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Vistas del Sagrado Corazón desde la Carretera de Las Ermitas con la ciudad de Córdoba a los pies.

Ruta de las Ermitas: un paseo por la sierra cordobesa

La ruta donde Córdoba se vuelve silencio

Actualizado: 08/05/2026

Fotografía: Javier Portero

La subida a Las Ermitas, en la Sierra de Córdoba, una de las rutas que forman parte de los recuerdos de infancia de muchos cordobeses, es una mezcla de historia, naturaleza y espiritualidad donde la ciudad queda abajo, difuminada. Un paseo perfecto para escapar un rato de la ciudad.

Que la estatua centenaria del Sagrado Corazón de Jesús —ese Cristo colosal que vigila la ciudad de la Mezquita y se ilumina cada noche— haya sobrevivido a tres rayos, siendo esta su tercera versión (la última reconstrucción data de 1969), le confiere al conjunto un halo casi protector, como si custodiara no sólo la ciudad, sino también a quienes deciden ascender hasta él.

Los cordobeses pasan el domingo paseando por los senderos que ascienden a Las Ermitas.
Los cordobeses pasan el domingo paseando por los senderos que ascienden a Las Ermitas.

Pero no es este misterio lo que verdaderamente impulsa a emprender la ruta, sino la riqueza natural que envuelve todo el recorrido. Nos adentramos en un monte mediterráneo donde conviven encinas milenarias, algarrobos robustos y acebuches retorcidos, sobre un cerro declarado Yacimiento de Interés Científico por la abundancia de fósiles del Cámbrico (hace aproximadamente unos 500 millones de años). Un paisaje que guarda, literalmente, millones de registros e información bajo nuestros pies.

Ermita de Nuestra Señora de Belén, a la entrada del conjunto monumental.
Ermita de Nuestra Señora de Belén, a la entrada del conjunto monumental.

El destino es Las Ermitas, un conjunto religioso fundado en 1699 y declarado Bien de Interés Cultural, formado por trece pequeñas ermitas, la iglesia de Nuestra Señora de Belén y la imponente escultura que corona el cerro. Sin embargo, el verdadero viaje no está en la llegada, sino en la subida. Ascender aquí es como ir desconectándose poco a poco del ruido. La ciudad queda atrás sin prisa y el caminante elige su ritmo y la intensidad: desde la exigente pero accesible Cuesta del Reventón —unos tres kilómetros— o desde el Parado de la Arruzafa, a través del Parque del Patriarca (Sendero 5: SL-A 93. Las Ermitas), donde numerosos caminos, como la pedregosa Senda de las Víboras, proponen una experiencia más salvaje, con diez kilómetros de naturaleza y una subida que salva 300 metros de desnivel.

Una familia celebra un cumpleaños bajo la sombra de los árboles en el Parque del Patriarca.
Una familia celebra un cumpleaños bajo la apetecible sombra de los árboles en el Parque del Patriarca.

Otra opción, sobre todo si vas con niños, es pasear por los encantadores senderos del Parque del Patriarca, entre escenas cotidianas que parecen sacadas de un cuento: familias celebrando al aire libre, niños en bicicleta, jinetes cruzando los caminos, el aroma de los peroles bajo la sombra de los alcornoques…, y después dejar el coche en el aparcamiento, justo donde comienza la Cuesta del Reventón, para realizar la ruta hasta Las Ermitas y disfrutar de los miradores y curiosidades que vas encontrando por el camino.

A por la Cuesta del Reventón

Su nombre no engaña. Según la tradición, nació del esfuerzo –y muerte– de un caballo del séquito de Alfonso XIII cuando este quiso visitar Las Ermitas. Sí, anticipa una subida exigente que asciende desde los 307 hasta los 466 metros, pero que puede hacerse paseando en horas en las que el calor no apriete. A cambio, regala algunas de las panorámicas más bellas de Córdoba, con el valle del Guadalquivir, la campiña extendiéndose al fondo, las Sierras Subbéticas y, en días claros, incluso Sierra Nevada dibujándose en el horizonte.

Pareja caminando por sendero.
La Cuesta del Reventón está conectada por decenas de senderos con el Parque del Patriarca.

El camino huele a tierra húmeda. Las lluvias recientes han despertado una explosión de vida: margaritas, retamas, campanillas lilas… El aire vibra con el sonido de pájaros e insectos, componiendo una banda sonora constante. Entre las ramas, especies como el alcaudón común o el herrerillo encuentran aquí su refugio.

Flor del Matagallo.
La flor del Matagallo salpica de color todo el camino.
Detalle de la hoja del Lentisco, una de las plantas más habituales durante el camino.
Detalle de la hoja del Lentisco, una de las plantas más habituales durante el camino.

A medida que avanzamos, aparecen pequeñas construcciones que canalizan el agua de lluvia desde la ladera, cruzando el propio sendero. La pendiente no da tregua y, sin embargo, nos cruzamos con numerosos ciclistas que descienden con soltura, aprovechando las rampas que suavizan los pasos sobre los cauces construidos en piedra.

El Mirador de Antonio López

A mitad de camino, una pausa imprescindible: el mirador dedicado a Antonio López, defensor de los caminos públicos de la Sierra de Córdoba, como así señala un monolito dedicado a su figura. Desde aquí, el paisaje se abre y el tiempo parece detenerse. Mariposas de colores cruzan el aire y, por un momento, todo invita a quedarse.

Pareja disfrutando de las vistas de Córdoba.
Durante todo el trayecto las vistas de la ciudad de Córdoba son increíbles.

El sendero cambia entonces de textura. La tierra rojiza da paso a la piedra caliza, que emerge en grandes lajas irregulares. Caminamos sobre un terreno que se formó hace unos 550 millones de años, en un escenario geológico de origen volcánico. Buscamos fósiles entre las rocas, aunque el sol del mediodía nos recuerda que aún queda camino. Un pequeño manantial se desliza por la roca y aprovechamos para refrescarnos con su agua. Es uno de esos detalles mínimos que convierten esta ruta en un momento mágico. Y aunque hacemos en este punto otro alto en el camino, seguimos ascendiendo.

Fuente de Los Pobres.
Fuente de Los Pobres, en el acceso al Sendero de Los Pobres.

Un desvío discreto lleva al llamado Camino de los Pobres. Allí aparece la fuente de Las Ermitas, abrazada por una hiedra monumental cuyas raíces parecen fundirse con la piedra. Este sendero enlaza con una escalinata de madera, que hemos visto anteriormente señalizada como una especie de alternativa que ataja la subida, y que ahora vuelve a presentarse para evitar el último tramo de la cuesta. Finalmente, la carretera anuncia la proximidad del destino. Pero aún queda un último esfuerzo: los 500 metros acompañados por las catorce cruces del Vía Crucis que conducen hasta la Ermita de Belén. Pero, sin prisas, volvemos a aprovechar para admirar las vistas.

Último tramo de carretera, 500 metros antes de alcanzar el destino.
Último tramo de carretera, 500 metros antes de alcanzar el destino.
Una de las 14 cruces del Via Crucis de la Carretera de las Ermitas.
Una de las 14 cruces del Via Crucis de la Carretera de las Ermitas.

Arriba, el paisaje se abre como una revelación. Córdoba se extiende a lo lejos, mientras la sierra respira en calma. El conjunto de Las Ermitas (consultar horarios en la web) conserva ese aire de retiro espiritual que ha atraído durante siglos a quienes buscaban silencio y alimento. Fueron una serie de ermitaños los que las habitaron –desde 1957 están regentadas por los Carmelitas Descalzos–. De hecho, el Camino de los Pobres, por donde iniciaremos la bajada aprovechando su conexión con la pasarela de madera, recuerda que hasta aquí, y por este mismo sendero, ascendían antiguamente familias que buscaban la ayuda de los ermitaños, conocidos por su labor solidaria.

La pasarela de madera es una alternativa más corta para el ascenso hasta el conjunto monumental.
La pasarela de madera es una alternativa más corta para el ascenso hasta el conjunto monumental y conecta con el Camino de los Pobres.

Hoy, el camino sigue ofreciendo algo valioso: una sensación de ligereza, como si uno dejara atrás algo más que metros de desnivel, las exigencias de la ciudad, el ruido… Cuando vuelvas a mirar la ciudad desde abajo, ten por seguro que algo habrá cambiado.

Ruta de las Ermitas: un paseo por la sierra cordobesa

INFORMACIÓN PRÁCTICA:

Desde lo más alto, las vistas son un regalo. En la misma Ermita encontrarás posibilidad de aparcar el coche. El horario general de visita a Las Ermitas de Córdoba es de miércoles a domingo, con apertura de 10:00 a 13:30h. Los viernes, sábados, domingos y festivos, también abren por la tarde, de 16:30 a 18:30h. El complejo permanece cerrado al público los lunes y martes.

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