Miguel Cuesta

Urbanita que tira al monte, encontré en la bicicleta la velocidad justa para reparar en los detalles, la excusa perfecta para charlar con paisanos y el calor suficiente para pegarme chapuzones por oasis ibéricos. Me encanta probar cualquier rareza, pero al final lo que me pierde es una buena casa de comidas.

Del sueño de unir Madrid con el Atlántico solo quedan las ruinas del descabellado Real Canal del Manzanares. Pero entre la fuente de la Cibeles, diosa de la madre Tierra, y la de Neptuno, dios de los mares, a 350 kilómetros de la costa más cercana,...

Gredos y el Jerte son la tabla de salvación de la estepa que parten en dos. Un milagro en forma de aguas impolutas que el granito retiene en remansos sin comprometer su trasparencia. La pereza que pueda dar lanzarse de cabeza al frío desaparece...

Se quejan los recién llegados de que la ciudad no lo pone fácil, que no hay ni mar ni montaña al que aferrar el sentido de la orientación. Cuánta razón. Las calles se desparraman por un terreno incierto donde no está claro qué es arriba y qué abajo....