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Las comarcas del Maestrazgo, la Plana Alta y Els Ports, aúnan belleza, tradición y montañas. Una singularidad y riqueza etnográfica privilegiada entre la costa mediterránea y el interior más montañoso del norte de Castellón. La riqueza natural y las tradiciones se han conservado aquí durante siglos. Son varios los pueblos de estas comarcas castellonenses que celebran las fiestas en honor a San Antoni en el mes de enero, reflejando la importancia de las fiestas del fuego dentro del patrimonio cultural mediterráneo.
La primera referencia a la fiesta de San Antonio Abad, San Antón o San Antoni, se remonta al siglo XIV según los documentos del sínodo del obispo de Tortosa Francesc de Paholach, realizado en 1311. En los pueblos del norte de la Comunidad Valenciana, en las llamadas santantonadas, se celebran festivales de fuego que combinan el sentimiento pagano y la devoción al santo con el fuego, símbolo de purificación y renovación. La tradición pagana que celebraba el solsticio de invierno se convierte así en la festividad cristina de San Antón, patrón de los animales. Por eso, esta tierra agrícola y ganadera busca la bendición del santo, siguiendo fieles al paso de los animales junto a las llamas. El fuego para incitar a la tierra a dar buenas cosechas y la veneración al santo para que proteja al ganado; ambos elementos funcionan como sincretismo popular en esta fiesta donde el fuego simbolizaba, ya desde el medievo, la lucha contra la oscuridad y el mal, protegiendo de enfermedades.
En Vilanova D´Alcolea, un municipio de apenas 600 habitantes, la noche del 17 de enero todas las calles del pueblo arden literalmente. Más de 2000 personas se congregan para correr y saltar el fuego junto a caballos y jinetes. La santantonada, que siempre se celebra el sábado más cercano al 17 de enero, se inicia con la “hoguera de los mayorales”, es decir, los vecinos de la calle que ese año organizan la fiesta, que es prendida junto con otros elementos pirotécnicos al atardecer en el campo de futbol.
Tras la cena, podemos ver cómo jinetes y amazonas acicalan a los caballos con flores y trenzan sus crines y cola para evitar que se les quemen. Los animales son engalanados con hermosos tapetes bordados, los mismos que se utilizaban antaño en las casas para las ocasiones especiales y que han pasado generación tras generación. Cuando están listos los caballistas se acercan a la iglesia, cuya plaza ya está completamente abarrotada. Allí el cura al grito de Visca Sant Antoni! anuncia el comienzo de la Matxà, la procesión sobre el fuego.
Las calles del pueblo arden con hogueras de aliagas en hileras que incendian todo el tramo urbano. Aquí se produce el paso de los caballistas por las barreras de fuego dispuestas por todo el recorrido, atravesándolas sin que ninguna valla ni indicación separe a la gente de las llamas, ni limite el espacio para caballos o personas. El pueblo se tiñe de rojo, y humo y fuego rompen la fría noche. La gente corre o camina pegada a las paredes buscando refugiarse del fuego mientras otros asistentes saltan las llamas encapuchados. Entre el humo se ve como un caballo llega arrastrado por las riendas y pasa entre las llamas. Los jinetes continúan saltando el fuego hasta dar tres vueltas a la iglesia. La adrenalina cada vez es mayor para los locales y visitantes que ese día inundan Vilanova D´Alcolea, corriendo tras los caballos en esas calles incendiadas. Las caballerizas recorren todas las callejuelas, cruzando las hogueras y llevando el estandarte de Sant Antoni, produciendo momentos de gran belleza e incluso cierto peligro en esta catarsis colectiva.
Después de la Matxà se produce el Tropell, una carrera en la que los jinetes participan montando a caballo sin silla. La carrera no tiene una ruta determinada, pero finaliza en la calle de los mayorales, donde caballos y caballistas tienen que servirse de su astucia para conseguir cuantos más pasteles de coca les sea posible. La coca son unos dulces tradicionales de San Antoni con almendra y azúcar que estos valientes y acalorados animales comen ávidamente. El ganador se lleva un pollo vivo a casa. Tras el tropell termina la fiesta y el pueblo se preparar para la discomóvil. Los visitantes volvemos a casa con el corazón desbocado, olor a humo y la sensación de que hemos vivido una noche apocalíptica. Un año más, Vilanova d'Alcolea ha vuelto a desafiar al fuego con su tradicional celebración de Sant Antoni Abat. ¡Visca San Antoni!
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