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Nos gusta tanto nuestro querido país vecino que nos queremos quedar con él… casi literalmente. Esa arquitectura de azulejos e iglesias de estilo manuelino lo delatan: estamos a un paso de Badajoz, pero Portugal se respira en un pueblo cuya soberanía aún reclaman los lusos. Para entender esta doble identidad de Olivenza, resulta imperdible visitar el Museo Etnográfico y recorrer lo que queda del recinto amurallado, donde los nombres de las calles lucen azulejos bilingües en castellano y portugués. Como gran tesoro escondido, la Biblioteca, que custodia una valiosísima colección bibliográfica lusa (con ejemplares que van desde el siglo XVI hasta el XIX). Para terminar la visita, recomendamos dejarse caer por el embarcadero de Villareal, a orillas del Guadiana y descubrir el encanto natural de este río que conecta paisajes y patrimonios de dos naciones.
También conocida como "Sevilla chica" por su elegancia renacentista, Zafra seduce con sus dos plazas conectadas: la Plaza Grande, monumental y porticada, y la Plaza Chica, más íntima y con sabor local. El alcázar de los Duques de Feria, convertido en Parador Nacional, domina la silueta del pueblo y conserva intacto su esplendor histórico.Además del patrimonio, Zafra bien vale una visita por su jamón ibérico de bellota -la localidad pacense celebra cada año una feria internacional que atrae a expertos de toda Europa- y para rematar: la quesería Jarropa y Sita, en pleno centro, ofrece productos artesanales de la dehesa extremeña, destaca el Jabaíno, un queso de medalla de oro.
La silueta de Jerez de los Caballeros es inconfundible: torres barrocas que emergen entre encinas y un castillo templario que recuerda el poder de la orden medieval. Este pueblo fue baluarte de los Caballeros Templarios hasta su disolución en 1312, y su legado se respira en cada rincón. Las iglesias de San Bartolomé, San Miguel y Santa Catalina compiten en belleza con sus torres con azulejos de colores. Desde el castillo, las vistas de la dehesa son espectaculares. Además, Jerez es cuna del descubridor Vasco Núñez de Balboa, que tiene aquí una casa museo que merece la pena . Si vas en diciembre, no dejes la oportunidad de ver el curioso belén bíblico, uno de los más grandes del mundo con 15.000 figuras.
En Medellín -sí, seguimos de Badajoz- tampoco andan cortos de personajes históricos y grandes conquistas. De aquí es Hernán Cortés, conquistador de México, y mucho, mucho antes ya se hablaba de este pueblo donde los romanos dejaron huella con un teatro del siglo I a.C. que sigue en pie o un espectacular puente sobre el Guadiana. No dejes de callejear por su casco histórico o visitar el castillo medieval, encaramado sobre una colina junto al río, con unas vistas inmejorables. Hay muchos motivos para visitar Medellín y entender cómo un lugar tan pequeño pudo alumbrar hazañas tan grandes.
Si hay un pueblo en Badajoz donde el vino es cultura y no solo excusa para el tapeo o la sobremesa, ese es Almendralejo, capital del vino de Extremadura. Con bodegas con más de un siglo de historia y el Museo del Vino que explica por qué aquí se toman tan en serio esto de las uvas. Sus calles conservan arquitectura modernista de principios del XX, herencia de la prosperidad que trajo el comercio del vino. Además, tiene un espectacular teatro a la italiana (el Carolina Coronado) y es la cuna del famoso poeta español Espronceda. Pero la gran sorpresa es el cava extremeño, un espumoso de calidad elaborado que está ganando prestigio y con razón. Parada obligatoria para quien aprecie una buena copa.
Muy cerca de Almendralejo está Fuente del Maestre, que sorprende con su elegante casco histórico declarado Bien de Interés Cultural. Su joya es la iglesia parroquial de la Candelaria, del siglo XVI, con portadas platerescas y un retablo mayor del XVIII, además de un órgano barroco de 1807 aún en funcionamiento. En la Plaza del Corro destaca el Palacio mudéjar del Gran Maestre y una fuente restaurada que da nombre al pueblo. Las calles rectas y espaciosas conservan casas blancas con blasones y curiosos "torrejones" (torres de antiguos molinos de aceite) que sobresalían por encima de los tejados.
Quizá no salga en todas las guías de viaje de la provincia de Badajoz pero Don Benito tiene más de un as en la manga. Además de casas señoriales del siglo XVIII y XIX que reflejan el esplendor de una burguesía agraria que hizo fortuna en estas tierras Guadiana, destaca la iglesia de Santiago Apóstol y la la Casa de Cultura, obra del arquitecto Rafael Moneo (sí, el del Premio Pritzker). Más curioso todavía es el Partenón ecológico: una réplica del templo griego construida con materiales reciclados (sus 34 columnas son tubos de regadío cedidos por la Confederación Hidrográfica del Guadiana).Su posición estratégica lo convierte en base perfecta para explorar la zona: está a unos 50 kilómetros de Mérida, la capital extremeña y también queda muy cerca el embalse de La Serena, el más grande de España y tercero de Europa. Este auténtico "mar de interior" es ideal para practicar deportes acuáticos o si eres más tranquilito contemplar más 13.000 hectáreas de agua.
Capital de la campiña sur de la provincia, Llerena fue sede del Tribunal de la Inquisición desde 1508 hasta su abolición en el siglo XIX, lo que la convirtió en uno de los lugares poco apetecibles para aquella época. La cosa ha cambiado y ahora Llerena bien merece un paseo. Destaca el Palacio de los Zapata, que albergó las dependencias del Santo Oficio. Su Plaza Mayor porticada es una de las más hermosas de Extremadura, y sus iglesias mudéjares, palacios renacentistas y conventos conforman un conjunto que merece la pena. La iglesia de Nuestra Señora de la Granada, con su impresionante retablo barroco, y el convento de Santa Clara son paradas imprescindibles. Y ya que visitas el convento, no te vayas sin probar los dulces artesanales del obrador de las monjas clarisas, con recetas centenarias que endulzan la vida desde hace generaciones.
El castillo de Luna de Alburquerque es una auténtica maravilla medieval que cumple todas las expectativas de lo que debería ser una fortaleza de verdad. Encaramado en lo alto de un cerro y rodeado por un mar infinito de alcornoques, este pueblo fronterizo cambió tantas veces de manos que terminó convertido en una plaza inexpugnable. El barrio gótico de "Villa Adentro" conserva calles empedradas y la iglesia de Santa María del Mercado. Los alrededores del pueblo esconden otro castillo, el de Azagala, que aunque está en ruinas sobre un embalse ofrece una singular estampa.
En plena Sierra Morena, Fregenal de la Sierra presume de un patrimonio que justifica su declaración como Conjunto Histórico-Artístico. Su gran joya es el castillo templario del siglo XIII, con siete torres y una peculiaridad que no verás en ningún otro sitio: en su interior alberga tanto una plaza de toros del siglo XVIII como un mercado de abastos modernista. Pasea por su casco antiguo para descubrir tesoros como el retablo renacentista de la iglesia de Santa Ana o la techumbre mudéjar de Santa Catalina. A seis kilómetros, el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios se alza en plena dehesa, donde pasta el cerdo ibérico que da fama mundial al jamón de Fregenal. No te pierdas el yacimiento romano de Nertóbriga ni el Festival Internacional de la Sierra si pasas por allí en agosto.
En el extremo sureste de Badajoz, Azuaga custodia un importante patrimonio megalíticos: menhires de pizarra negra como el de La Cardenchosa y una treintena de dólmenes prehistóricos. Pero su legado no se queda en la prehistoria. El Conjunto Histórico de Azuaga combina arquitectura mudéjar, barroca y neoclásica en un paseo que incluye la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, el templo más grande de la provincia después de la Catedral de Badajoz, las ermitas de la Merced y del Cristo del Humilladero, y el Museo Etnográfico instalado en el antiguo Teatro Cine Capitol de estilo modernista. Sobre el pueblo, las ruinas del castillo de Miramontes vigilan desde lo alto.
En plena comarca de Tentudía, Segura de León se extiende por dos colinas dominadas por un imponente castillo medieval del siglo XIV que perteneció a la Orden de Santiago y es uno de los mejor conservados de Extremadura. Desde sus murallas y torres se contemplan vistas espectaculares de la dehesa extremeña. Pero hay más: la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción guarda un cuadro de Valdés Leal y un órgano barroco del siglo XVIII, mientras que el Convento de San Benito esconde pinturas franciscanas y un precioso claustro de dos plantas. Lo más impactante es el Cristo de la Reja, una talla del siglo XVI colgada a siete metros de altura sobre una gran reja de forja que da nombre al santuario y es el centro de las famosas Capeas de septiembre, declaradas Fiesta de Interés Turístico.
No lejos de Zafra, Burguillos del Cerro se reconoce desde kilómetros por la silueta de su castillo del siglo XIII. Esta fortaleza cuadrangular con cuatro torres perteneció a los Caballeros Templarios y es el monumento más emblemático de un pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico. En su interior funciona el Centro de Interpretación de la Orden del Temple, ideal para visitar con niños. Callejeando por sus casas blancas se llega a la Plaza de la Misericordia, con su ermita del XVI y el Pilar Grande (dicen que lavarse los ojos aquí a medianoche del 3 de mayo protege la vista todo el año). La antigua iglesia templaria de Santa María de la Encina alberga ahora el Centro de Interpretación de la Arquitectura Popular Extremeña, y en la Plaza Alta destaca la Casa del Corregidor del siglo XVI, que fue cárcel y hoy muestra piezas arqueológicas.
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