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La piscina del Parador y sus vistas al puerto.

Una noche en el Parador de Ibiza, el primero de las islas Baleares

El lujo de dormir en Ibiza entre 2000 años de historia

Actualizado: 21/07/2026

Fotografía: Sofía Moro

Enclavado en lo más alto de Dalt Vila, en el antiguo Castillo de la Almudaina, el Parador de Ibiza ha abierto este año sus puertas tras una meticulosa rehabilitación de casi dos décadas. Un alojamiento majestuoso que invita a dormir entre vestigios arqueológicos de más de 2000 años de historia. En su patio de armas se exhiben  los restos del primer asentamiento fenicio de la isla; el check in lo esperas frente a una muralla musulmana; y un templo romano se vuelve protagonista bajo el suelo acristalado que sostienen tus pies en el lobby. Y hay mucho más...
Los Soletes de los famosos

La subida en coche hasta el Parador de Ibiza, con las curvas de un sólo sentido que transcurren por el recién rehabilitado Camí des Calvarí, es ya en sí mismo una experiencia. Aparcar dentro del Parador lo mejora. En la recepción del aparcacoches esperan para recoger las llaves y llevar el vehículo a una de sus dos plantas subterráneas. Ya caminando, la sorpresa llega cuando toca atravesar un impresionante túnel abovedado de 37 metros que conecta la calle con los ascensores y que salva el desnivel hasta el castillo con un pozo de comunicaciones de 28 metros de altura. Obra de Salvador Gomis, la bóveda está revestida con ladrillos hechos a mano de Cerámicas Antonio Alemán y está pensada para impactar. Objetivo conseguido.

Desde el aparcamiento, hay que atravesar este túnel abovedado de 37 metros.
Desde el aparcamiento, hay que atravesar este túnel abovedado de 37 metros.

Los ascensores conducen a la recepción principal del hotel, a la que también se accede por la entrada peatonal que hay desde la plaza de la Catedral de Santa María. Allí la vista no puede parar quieta. Varios arcos del siglo XIV reconstruidos con piedra original recuerdan a la Casa del Gobernador -época cristiana-, mientras bajo unos suelos acristalados, se conservan las ruinas de un templo romano, levantado sobre un antiguo ​​asentamiento fenicio. Dentro de la recepción, parte de la muralla musulmana original te acompaña en el check in. Restos musealizados que también comparten espacio con obras contemporáneas como los dos grabados originales de Miró que lucen en el vestíbulo.

La recepción es un auténtico museo.
La recepción es un auténtico museo.

Y es que el Parador no sólo es un cruce de caminos de las distintas culturas que han habitado entre sus muros, también es una celebración del arte contemporáneo. Pinturas, fotografía, esculturas y cerámicas forman una colección de más de 40 obras de distintos artistas consolidados y emergentes -la mayoría nacionales- que se reparten por todos los rincones de la fortaleza. Sorprende el busto de cemento Under construction, de Samuel Salcedo; los niños nadadores esculpidos en bronce policromado que firma Rodrigo Romero, en la piscina exterior; o el retrato anónimo de Felipe II, un óleo sobre lienzo del siglo XVI, que se puede ver en el salón de lectura del polvorín.

 Pau Arbona, director del Parador, junto al l busto de cemento de Samuel Salcedo.
Pau Arbona, director del Parador, junto al l busto de cemento de Samuel Salcedo.
El patio de armas y las ruinas del primer asentamiento fenicio de la isla.
El patio de armas y las ruinas del primer asentamiento fenicio de la isla.

Muchas de las obras evocan los paisajes del Mediterráneo mientras otras, como las fotografías en blanco y negro que cuelgan del Salón del Gobernador, recuerdan la vita cotidiana de los payeses en los años 50. “La colección artística del Parador es un ente vivo que sigue creciendo mediante el contacto con artistas de la isla, buscando siempre una coherencia que cuente la historia del edificio fusionada con la modernidad”, explica Pau Arbona, director del Parador que recuerda que este nuevo alojamiento es el número 99 de la red de paradores, y el primero en las Islas Baleares. Otros artista que suman sus obras a este singular alojamiento son Juan Uslé, Nico Munuera, Nuria Mora, Samuel Salcedo, Pablo Genovés y David Magán, entre otros.

Escultura de David Magán.
Escultura de David Magán.

Del primer asentamiento fenicio a un spa entre ruinas de muralla

El patio de armas es el corazón del Parador, una plaza donde lo primero que llama la atención es un espacio circular donde inicialmente iban a construir los ascensores y que ahora exhibe las ruinas de una casa fenicia del siglo VII a.C., el primer asentamiento documentado en la isla. Durante las obras, también se encontró una cisterna púnica que se distingue fácilmente por su color rojizo. “Estas ruinas se descubrieron durante las excavaciones del hueco de los ascensores, lo que nos obligó a detener las obras, cambiar el proyecto y musealizar los restos”, cuenta el director del hotel, que desvela la inversión que ha supuesto recuperar el Castillo y la Almudaina de Dalt Vila: 47 millones de euros. Inaugurado en marzo de este año, las obras han tardado 18 años debido a las importntes ruinas que se iban encontrando.

En días despejados, es posible ver la isla de Formentera.
En días despejados, es posible ver la isla de Formentera.

La ubicación en la cima del Puig de Vila convierte al Parador en un mirador privilegiado a distintas alturas que también se disfrutan desde sus 66 habitaciones, de las cuales 41 son para clientes y el resto para el personal. El azul del Mediterráneo es el claro protagonista de la mayoría de las panorámicas, aunque también se vislumbra desde las alturas el puerto de Ibiza, la Bahía, la Catedral de Santa María, la isla de Formentera en días despejados e incluso las playas d´en Bossa y Figueretes. “Aquí no hay malas vistas. Todas son una maravilla, mires donde mires, hay unas más monumentales y otras que te llevan al mar, pero todas son especiales”, apunta Joan desde el salón del Polvorín, situado en el Baluarte de Santa Lucía y cuya ventana, enmarcada entre los muros de piedra y con el azul de fondo, parece un lienzo.

Las obras textiles de las habitaciones las firma la artista Koral Antolín.
Las obras textiles de las habitaciones las firma la artista Koral Antolín.
En el spa se encontraron los restos más antiguos de la muralla histórica.
En el spa se encontraron los restos más antiguos de la muralla histórica.

Tres de los edificios del Parador -la Casa del Gobernador, Poulet Nord y Poulet Sur- albergan las habitaciones, cuya decoración se ha inspirado en las masías tradicionales ibicencas. Destacan los materiales naturales como la madera, los tonos tierra y las texturas orgánicas, que “evocan lo artesanal”, mientras las obras textiles de los cabeceros han sido elaboradas por encargo por la artista Koral Antolín para el Parador, “piezas realizadas sobre tejido 100% de algodón, bordadas con lana y algodón, combinando distintas técnicas para crear líneas, volumen, textura y movimiento”, como explica la propia artista. Las junior suites son las más amplias, con 48 m2, un diseño diáfano y baños de gran tamaño con amenities de la marca española The Lab Room. Para completar el descanso, uno puede relajarse en el spa integrado dentro de los restos más antiguos de la muralla histórica o en la piscina exterior cuya elevación permite unas vistas fantásticas.

Las vistas desde el baño de una de las suites.
Las vistas desde el baño de una de las suites.

Cocina de proximidad y territorio

El chef Adrián García está tras los fogones de S’Almudaina, la propuesta gastronómica del Parador que ensalza el producto local reinterpretando el recetario tradicional con técnicas modernas y presentaciones cuidadas. En su carta, Adrián juega con el trampantojo de salmorejo con forma de tomate, bañado en frutos rojos y servido sobre una sopa verde de hierbas ibicencas. Junto al plato, un pecaminoso pan de masa madre con sobrasada de porc negre y alioli. También sugiere una ensaladilla de bacalao, en cuya elaboración utiliza el pil-pil del propio bacalao; el calamar de playa de Ibiza, preparado a la brasa con patitas fritas, arroz negro y alioli; el fresco salpicón de pulpo y bogavante; y el arroz a banda con Cap roig -cabracho- y alioli de lima.

Salmorejo sobre sopa verde de hierbas ibicencas.
Salmorejo sobre sopa verde de hierbas ibicencas.
Arroz a banda con Cap roig.
Arroz a banda con Cap roig.

En los postres, el joven cocinero gallego -con experiencia en otros paradores como Paradores como el de Costa da Morte, Mazagón, Nerja o Chinchón- reinterpreta el tradicional flaó con una tarta fluida que lleva los mismos ingredientes (almendra, anís, hierbabuena y queso de cabra) y helado de frutos rojos. El desayuno, también bajo la supervisión del chef, se sirve en una sala abovedada de colores cálidos, siendo otro escaparate del producto local. Embutidos y quesos de la isla, sobrasada, las ensaimadas, aceite de oliva de Can Rich o dulces regionales -como los de las monjas del convento de San Cristóbal que también dejan como detalle en las habitaciones-, es un auténtico deleite para los más golosos.

El chef Adrián García está tras los fogones de S’Almudaina.
El chef Adrián García está tras los fogones de S’Almudaina.

"El Parador abre durante todo el año con el firme objetivo de ayudar a la desestacionalización en la isla. Queremos atraer otro tipo de turismo, ni mejor ni peor, complementario al del ocio nocturno", cuenta el director del Parador. La idea es convertir este alojamiento en un dinamizador cultural a través de varios eventos -también en invierno-, que incluyen desde cenas a "cuatro manos" con distintos chefs de las Baleares, a una programación de conciertos que se extienda a todo el año.

El complejo del Castillo y la Almudaina ocupa más de 8000 m2.
El complejo del Castillo y la Almudaina ocupa más de 8000 m2.

Locales y turistas pueden además visitar los restos arqueológicos del Parador al tratarse de un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). "No queremos perder el vinculo con la comunidad local de este lugar. Hay que recordar que el castillo sirvió en los años 70 de cuartel militar, después fue Instituto de Formación Profesional y un espacio social y deportivo. Tras haber estado cerrado y abandonado durante muchos años, existe un gran interés por parte de los ibicencos en recuperar este espacio, donde muchos tienen memorias personales", concluye Pau.

PARADOR DE IBIZA. Camí del Calvari, 2. Eivissa. Islas Baleares. Tel: 971 70 59 20

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