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Cuando una se encuentra frente a la puerta blanca de una fachada hermética del centro de Córdoba, no imagina que tras ella se abra un patio empedrado con columnas y arcos del siglo XV, ni que estos sostengan un hotel boutique de arquitectura limpia y aire moderno. ‘Viento10’, a poquísimos metros de ese luminoso paseo de la Ribera que acompaña al río Guadalquivir, es un alojamiento familiar que ha conseguido equilibrar historia, diseño y funcionalidad, sin más pretensión que la de dar cobijo íntimo a los viajeros.
Además, es fruto de un sueño. Y de una casualidad. Gerardo Holgado se enamoró de una casona en venta cuando paseaba por su propia ciudad, con la ilusión de, no solo abrir, sino construir un hotel casi aparcada en un cajón. Dentro, una estructura a las que las sucesivas obras habían despojado de su encanto, cobijaba a un luthier y a su mujer, concertista de chelo. La música dio pronto paso al ruido de unas obras que consiguió iniciar cuando se asoció con un matrimonio amigo del suyo y que culminaron en 2011 con la apertura del alojamiento.
Habían pasado seis años. “El mal estado de la casa hizo que tuvieran que trabajar mucho en ella. Además, pasó de ser una casa corriente a una casa con elementos arquitectónicos de valor arqueológico, sorpresas que tuvieron que sortear”, cuenta otro Gerardo, el hijo del primero, quien gestiona el hotel en contacto directo y cálido con los huéspedes. Las dos parejas se remangaron y picaron, pintaron y restauraron un edificio en cuya conceptualización, su padre -abogado ya jubilado, pero amante de la arquitectura y del diseño de interiores desde niño- tuvo mucho que ver.
Inauguraron con ocho habitaciones de distintos tamaños, aunque amplias en su mayoría, que rompen el blanco imperante con colores vivos y notas contemporáneas. Algunas dan al patio; otras, a las callejuelas que rodean el hotel, de las que de vez en cuando llegan los ecos de las voces de locales y extranjeros. Hace poco sumaron otras dos, en las que han puesto toda la carne en el asador.
Destaca la Estudio Jardín, una espaciosa habitación de techos altos y materiales cálidos ubicada en la última planta, desde la que la mirada se pierde por encima de los jardines vecinos. Cuenta con cocina, una suntuosa cama y un ambiente que hace las veces de comedor. El mobiliario de madera clara de Kave Home y las estilizadas lámparas de Vibia aportan notas contemporáneas a un alojamiento que sigue dialogando con su pasado. El resultado, en esta suerte de suite, es fabuloso.
La casa, que parece haber sido planeada por módulos, esconde rincones acogedores y serenos al girar en cualquiera de sus esquinas. En la planta baja, un luminoso salón acristalado da a la piscina de agua salada y de corte minimalista, más que apetecible en los veranos cordobeses. Hay también un espacio con agua y café a disposición de los clientes y un pequeño hammam oculto gratuito. Arriba, allá donde los tejados de la ciudad y las torres de las iglesias comparten el horizonte, la azotea del hotel hace las veces de solárium.
Repartidos por algunas estancias, coloristas tapices de la gaditana Rocío Moreno (de la conocida firma La Meridiana), obras de la hermana de Gerardo, Adela, estanterías de obra con los libros que dejan los huéspedes tras su visita. Y es que en el hotel 'Viento10', la televisión brilla por su ausencia: “Si la hubiera, cada espacio tendría que girar entorno a ella, y no queríamos que fuera el centro”, explica. “Algunos se quejan, pero no es nuestro espíritu”.
También hay quien se cuela en verano, cuando mantienen las puertas abiertas para que circule el aire: “Es entonces cuando nos encontramos con personas muy mayores en el patio y nos cuentan que vivían aquí o que conocían a alguien que vivió aquí. Una de ellas, por ejemplo, nos dijo que compartía con sus seis hermanos el pequeño salón en el que hoy servimos los desayunos”, relata Gerardo, aún sorprendido de que aquello fuera posible.
Ese espacio, el del desayuno, es una especie de pasillo que se abre al patio. En él, sirven yogur casero, zumo de naranja recién exprimido o bizcocho horneado allí mismo. Irene, quien se turna con Gerardo en la recepción, a veces tiene tiempo y prepara leche merengada, que no duda en ofrecer a los huéspedes. La suya es una oferta limitada, pero gustosa.
Siguen invirtiendo. El hotel está en constante ampliación. Han comprado el edificio contiguo y sumará cinco nuevas habitaciones. Gerardo padre quiere iniciar las obras dentro de algunos años; Gerardo hijo, cuanto antes: “Quiero aprovechar todo lo posible las ideas de mi padre, su visión del hotel. Hacer un poco cada año. Quién sabe cómo va a ser el mundo dentro de cinco años, si va a haber turismo, si vamos a estar aquí”.
Hoy, una familia madrileña al completo ocupa varias de las habitaciones. Ocupan el salón, fotografían el patio: parejas catalanas, alguna francesa, todas con sus entradas para visitar después la imponente Mezquita, recorrer la Judería o cruzar el Puente Romano hacia la otra margen del río. La ciudad del Califato siempre espera al viajero y lo cobija en sus rincones. También en este, que una vez, como Córdoba, fue un sueño.
HOTEL 'VIENTO10'. Calle Ronquillo Briceño, 10, Córdoba Tel: 744 65 57 32
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