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Frente a la Plaza de Santiago en Cáceres, la fachada renacentista del Palacio de Godoy impone con su gran arco clásico del siglo XVI, sus escudos heráldicos y su emblemático balcón de esquina de Pedro de Marquina. Reconvertido en septiembre de 2025 en un hotel Curio Collection by Hilton de cinco estrellas, cruzar su puerta nos invita a iniciar un tornaviaje entre la ciudad extremeña y Perú, que comienza con una colorida colección de gorras de Montehermoso que nos hace detenernos con curiosidad.
“Las gorras de Montehermoso simbolizan los distintos estados civiles de la mujer: soltera con espejito para buscar marido; casada o clavelera con el espejo roto o tapado; y viuda en color negro”, desvela Jaime Garrido, director del hotel. “También representan para nosotros el concepto del tornaviaje, ya que los gorros de paja originales viajaron a Sudamérica en la época de Pizarro y regresaron siglos después impregnados de vivos colores de estética andina”, añade el director, que aprovecha para darnos unas pinceladas del origen de este palacio.
"Francisco de Godoy participó en la conquista de Perú a las órdenes de Francisco Pizarro y llegó a ser el primer alcalde de Lima. Tras hacer fortuna, regresó a su ciudad natal, Cáceres, y mandó construir este palacio en 1548". Junto a las gorras de Montehermoso, hay esculturas de madera hechas por artesanos peruanos, y en el claustro, varias obras abstractas del portugués Pedro Calapez cuyos colores vuelven a contrastar sobre la piedra antigua del edificio.
“El arte contemporáneo se integra en la historia del Palacio de Godoy como una galería viva que conecta el pasado arquitectónico del edificio con el presente cultural de Cáceres y de Perú”, cuenta Jaime, que también destaca varias piezas del artista Gorka Chillida -nieto del escultor Eduardo Chillida- repartidas en las escaleras, recepción y zonas de paso; o la colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear de donde también traen colecciones que exponen de forma temporal. Fernando Palazuelo, impulso del proyecto de rehabilitación del hotel y casado con la peruana Micaela Belmont, también ha aportado piezas de su colección privada al hotel.
El interés por el arte, el mestizaje y la artesanía también se cuela en las 73 habitaciones del hotel con tapizados peruanos, pintados e hilados a mano que adornan los cabeceros de las camas; y en los mosaicos decorativos de las habitaciones diseñados por la artista local Laura Barroso. Elementos que destacan en estancias con grandes ventanales, paredes y techos pintados en colores tierras y donde la madera combina con la piedra tallada a mano de lavabos y bañeras. Detalles como los smart toilets en algunas habitaciones dan un plus a la experiencia.
Varios jarrones de barro y otras piezas de alfarería extremeña hecha por artesanos de Torrejoncillo y Mérida adornan los pasillos. “Todo el hotel se ha diseñado con un concepto de lujo pausado, donde la arquitectura histórica del palacio dialoga con el confort del siglo XXI y el arte”, apunta el director, que celebra la recuperación del esplendor de este edificio que antes de ser abandonado funcionó entre los años 43 y 73 como centro de maternidad; y después como edificio institucional de la Junta de Extremadura. “Se conocía como La Casa de la Madre y durante esos 30 años nacieron aquí unas 24.000 personas”, cuenta Jaime como anécdota. En el jardín hay una pequeña placa que recuerda a todas las generaciones que nacieron entre estos muros.
Dos alas de nueva construcción amplían el edificio histórico y delimitan un agradable jardín interior diseñado por el paisajista Álvaro de la Rosa, que mezcla la flora autóctona con las americanas con la idea de evocar los jardines de Lima de los siglos XVI y S.XVII. Un pequeño oasis en pleno casco histórico de Cáceres rodeado de fuentes donde sentarse a tomar un vino y relajarse con el sonido del agua corriendo. Desde aquí también se accede al Bar Virú, que ofrece buenos cócteles de autor y una carta informal con platos como el ceviche peruano de corvina, el lomo saltado de solomillo o la pinsa extremeña de masa madre.
El restaurante Mamay Aldana, al que también se puede acceder desde el jardín sin necesidad de cruzar por el hotel, es la apuesta gastronómica del Palacio de Godoy. Tras los fogones, el cocinero Carlos González propone una carta y dos formatos de menú que fusiona la cocina extremeña con la peruana en un viaje transatlántico que rememora lo que podría haber comido el conquistador español durante su travesía y desembarco. Bocados como el bollo crujiente de morcilla de Guadalupe; el carpaccio de bacalao salado con hinojo, granada y caviar; o la papada curada y calamar son algunos de sus platos. En la sala contigua, un desayuno buffet muy cuidado con productos de la tierra es el mejor comienzo del día.
La hora del atardecer invita a subir a la última planta del palacio y sentarse en la terraza panorámica de su rooftop. El perfil del casco histórico, con la iglesia de Santiago a pocos metros, se enmarcan en un paisaje protagonizado por la campiña extremeña y la colina del Santuario de Nuestra Señora de la Montaña. Una tabla de ibéricos y quesos con una copa de vino acompañan el momento de despedir el día en un entorno mágico.
HOTEL PALACIO DE GODOY. Calle Godoy, 1. Cáceres. Tel. 927 153 332.
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