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Sólo ver su fachada barroca impresiona. En la Plaza de la Cruz, el pleno casco histórico de Haro, el Hotel Palacio de los Ángeles recupera la grandeza del antiguo edificio gracias a una meticulosa restauración de tres años que le ha devuelto la vida. Fue construido en 1755 como residencia vacacional de la familia Ángel, una de las más poderosas de Ezcaray por la fortuna acumulada gracias al comercio de la lana de oveja. También fue posada para arrieros en el siglo XIX y con el paso de los años albergó un mercado y viviendas en las plantas superiores. En 2026 abre sus puertas reconvertido en un lujoso alojamiento cuyos muros guardan aún la esencia del pasado.
Concebido como un salón romántico de aires palaciegos, el lobby recibe al huésped con una gran mesa de anticuario bajo una lámpara de alabastro. Las flores frescas que adornan la mesa no sólo alegran la vista, sino también despiertan el sentido del olfato. Los techos artesonados y los gruesos muros de piedra contrastan con los muebles contemporáneos, los espejos dorados y las esculturas que adornan las estanterías que esconden una discreta recepción, junto a la chimenea.
Llave en mano, hay que atravesar uno de los espacios más monumentales del hotel: el lucernario original del antiguo palacio. Basta alzar la vista para quedarse anonadado imaginando lo que fue este edificio barroco en sus mejores años. Concebido como una zona de descanso y lectura, desde sus sofás tapizados en tonos oliva y beige se observan las ventanas y pasillos iluminados que conectan las distintas plantas y donde se distribuyen sus 38 estancias. En la cuarta planta, otra sorpresa: la biblioteca, un espacio que preserva la luz natural del edificio y que invita a abrir las páginas de libros que hablan de la fotografía de Peter Lindbergh, la arquitectura de Tristan du Plessis o las obras de Joan Miró, entre otros.
Todo el interiorismo y el diseño del hotel lo ha llevado a cabo la firma Trench Studios. En las habitaciones, los barceloneses han apostado por conectar pasado y presente a través de materiales nobles tanto en los muebles de roble, como en los suelos de madera en espiga o en los artesonados oscuros, que contrastan con los textiles de colores neutros o las luminarias tenues que buscan crear un ambiente de intimidad y relajación. Siempre preservando los muros y la piedra original como grandes protagonistas.
Varias fotografías de paisajes en blanco y negro adornan las paredes y claman ese territorio que es la Rioja Alta, mientras algunas camas duermen bajo doseles metálicos; y las suites presumen de bañeras exentas en piedra donde rendirte a un baño relajante con amenities de Natura Bissé. A las 38 habitaciones del palacio, se suman 10 apartamentos de uno y dos dormitorios situados en un edificio frente al hotel, ideal para grupos o familias. El logo del alojamiento es otro guiño al pasado: el conjunto de vértices que componen la forma de una flecha y simulan el movimiento de las alas de un pájaro recrean el estampado de las baldosas originales encontradas en el palacio.
Son muchos los espacios singulares de este hotel que respiran nobleza y elegancia. Su patio interior con terraza ajardinada y piscina climatizada resurge como un auténtico oasis en el corazón de Haro, cambiando de ambiente según pasan las horas con los imponentes muros de piedra del palacio siempre como telón de fondo. Es una gozada tomarse una copa de cava Conde de Haro Gran Reserva Millésimé 2012; o pedir un cóctel de autor en el wine-gastro bar y acompañar así unas chacinas riojanas, unas ostras al natural o unas anchoas cántabras.
Carlos Echapresto dirige junto a su hermano Ignacio toda la propuesta gastronómica del hotel.
Toda la propuesta gastronómica del hotel lleva la firma de Carlos e Ignacio Echapresto de Venta Moncalvillo (2 Soles Guía Repsol). Desde el desayuno -donde cuidan al máximo el producto local-, al picoteo más informal que ofrecen en la terraza -inspirado en los antiguos despachos de vinos- o la carta de Ventilla, la más gastronómica, donde recuperan los platos más emblemáticos de su restaurante de Daroca La Rioja, con el vino, la trashumancia y el Cantábrico como hilos conductores. El tartar de trucha marinada en casa con lácteo y emulsión de hierbas frescas, los espárragos blancos con salsa holandesa de cerveza; o el cordero guisado a la cazuela son marca de la casa.
En la sala del restaurante -la misma donde se sirven los desayunos- destacan los espejos envejecidos, la chimenea con cazuelas de cobre antiguas colgando que recrea una cocina palaciega de época, y un antiguo buffet restaurado sobre el suelo de cerámica artesanal. Una gran bodega perimetral de hierro y vidrio aparece como un aperitivo de la inmensa colección de vinos que atesoran los hermanos Echapresto. Sus más de 18.000 botellas y 2.500 referencias diferentes ocupan también el calado subterráneo que encontraron durante la restauración del palacio, a siete metros bajo el suelo, y que ofrece eventos sensoriales en torno al mundo del vino. Una joya de hotel donde revivir el pasado con una copa de vino.
PALACIO DE LOS ÁNGELES. Pl. de la Cruz, 4. Haro, La Rioja. Tel: 941 61 74 00
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