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Corría el año 1906 cuando la llegada de la reina Victoria Eugenia instauró de manera oficial el protocolo del té británico en los palacios reales españoles. Ella introdujo la costumbre de reunir a las damas de la corte para disfrutar de una merienda con variedades de té de la India y Ceilán, acompañados de repostería inglesa, como scones y finger sandwiches. A raíz de esta influencia real, los hoteles de lujo que se inauguraron en esa época en Madrid, como el Ritz, empezaron a ofrecer salones de té específicos, convirtiendo este ritual en un punto de encuentro clave para la alta burguesía y la diplomacia.
Más de un siglo después, el hoy Mandarín Oriental Ritz sigue ofreciendo el afternoon tea. “Es un homenaje a César Ritz, que fue el primero en instaurar este té de la tarde en Madrid para atraer a la alta sociedad de principios del siglo XX fuera de los horarios habituales”, explica Alia Patiño, subdirectora del establecimiento. Eso sí, lo hacen en una versión más moderna, que incluye colaboraciones, como la reciente con la joyería francesa Chaumet: “para lanzar su colección Bee hicimos una carta con muchos toques dorados, abejas y miel”, comenta Patiño.
La nueva propuesta de la carta, que puede disfrutarse desde septiembre, es un homenaje al Triángulo del Arte que rodea al hotel. Así, las creaciones de la jefa pastelera Lidia del Val y el jefe de cocina Brian Rodríguez, con la supervisión del chef Quique Dacosta, se inspiran en famosos cuadros de Velázquez, El Bosco, Goya y El Greco.
Usando la fórmula anglosajona más tradicional, en la que no puede faltar el toque dulce y salado, la ceremonia comienza con una selección de aperitivos que recuperan algunos de los grandes clásicos del afternoon tea, como el salmón escocés ahumado sobre brioche artesanal, el lobster roll de bogavante, el huevo mimosa con caviar imperial, el roast beef de solomillo de ternera o el tradicional sándwich de pepino y eneldo.
Respetando la esencia de uno de los momentos más reconocibles del ritual británico, a continuación llegan los imprescindibles scones, o panecillos dulces, típicos de la cocina inglesa pero originarios de Escocia. Aquí se elaboran en las cocinas de la casa, con y sin pasas, y se sirven recién horneados y acompañados de lemon custard (una crema de limón similar a la usada como relleno de tartas), clotted cream (a medio camino entre una nata montada muy densa y la mantequilla suave), mermelada artesanal de violetas y una selección de mermeladas caseras de fruta de Las Doñas, con sabores tan originales como limón con canela o melocotón con lavanda.
La parte dulce es la que introduce ese vínculo directo con el patrimonio artístico de Madrid a través de una selección de pastelería inspirada, principalmente, en obras del Museo del Prado. Entre las creaciones destacan el Saint-Honoré (emblemático pastel francés de hojaldre, pasta choux, crema y caramelo) con forma de menina de Velázquez; el flan parisien de hierba luisa y limón, inspirado en El jardín de las delicias, de El Bosco; la charlotte de ruibarbo, fresas y champán, inspirada en La duquesa de Alba, de Goya; el algodón tropical, inspirado en El Buen Pastor, también de Goya; y el bocado de chocolate guanaja, cacahuete y vainilla de Tahití, inspirado en El caballero de la mano en el pecho, de El Greco.
Todo el recorrido se acompaña de una cuidada, pero amplia, selección de tés de origen inglés y oriental, incluido el exclusivo Weekend Shanghay, que —nos explican— sólo puede degustarse en este lugar. Para los más cafeteros, también hay opciones barista, además de una propuesta de chocolate a la taza, elaborado con un 70% de cacao puro, procedente de Venezuela y Santo Domingo, con aroma intenso y un ligero toque afrutado, que también se sirve únicamente en el Mandarín Oriental Ritz Madrid.
Una experiencia que recupera la esencia de una ceremonia clásica, reinterpretándola desde la gastronomía y el arte de esta ciudad, y que se sirve en una bandeja de varios pisos, acompañada de una preciosa vajilla de porcelana. Se puede disfrutar en el corazón de uno de los hoteles más lujosos y con más historia de la capital, bajo la recuperada cúpula acristalada del Palm Court, y de lunes a domingo en dos turnos, a las 16:00 h y a las 18:00 h, por un precio de 60 € por persona.
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