arándanos o frutos secos. “Yo estoy siempre pensando, ideando y probando. Desde quesos con pistachos hasta curado con manteca ibérica y romero, o con aceite de oliva (de nuestra propia cosecha)”, subraya con orgullo haciéndonos partícipes de ese derroche de ganas y entusiasmo por ir más allá.
También elaboran queso con “cuajo vegetal, como se hacía antiguamente”. A partir del suero, obtienen el requesón, un producto que “es buenísimo para la salud”, afirma Montaña mientas nos lo da a probar. Con ese requesón prepara una tartas de queso bajas en azúcar y casi sin harina que tiene a sus clientes enamorados.
Se ha atrevido con las cremas de queso fundido que incluyen sabores como almendra, boletus, pimentón de La Vera, cúrcuma y miel, además de una de pistacho que está aún en periodo de estudio. Montaña insiste en hacer las cremas en su quesería asegurándose de usar un queso suave para que “no tape los otros sabores”. El producto estrella de la innovación son sus bombones de chocolate y queso, hechos con tres chocolates y queso crema, con los que ganó el ‘Premio a la Innovación’ en la Feria del Queso de Trujillo. La idea es de Montaña; la elaboración, de una empresa de La Vera: Amor.
En cuanto a las ventas, Montaña mantiene una política de venta directa, evitando grandes superficies. Ella misma realiza la ruta de reparto recorriendo la autovía y parando en lugares como Trujillo, Deleitosa, Navalmoral de la Mata y pueblos de La Vera, llegando incluso hasta algún punto de Portugal. Esta quesera extremeña es un huracán de energía que le ha permito diversificar el negocio sin descanso. Además de todo lo contado, se ofrecen visitas guiadas y catas comentadas por ella misma en la propia quesería para grupos, donde explica la elaboración con degustaciones de diferentes tipos de queso. Con una selección de productos, prepara unas cestas gourmet que hacen honor al nombre de la quesería. Todo un auténtico capricho.
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