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Los rayos de sol se cuelan desde temprano por los visillos de nuestra habitación, provocando que la jornada arranque de la mejor manera posible. Al otro lado de ese Atlántico de aguas azul intenso que alcanzamos a ver desde la cama, se alza la impetuosa silueta de un Teide que, contemplado desde esta perspectiva, nos parece más impresionante aún. Hemos amanecido en Bancal Hotel & Spa, una suerte de refugio en una islita que ya de por sí resulta un mundo aparte: La Gomera, uno de los territorios más antiguos del archipiélago canario, invita a una vida lenta y relajada que ya se está haciendo notar.
Damos un sorbo al primer café de la mañana desde nuestra terraza privada y admiramos con detenimiento lo que contemplamos a nuestro alrededor. Allá abajo se intuyen las olas rompiendo contra los agrestes acantilados, esos que contrastan con la frondosidad del corazón de la isla. Aquí, sin embargo, todo es calma. Los huéspedes más madrugadores ya han tomado posición horizontal en las hamacas junto a las piscinas: el sol comienza a dejarse notar. Nos damos cuenta de que así, a simple vista, resulta difícil creer que este alojamiento boutique abanderado con 4 estrellas cuente con nada menos que 276 habitaciones. Su cuidada arquitectura, repartida en diversos edificios, y su disposición sobre el terreno a modo de bancales con piedra volcánica —que simbolizan esa resiliencia, esa capacidad de adaptación y ese respeto por la tierra tan característicos de la identidad gomera y del patrimonio arquitectónico de la isla—, aportan la discreción e intimidad que todos ansiamos encontrar al viajar.
“Esto, antes incluso de ser una construcción, era una plantación de tomates. Es decir: los bancales ya estaban”, nos desvela Aitana Sánchez, la joven responsable de comunicación y marketing del hotel, cuando nos sentamos junto a ella a disfrutar del completo desayuno bufé. “De ahí le surgió la primera idea a quien se le ocurrió coger esto y transformarlo en un hotel. Sin embargo, la obra de la edificación acabó por quedarse más de 20 años abandonada”, continúa narrándonos. De hecho, no fue hasta que la actual propiedad se fijó en aquellos muros en ruinas y supo ver sus múltiples posibilidades, que Bancal Hotel & Spa no tomó de verdad forma. Tras años de intenso trabajo de reconstrucción, remodelación y nuevo diseño, el 1 de julio de 2024 abría sus puertas este pequeño paraíso.
Si algo queda claro durante nuestra estancia, es que absolutamente todos y cada uno de los detalles de este hotel boutique son un constante homenaje a la tierra donde posa sus cimientos. Y esto no sólo queda reflejado en la disposición de sus diferentes espacios, sino que la celebración de lo que significa lo gomero va mucho más allá: es la filosofía que impera en cada decisión tomada por su propiedad, que abarca desde las experiencias ofrecidas a sus huéspedes, al compromiso con la comunidad local o a la propia gastronomía.
Una apuesta culinaria que, de alguna manera, ya descubrimos en el propio lobby, en cuya mesa de bienvenida se ofrece agua guisada, una suerte de infusión fría de lo más popular y arraigada a La Gomera. Más allá de este guiño a la isla, sus sabores quedan patentes en los nueve restaurantes y bares con los que cuenta el alojamiento. Todos ellos bautizados, cómo no, con nombres gomeros, desde Silbo Lounge Bar —que hace alusión a ese singular sistema de comunicación desarrollada desde hace siglos en la isla— a Larrife, el gastronómico del hotel, que hace referencia a un pequeño terreno rocoso y cuyo menú degustación es un must. En la mesa, siempre, producto local y de temporada con el que vuelve a ponerse en valor el trabajo de los pescadores y agricultores isleños, algunos de los cuales se hallan a cargo de los huertos que son propiedad del hotel.
“Se apuesta por un concepto y un producto que va mucho más allá del ofrecer simplemente un servicio de hotel y piscina. Ese es el factor que nos diferencia realmente”, nos comenta Aitana, en este caso, mientras nos muestra las plantaciones de aromáticas que cada día el joven equipo de cocina se ocupa de recolectar para su uso entre fogones. También forman parte de diversas experiencias ofrecidas a los huéspedes para conectar con el territorio, como la ruta botánica o las clases de cocina para elaborar el tradicional almogrote. “Ofrecemos un programa de actividades articulado en torno a tres conceptos: ‘silba’, ‘respira’ y ‘crea’, que hace también conectar contigo mismo, con el entorno. Aquí te obligamos a replantearte la isla, a darle valor a dónde estamos y a lo que somos”, nos cuenta nuestra anfitriona.
¿Y cómo se han materializado estas ideas? “Respira reúne actividades centradas en el bienestar y el movimiento, aprovechando el clima privilegiado de la isla y los espacios exteriores del hotel”, nos comenta Aitana, y eso se traduce en sesiones de yoga o aeroyoga, en clases dirigidas de spinning o de entrenamiento funcional. Las propuestas que abarca Crea animan a los huéspedes a explorar la naturaleza, la cultura y el patrimonio de la isla con experiencias participativas, mientras que Silba promueve la implicación de los huéspedes en talleres que los acercan a expresiones emblemáticas de La Gomera, como el silbo gomero, el juego del palo, la bola canaria o el salto del pastor. Un abanico infinito de posibilidades que asegura una estancia de lo más animada.
A estas alturas de la estancia, ya sentimos cómo las pulsaciones se han ralentizado y la calma nos ha abrazado bien fuerte. En la intimidad de la habitación es como si el tiempo se hubiera parado: los tonos cálidos de los textiles, los materiales naturales, la luz que todo lo inunda y el silencio, gran aliado durante nuestra estancia, son cómplices en la experiencia.
Caminamos por las zonas exteriores, entre parterres colmados de vegetación autóctona y roca volcánica, con la toalla sobre el hombro y el bikini puesto. Alcanzamos una de las tres piscinas repartidas por los bancales: dos de ellas son climatizadas y todas gozan de increíbles vistas al Atlántico y al Teide, que vigila en la distancia.
A unos pasos, se alza el edificio que alberga Aulala Wellness & Spa, un espacio donde entregarnos a los cuidados de su talentoso personal formado por profesionales y terapeutas: Bancal es, no en vano, el único hotel con circuito completo de spa de toda la isla. Y esto implica poseer unas instalaciones de 380 m2 en las que no faltan ni la sala de vapor ni el baño turco. Tampoco la sala de haloterapia o un increíble circuito de hidroterapia, que asegura el bienestar de los huéspedes. Para quienes quieren ir más allá, un equipo de especialistas propone una extensa carta de tratamientos faciales y corporales, que abarcan desde la aromaterapia a los neurocosméticos naturales, asegurando una experiencia para recordar.
“Más del 60 % del equipo de Bancal Hotel & Spa está formado por personas residentes en La Gomera”, presume Aitana con una enorme sonrisa. De hecho, reflejar el compromiso con el empleo local y el desarrollo profesional de la isla les ha llevado a recibir, incluso, un premio a la excelencia en recursos humanos otorgado por el Gobierno de Canarias. “Tenemos una rotación mínima. Teniendo en cuenta el lugar en el que estamos, lo hace muy complicado, pero lo estamos consiguiendo”, nos explica. Un objetivo que han logrado gracias a ofrecer unas condiciones a los trabajadores excepcionales. “Apostamos por jornadas continuas, damos clases de idiomas, contamos con una residencia para quienes vienen de fuera y necesitan encontrar alojamiento... Ofrecemos muchas facilidades al personal, y eso es parte del éxito: que lo sienten suyo”.
Sin embargo, no es la única razón por la que Bancal Hotel & Spa, a pesar de su juventud, ha sido reconocido también en ámbitos como el de la sostenibilidad, otro de los pilares fundamentales sobre los que se asienta su filosofía. De hecho, bajo el subsuelo del hotel existe un universo paralelo en el que se desarrolla todo el entramado de maquinarias y control de eficiencia energética del proyecto. Un objetivo, el del compromiso de luchar por una isla verde, que cumplen a rajatabla.
Más de dos mil paneles solares aportan el 40% de la energía que se consume en el hotel: el resto, procede de energía eólica. El alojamiento cuenta, además, con su propia planta de tratamiento de aguas, que utilizan para el riego, logrando así un modelo de vertido cero. La política de eliminación de plásticos de un solo uso o el separar de manera consciente los residuos generados, suma, haciendo que todo el conjunto de medidas les haya valido premios como el de la Mejor Estrategia de Sotenibilidad en los TH Awards 2026, la certificación Tavellife o el reconocimiento Biosphere Committed.
“¿Que qué es Bancal Hotel & Spa para mí?”, repite en alto Aitana cuando le preguntamos por su valoración. “Es un concepto de calma, de reconectar, de desconexión”, responde. Y lo cierto es que, tumbados en nuestra hamaca con vistas al horizonte infinito, un cóctel en una mano y un libro en la otra, lo entendemos a la perfección. Desde este rincón remoto del mundo, en una de las islas más especiales del territorio canario, lo hemos comprobado en primera persona.
BANCAL HOTEL & SPA. C/ Lomo de Clavo, 188. San Sebastián de la Gomera (Canarias)
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