VISITA AL REAL JARDÍN BOTÁNICO (MADRID)

Curso de Botánica exprés para hablar el lenguaje de las plantas

Avenida de las estatuas del Real Jardín Botánico de Madrid, con estatuas de los ex directores.
Recorrer el Real Jardín Botánico te sumergirá en un universo verde y pedagógico. Un plan perfecto si pasas estos días por la capital.

El Real Jardín Botánico de Madrid es una visita obligada para amantes y estudiosos de la naturaleza. Declarado Jardín Histórico Artístico desde 1942, entrar en él es, ciertamente, hacer un viaje por la historia, el arte y la biodiversidad. Una experiencia única que atrae cada año a 450.000 visitantes, que han convertido este recinto, calificado como Museo Vivo, en uno de los cinco más visitados de la Comunidad de Madrid.

Situado en el centro de Madrid, junto al Museo del Prado, apenas 20 metros separan el paseo de la Castellana de la valla que rodea este jardín, vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Pero nada más cruzar sus puertas, entramos en otra dimensión. El ruido del tráfico rodado cede protagonismo al canto de los pájaros y a las más de 5.600 especies que viven en su interior. Decimos adiós al estrés y recuperamos la calma.

La terraza alta o de los laureles del Real Jardín Botánico de Madrid, donde se guarda la colección de bonsáis que donó Felipe González.
En la terraza alta o de los laureles se guarda la colección de bonsáis que donó Felipe González.

El jardín, inaugurado en 1865, tiene una configuración geométrica y cuenta con tres terrazas principales: la Terraza de los Cuadros, la Terraza de las Escuelas Botánicas y la Terraza de la Flor, y una cuarta de reciente creación, conocida como la Terraza de los Laureles o de los bonsáis.

Estatua de Carlos III en el centro del paseo del mismo nombre, en el Real Jardín Botánico de Madrid.
La estatua de Carlos III (1716-1788), gran impulsor de las ciencias, mira hacia la Puerta del Rey. A él debemos este Jardín.

La Puerta de Murillo, situada en la plaza del mismo nombre y obra de Juan de Villanueva, da la bienvenida al público. Nada más entrar accedemos a la Terraza de los Cuadros, donde se encuentran diversas colecciones de plantas, dentro de cuadros formados con setos de boj, que rodean pequeñas fuentes (fontines).

Uno de los fontines del Real Jardín Botánico de Madrid con nenúfares.
Los nenúfares y su alegre colorido y forma salpican uno de los fontines.

Las plantas ornamentales de exterior son un muestrario de formas y colores que permiten disfrutar de la belleza y la fragancia de múltiples variedades como tulipanes, dalias, camelias… Otro de los cuadros de esta terraza es la rosaleda, que destaca por su valiosa colección de rosales antiguos. Junto a ella, encontramos la Puerta del Rey, construida por Francisco Sabatini. Es la entrada al jardín desde el Paseo del Prado, pero solo se abre cuando los Reyes lo visitan. El cuadro de las plantas medicinales reúne un conjunto de especies que, por sus contenido en aceites esenciales o principios activos, se utilizan en la elaboración de perfumes o medicamentos.

Un hombre pasea por el interior del Real Jardín Botánico de Madrid.
Este espacio te introduce en el conocimiento de la Botánica.

Continuando el paseo por esta terraza encontramos la huerta del Jardín, la más grande del centro de la ciudad. En ella podemos aprender a reconocer las plantas comestibles más habituales en nuestra cocina, en sus diferentes etapas de crecimiento y en sus distintas variedades, y descubrir su origen. Este rincón atrae por igual a grandes y a pequeños y es visitado por enfermos de alzheimer, fruto de la colaboración del jardín con distintas asociaciones.

Avenida de las estatuas y detalle de la flor del Spathiphyllum, en la zona intertropical del invernadero Santiago Castroviejo Bolívar, en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Una estatua del jardín y la flor del Spathiphyllum, en la zona intertropical del invernadero Santiago Castroviejo Bolívar.

Desde la huerta llegamos al Paseo de Gómez Ortega o de las estatuas. A lo largo del mismo encontramos las esculturas de cuatro botánicos ilustres, de los siglos XVIII y XIX, que dirigieron el Real Jardín Botánico: Josehp Quer, Simón de Rojas Clemente y Rubio, Mariano Lagasca y Antonio José Cavanilles y Palop. Pero no son las únicas que adornan el recinto: en el centro del Paseo de Carlos III, mirando hacia la Puerta del Rey, hay una estatua dedicada a este monarca, a quién se debe el enclave que ocupa actualmente este jardín, y que es una de las más relevantes.

Un grupo de escolares observan las plantas carnívoras y cactus en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Un grupo de escolares observan las plantas carnívoras y los cactus.

Cruzando el paseo de las estatuas llegamos a la Terraza de las Escuelas Botánicas, una exposición permanente de la diversidad del reino vegetal. Sus 13 cuadros albergan todas las familias botánicas, desde las más primitivas, como los helechos, hasta las plantas con flor más evolucionadas.

Ejemplares de árboles de otros mundos

Uno de los grandes atractivos de este área son sus árboles, ejemplares magníficos que sorprenden por su porte, antigüedad o rareza y por su belleza. Entre ellos sobresalen una zelkova u olmo del Caúcaso, de 40 metros de altura, un ciprés de unos 260 años, el más antiguo del lugar, o el árbol de hierro, denominado así por la consistencia de sus ramas.

Un ciprés de más de 200 años, el árbol más antiguo del jardín, y un olmo caucaso de casi 200 años, en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Un ciprés (220-240 años y 32 metros de altura) y un olmo caucaso (180-200 años) y 40 m. entre los más antiguos del jardín.

Después de un recorrido entre árboles extraordinarios, una buena opción es caminar hasta la Terraza del Plano de la Flor. Tomarse un buen descanso, aprovechando la paz y el frescor que ofrecen algunos de sus rincones, como la plazoleta de los Castaños de Indias y la de los Plátanos (donde hay un ejemplar centenario, catalogado como árbol singular) o las glorietas de los Tilos. En una de estas glorietas, la situada en la parte norte, se erige una estatua dedicada a la dalia, planta mexicana cultivada en Europa por primera vez en este jardín. El monumento recuerda que el Real Jardín Botánico madrileño forma parte de la asociación norteamericana 'Jardines por la Paz'.

Un visitante pasea por la estufa de las Palmas, y un detalle de un helecho, en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Un visitante pasea por la estufa de las Palmas, del siglo XIX.

Otra alternativa es hacer un alto junto al bello estanque de la Plaza de Linneo, rodeado por un paseo y una verde pradera, por la que corretean los patos. En el centro de la lámina de agua se alza una columna de granito, con un busto del naturalista sueco Carlos Linneo, considerado el 'padre' de la Botánica.

El estanque de Linneo en el Real Jardín Botánico de Madrid.
El estanque de Linneo, en honor al padre de la Botánica.

Frente al estanque, destaca el Pabellón Villanueva, un edificio de estilo neoclásico, construido por Juan de Villanueva, flanqueado por dos grandes pérgolas de hierro. Utilizado inicialmente como invernadero y centro de Investigaciones, hoy acoge importantes exposiciones y eventos culturales, como la inauguración anual de Photo España. También alberga la tienda de souvenirs, y una cafetería con una agradable terraza exterior, que invita a disfrutar de la quietud de este vergel.

La zona de terraza junto al pabellón de Villanueva en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Un descanso en la terraza, junto al pabellón de Villanueva.

Pero no podemos olvidar que estamos en un centro de investigación. "Como todo jardín botánico, nuestra misión es promover el conocimiento, la conservación y el disfrute de las plantas y de su medio natural. Esta labor se lleva a cabo a través de la investigación científica, la exhibición de plantas vivas, la conservación de plantas secas, el herbario, y el desarrollo de programas educativos sobre el mundo vegetal, para niños y adultos", afirma Jesús García, responsable de Comunicación del jardín.

Atravesando el espacio húmedo de la estufa de las Palmas y una heliconia, típica de climas tropicales.
Atravesando el espacio húmedo de la estufa de las Palmas y una heliconia, típica de climas tropicales.

“La Unidad de Cultura Científica es una de las más activas del CSIC, por gran la cantidad de iniciativas divulgativas, culturales y educativas que organiza”, asegura.  El Real Jardín Botánico de Madrid dispone de uno de mejores herbarios de Europa (almacena más de un millón de pliegos), una biblioteca que conserva incunables y una importante colección bibliográfica de botánica, y un archivo histórico con todo tipo de documentos de las expediciones botánicas.

Dibujos del siglo XVIII e itinerarios guiados

Aunque, sin duda, su colección más importante es la de Celestino Mutis, unos 7.000 dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada que él dirigió y que son Patrimonio de la Unesco. Todos estos fondos sirven de apoyo a los científicos que trabajan  en él, con el objetivo de comprender la diversidad actual de plantas y hongos, cómo se ha generado y cómo se puede conservar.

Una pareja pasea por el Real Jardín Botánico de Madrid.
Con tu móvil y la aplicación del Jardín Botánico podrás realizar la visita a tu aire.

El pasado y el presente se dan la mano en el Real Jardín Botánico de Madrid, que cuenta con itinerarios autoguiados que ofrecen la posibilidad, entre otras, de dar 'La vuelta al mundo en 80 plantas', visitas guiadas –previa petición– y talleres escolares y familiares para los que es necesario reservar. Asimismo, dispone de una aplicación para teléfonos móviles y tabletas, en varios idiomas, que optimiza el recorrido de los visitantes, facilita el acceso de personas con movilidad reducida e incluye un apartado para niños.

Departamento desértico del invernadero Santiago Castroviejo Bolívar, en el Real Jardín Botánico de Madrid.
Curioseando en el departamento desértico del invernadero Santiago Castroviejo Bolívar.

Independientemente del itinerario que elijamos, parada imprescindible son los dos invernaderos que se encuentran en la Terraza de la Flor. En ellos se puede disfrutar de una variada colección de plantas exóticas procedentes de zonas climáticas muy diversas. El invernadero Santiago Castroviejo y Bolívar está distribuido en tres secciones: desértica, subtropical y tropical, que reproducen las condiciones ideales de luz, humedad y temperatura para su desarrollo. Este invernadero emplea energías totalmente limpias y está controlado mediante un sistema informático.

Un hombre pasea por la estufa de las Palmas del siglo XIX en el Real Jardín Botánico de Madrid.
En el antiguo invernadero, la estufa de Las Palmas, te traslada de golpe a la vegetación de épocas prehistóricas.

La estufa de Graells o de Las Palmas es un antiguo invernadero construido en el siglo XIX para exhibir plantas que no resistían las condiciones climáticas del exterior. Actualmente, reúne plantas tropicales, acuáticas, helechos, musgos, que necesitan un grado de humedad constante y el calor del sol. Este vetusto edificio, con su ambiente húmedo y la exuberancia de sus plantas nos traslada a lugares remotos y a épocas prehistóricas, donde faunas, hoy extintas, formarían parte de este frondoso paisaje.

Vista del interior del Real Jardín Botánico de Madrid.
El Jardín Botánico ofrece un refugio perfecto para las horas de más calor en la capital.

En el extremo opuesto a los invernaderos está el paseo de los olivos, bordeado de diversas variedades que se cultivan en España y que enlaza con la Terraza de los Laureles o de los bonsáis, llamada así por ser la que alberga, desde 2005, la colección del ex presidente Felipe González.

Vista de uno de los bonsáis que Felipe González donó al Real Jardín Botánico de Madrid.
Uno de los más de 100 bonsáis que donó González, recolectados por toda España.

Situada en la parte más alta, además de esta impresionante colección de árboles en miniatura, considerada el conjunto más importante de especies autóctonas ibéricas, esta terraza nos regala una panorámica del jardín, que se extiende  como un manto verde ante nuestros ojos. Fundado por Fernando VI, el Real Jardín Botánico inicialmente se extendía hasta los terrenos que hoy ocupan el Ministerio de Agricultura y la Cuesta de Moyano.

Un espantapájaros en la zona del huerto del Real Jardín Botánico de Madrid.
Un espantapájaros hace guardia en la zona del huerto.

Actualmente, cuenta con una superficie de ocho hectáreas, con un patrimonio histórico y cultural único. Esto y su privilegiada situación, en la denominada milla de oro cultural, que conforma el eje Prado-Retiro, le han convertido en candidato a Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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