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El Palacio de Liria brinda una oportunidad excepcional para quienes buscan un plan diferente: pasear por sus jardines privados, un espacio que habitualmente permanece cerrado al público general. Estos jardines, diseñados por figuras como Sabatini o Ventura Rodríguez, representan un viaje en el tiempo. Del 14 de mayo al 31 de agosto de 2026, los visitantes pueden recorrer sus senderos y descubrir la historia de uno de los palacios más impresionantes de Europa. La propuesta permite organizar la visita según las preferencias de cada persona: es posible acudir a primera hora para disfrutar de la tranquilidad máxima o combinar el paseo con el acceso al interior del palacio, el cual custodia obras maestras de Goya, Velázquez o Rubens. Dado que el acceso se organiza en grupos reducidos de máximo 30 personas, se garantiza un ambiente acogedor. Se recomienda realizar la reserva con antelación.
Las esfinges, marca del duque Jacobo, padre de Cayetana, vigilan el jardín. Foto: Hugo Palotto
PALACIO DE LIRIA. C/ de la Princesa, 20. Madrid. Visita guiada sólo jardines: 10 €. Visita combinada (jardines + palacio): 25 €.
Los Jardines de Sabatini constituyen uno de los enclaves más fotogénicos y señoriales de la ciudad. Aunque su nombre rinde homenaje al arquitecto italiano que diseñó las antiguas caballerizas reales, el jardín actual fue creado en los años 30 para realzar la fachada norte del Palacio Real. Al pasear por sus niveles, el público descubre un diseño neoclásico, con setos de cedro y boj recortados en formas geométricas. El centro del espacio lo ocupa un gran estanque rectangular, rodeado de fuentes y pinos piñoneros, que ofrecen una sombra necesaria en los días estivales. Destacan las estatuas de los reyes españoles que custodian los senderos, originalmente destinadas a la cornisa del palacio. Al atardecer, la luz se refleja en el agua y en la piedra de la fachada, creando una de las estampas más icónicas de Madrid.
Estos jardines preceden a la vista del Palacio Real. Foto: Alfredo Cáliz
JARDINES DE SABATINI. C/ Bailén, 2, Madrid. Entrada gratuita.
Considerado una joya científica y paisajística, el Jardín Botánico fue fundado en 1755 y trasladado a su ubicación actual por Carlos III. A pesar de situarse junto al tráfico del Paseo del Prado, la Puerta de Murillo da paso a un remanso de paz distribuido en terrazas. No se trata sólo de un parque, sino de un centro de investigación donde el diseño de Juan de Villanueva se fusiona con una biodiversidad que incluye árboles centenarios y una destacada colección de bonsáis. El itinerario permite admirar fuentes históricas, como la de la Copa, mientras se aprende sobre plantas medicinales o especies exóticas. El jardín también funciona como un dinamizador cultural que organiza talleres y actividades culturales en un entorno rodeado de naturaleza.
Los nenúfares salpican uno de los fontines del Real Jardín Botánico. Foto: Alfredo Cáliz
REAL JARDÍN BOTÁNICO. Plaza de Murillo, 2. Madrid. Entrada: Desde 4 €.
Situada dentro del Parque del Oeste, esta rosaleda es uno de los rincones más sensoriales de Madrid. Fue diseñada a mediados de los años 50 por Ramón Ortiz, el Jardinero Mayor de la ciudad, para albergar los concursos internacionales de rosas que aún hoy se celebran cada primavera. Los visitantes pueden disfrutar de una alfombra interminable de colores gracias a sus más de 20.000 rosales de cientos de variedades diferentes. Más allá de la impresionante variedad de rosas, el jardín cuenta con elementos que refuerzan su encanto clásico. En el centro hay un estanque con nenúfares y fuentes, mientras que las estatuas y las pérgolas de madera ofrecen rincones de sombra perfectos para descansar. Uno de los momentos más especiales ocurre durante el mes de mayo, cuando se celebra el Concurso Popular Rosa de Madrid, permitiendo a los ciudadanos votar por su flor favorita.
La rosaleda ofrece más de 20.000 rosales de cientos de variedades diferentes. Foto: Sofía Moro
ROSALEDA DE MADRID. C/ de la Rosaleda, 1, Madrid. Entrada libre,.
La Quinta de Vista Alegre, en el distrito madrileño de Carabanchel, constituye uno de los conjuntos monumentales y paisajísticos más significativos de la capital, cuyo origen se remonta al siglo XIX. Este enclave alcanzó su máximo esplendor bajo el mecenazgo de la reina María Cristina de Borbón y, posteriormente, del marqués de Salamanca. En su interior conviven palacios neoclásicos, una ría navegable y fuentes ornamentales que evocan el refinamiento de la época. En el plano botánico, la quinta funciona como un auténtico pulmón verde que alberga una notable diversidad de especies vegetales. El parque destaca por sus densas arboledas de cedros, pinos y plátanos de sombra, que proporcionan un microclima único en la zona. Sin embargo, el protagonismo recae en sus ejemplares más longevos, entre los que destaca el Cedro del Líbano, catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid por sus imponentes dimensiones.
Es necesario reservar en los horarios habilitados para pasear por La Quinta de Vista Alegre. Foto: César Cid
LA QUINTA DE VISTA ALEGRE. C/ General Ricardos, 179. Madrid. Entrada gratuita hasta completar aforo.
Ubicado en la Ciudad Universitaria, el Jardín Botánico Alfonso XIII se dedica a la divulgación científica y al recreo. El recinto destaca por su cuidada ordenación pedagógica, albergando construcciones funcionales como el umbráculo y un pequeño anfiteatro integrado en el paisaje, además de elementos artísticos como el monumento dedicado al naturalista Celestino Mutis. Su diseño arquitectónico favorece la contemplación de más de 800 especies vegetales, destacando el ejemplar de Pino Carrasco. Además de su valor botánico, el espacio es conocido por albergar el festival Noches del Botánico durante los meses de junio y julio, donde figuras internacionales de la música actúan en un entorno natural privilegiado.
JARDÍN BOTÁNICO DE LA COMPLUTENSE. Avenida Complutense, s/n. Madrid. Entrada gratuita.
Integrado en el conjunto arquitectónico del antiguo Matadero, el Invernadero de la Arganzuela, es un ejemplo de la arquitectura industrial de principios del siglo XX, rehabilitado como un centro botánico de referencia. Construido originalmente por el arquitecto Luis Bellido entre 1908 y 1928 como nave donde se guardaba al ganado, su estructura de hierro y cristal evoca la elegancia de los pabellones decimonónicos europeos. Tras una profunda restauración, el espacio se transformó en un vergel que ofrece un recorrido sensorial por diversos ecosistemas mundiales. En su interior, el visitante descubre cuatro microclimas —tropical, subtropical y dos desérticos— que albergan más de nueve mil especies vegetales. Las plantas crasas (o suculentas) y los cactus conviven en las zonas áridas, mientras que en las áreas de mayor humedad, los helechos gigantes y las palmeras se entrelazan bajo la luz que pasa por las vidrieras. El diseño del jardín incorpora pequeñas fuentes y estanques que regulan la temperatura.
INVERNADERO DEL PALACIO DE CRISTAL DE ARGANZAUELA. Matadero Madrid. Paseo de la Chopera, 10. Madrid. Entrada gratuita.
En el castizo barrio de La Latina, se halla el Jardín del Príncipe de Anglona. Este exclusivo espacio verde, diseñado en el siglo XVIII por Nicolas Chalmandrier, es uno de los escasos ejemplos de jardín nobiliario que conserva íntegro su trazado original. Su estructura, de estilo neoclásico con influencias árabes, se organiza a través de un diseño de parterres en crucero, delimitados por senderos de ladrillo que convergen en una pequeña fuente de granito. Este rincón, oculto tras una alta tapia junto a la Plaza de la Paja, invita al visitante a descubrir la elegancia de una época. Entre sus especies más destacadas están los imponentes ejemplares de madroño y los laureles junto a los muros del palacio contiguo. En primavera y verano, el jardín se llena con el colorido de los rosales y la hiedra que trepa por las pérgolas de hierro forjado, creando galerías naturales que protegen del bullicio urbano.
JARDÍN DEL PRÍNCIPE DE ANGLONA. Plaza de la Paja, 6. Madrid. Entrada gratuita.
Considerado uno de los parques más hermosos y desconocidos de Madrid, el Jardín de El Capricho fue creado entre 1787 y 1839 por deseo de la Duquesa de Osuna. Esta mujer culta y visionaria concibió un espacio donde la naturaleza y el arte se fusionaran bajo las corrientes estéticas más avanzadas de la Ilustración. El Capricho no sólo fue un lugar de recreo aristocrático, sino también un escenario de vanguardia intelectual, donde se dieron cita artistas y pensadores, y alberga construcciones singulares como un búnker de la Guerra Civil o el pintoresco Casino de Baile. El recorrido por sus senderos revela una riqueza botánica excepcional, pero lo que realmente sorprende es ese carácter místico del jardín, gracias a su rica ornamentación escultórica y sus ingenios hidráulicos. El visitante puede admirar el Templete de Baco, la Fuente de los Delfines y la Fuente de las Ranas, que aportan el sonido relajante del agua al paseo. Cada rincón está diseñado para sorprender.
No hay ni una farola en todo el parque, pero sobran los bancos. Foto: Huho Palotto
EL JARDÍN DE EL CAPRICHO DE LA ALAMEDA DE OSUNA. Paseo de la Alameda de Osuna, 25. Madrid. Entrada gratuita, pero hay aforo limitado.
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