¿Cuáles son las webs y apps de Repsol?

Si tienes una cuenta en cualquiera de ellas, tienes una cuenta única de Repsol. Así, podrás acceder a todas con el mismo correo electrónico y contraseña.

Waylet, App de pagos

Repsol Vivit y Ýrea Cliente de Luz y Gas

Pide tu Bombona y Pide tu Gasoleo

Box Repsol

Guía Repsol

Repsol.es y Tienda Online

Ýrea profesional Mi Solred

Compartir

{{title}}
{{buttonText}}
Vista de Níjar.

Un paseo por Níjar (Almería)

El bastión artesano del Cabo de Gata

Actualizado: 07/04/2026

Fotografía: Miguel Cuesta

La vida moderna y su mar de plástico hace tiempo que se bajaron a la llanura. Pero todo comenzó aquí arriba, a orillas de un barranco del que mana el agua y sobre un balcón natural desde el que se controla bien el horizonte. La gente ya no sube de los cortijos a hacer sus compras, pero en Níjar (Almería), villa coqueta y panorámica, todavía resiste una cultura artesana que le infunde el carácter único.
Ver Cromos
¡Juega y gana con los Cromos!
Ver Cromos

Toñi recuerda que, cuando de pequeña subía a Níjar con su madre para pagar la Seguridad Social, tenía la sensación de llegar a una gran capital donde había de todo. Ellas vivían en la zona de Campohermoso cuando aquello no era más que un puñado de cortijos desperdigados. Luego llegó el Instituto Nacional de Colonización, empezó a construir viviendas, aparecieron los invernaderos y, a estas alturas, Campohermoso se ha convertido en la capital de facto del municipio. Se ha llegado a plantear que el Ayuntamiento se baje al llano, pero lo mantienen arriba para quitarle peso a esta vieja villa fósil y encalada con aires magrebíes.

Llegada al pueblo.
Llegada al pueblo.

Antonia Rodríguez nos habla de sus recuerdos precisamente desde el mercado de abastos adonde subía a comprar la gente de los cortijos. Junto a la entrada a este edificio del año 1950, hay un olmo enorme con casi medio milenio a sus espaldas; “hacen falta cinco o seis personas para abrazarlo”, cuenta Toñi. El mercado se construyó sobre una vieja balsa de regulación de riego y una fuente de 1859. El agua ha vuelto a colonizar este espacio, que ahora es el Museo del Agua y la oficina de información turística en la que Toñi trabaja; la exposición nos habla de la historia de la región en paralelo a la de la explotación de sus recursos hídricos.

De camino a la Atalaya de Níjar

El viejo mercado de abastos, en pleno casco viejo de Níjar, se ubica junto a una de las postales más icónicas de la villa, la del Portillo, una callejuela con un arco que, probablemente, corresponda con una de las puertas de la muralla que rodeaba el casco viejo. Al cruzarlo entramos en el barrio de la Atalaya, aterrazado y panorámico. Aquí, como en todo el casco viejo, los vecinos tienen la obligación de mantener sus fachadas blanqueadas con perfiles ocres o azules, pero la mayoría no se conforma con la medida y les añade un toque de arte andaluz cubriéndolas de plantas.

El Portillo, acceso al barrio de la Atalaya.
El Portillo, acceso al barrio de la Atalaya.

El barrio toma nombre de la torre que lo corona. Aparentemente solitaria, si te fijas bien, alrededor se pueden intuir los restos de una antigua fortaleza y de la muralla que rodeaba la villa. La torre en cuestión, de casi siete metros de altura y cinco metros de diámetro, se construyó en época nazarí, ya en el siglo XIV, como medida de precaución después de que hubieran caído en manos cristianas ciudades como Priego de Córdoba o Alcalá la Real. Sin embargo, los vestigios musulmanes de la villa de Níjar son muy anteriores a esa fecha, al menos del siglo X, y perduran hasta la conquista cristiana de 1488.

Una de las calles tradicionales del pueblo.
Una de las calles tradicionales del pueblo.

A más de 400 metro sobre el nivel del mar, desde los miradores que hay a lo largo de la pasarela de subida a la atalaya, se entiende mejor el carácter estratégico de ubicación de Níjar: junto a las fuentes de agua del barranco de Huebro, con la posibilidad de desplegar espacios de regadío y en un emplazamiento ideal para defenderse y avistar posibles amenazas. La estampa de la rambla aterrazada, moteada de cultivos, y del pueblo también aterrazado, con su colección de azoteas morunas, es una de las mejores del cabo. Desde aquí la vista alcanza hasta el cabo de Gata y la bahía de Almería, mar de plástico mediante.

Hacia el barrio de los artesanos

La gente del cabo de Gata ya no sube a Níjar a comprar, más bien es al contrario, pero la villa todavía mantiene un pequeño pulso mercantil gracias a una resistencia de artesanos, sobre todo de alfareros, aunque también hay quien sigue trabajando la jarapa y el esparto. Vecina de la Casa del Agua, la Casa de los Artesanos es un pequeño museo etnográfico dedicado a estas artes, y creado por una asociación de vecinos nostálgicos de aquella época en la que casi todos sabían hacer casi todo, con apenas lo que les brindaba la tierra a un puñado de metros de su casa.

Juan Lores, de 21 años, sobrino de Lorenzo y nieto de Loli.
Juan Lores, de 21 años, sobrino de Lorenzo y nieto de Loli.
Taller de alfarería de Ángel y Loli.
Taller de alfarería de Ángel y Loli.

Nos abre las puertas José Jurado, uno de los principales promotores de este museo que se ubica en una antigua cuadra como las que solía haber en las plantas bajas de las viviendas. Hoy jubilado, Jurado se pasó 25 años trabajando de panadero del pueblo, pero también de albañil, pintor “y de lo que me ha tocado”. Siempre le gustó la restauración, así que empezó a rescatar piezas de los oficios tradicionales que estaba viendo desaparecer, y ahora las expone y explica como si fueran hijos suyos, apoyándose en unas pantallas en las que se reproducen reportajes etnográficos de las muchas cadenas de TV que ha visitado el pueblo.

Casa de los Artesanos con José Jurado.
Casa de los Artesanos con José Jurado.

En la zona baja del casco viejo se sitúa el barrio de los artesanos, que nos muestra una cara más real y contemporánea de la artesanía local. Avanzando por la calle de las Eras, se puede visitar la alfarería de Ángel y Loli, un taller tradicional donde ahora se ha puesto a los mandos Lorenzo Lores García, heredero sin querer de un negocio ancestral. “Que yo sepa, soy la séptima generación de alfareros en mi familia, pero podría haber más generaciones; no he tenido tiempo de indagar más allá”, cuenta este joven que no tenía entre sus planes seguir en el negocio, pero que acabó sucumbiendo a la presión de su madre.

Taller de alfarería de Ángel y Loli.
Taller de alfarería de Ángel y Loli.

Loli García está jubilada, pero después de toda una vida decorando cerámica (o “rameando”, como dice ella), le hace feliz pasarse un ratito por el taller todos los días a echar una mano y, sobre todo, a ver que el negocio sigue manteniendo unida a su familia. La cerámica de Níjar tradicional es vidriada y decorada de colores marrón, amarillo, verde y azul, que son los minerales que había en la zona. Ellos siguen más o menos la escuela local, aunque con diseños más modernos que son ya marca de la casa, como su arbolico, el correquetepillo, la estrella… Además de taller, es una tienda donde se puede comprar esparto y otras cerámicas típicas de Andalucía, aunque su principal atractivo es el hecho de poder venir a ver cómo trabajan el barro en vivo y en directo.

Vista de la atalaya al atardecer desde la azotea de la Casa del Cine.
Vista de la atalaya al atardecer desde la azotea de la Casa del Cine.

Junto a la iglesia mudéjar de Santa María de la Anunciación, en la plaza del Granero, la Casa del Cine es un alojamiento con encanto, con una decoración a caballo entre la de la casa de la abuela de Cuéntame y la de un cinéfilo de culto. Lo regenta Mayte Mirantes, una leonesa que, de niña, viajó mucho por la zona con su padre mientras este instalaba máquinas de hacer helados, y se acabó enamorando del cabo. Tras años de búsqueda, encontró esta joyita a la que bautizó así porque una de las habitaciones era la sala de proyecciones del antiguo cine del pueblo. Tiene un buen repertorio de anécdotas que nos cuenta desde una de las azoteas más privilegiadas de Níjar.

Te puede interesar