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Hay monumentos que apenas posan para la foto, y otros que viven y contagian vida. Es el caso del castillo de Cuéllar, una de las grandes ciudadelas renacentistas de Castilla. Además de ser el instituto del pueblo, organiza unas visitas teatralizadas pioneras en España y, entre otras cosas, se puede utilizar como escenario para experiencias gastronómicas con los productos de esta Tierra de Pinares. No hace falta verlo todo, solo elegir un buen ángulo que te cuente el resto.
Un tanto aislado en la parte alta del pueblo, la ubicación del castillo de Cuéllar nos recuerda que los duques, además de temer los ataques que pudieran llegar desde la llanura, también debían tenerle algo de miedo a los vecinos de su propia villa, con quienes guardaban una distancia prudencial. Esta localidad fundada tras la Reconquista por caballeros y ganaderos presume, con motivos sobrados, de ser uno de los grandes polos de arquitectura mudéjar de España. Antes o después de lanzarse a descubrir sus joyas mestizas, hay seis maneras de rendir tributo a su castillo.
La forma más sencilla de descubrir una de las caras de la ciudadela es subir a la muralla. Cuéllar presume de uno de los conjuntos amurallados más notables de Castilla y León, con unos 2 km de perímetro donde encontramos puertas tan poderosas como el arco de San Basilio. El complejo se construyó entre los siglos XI y XV con función defensiva, pero también para recaudar impuestos, proteger ante epidemias o controlar el tráfico de mercancías desde este punto privilegiado de la Tierra de Pinares, donde la vista alcanza hasta la sierra de Guadarrama. Las mejores vistas, sin embargo, son de puertas hacia dentro.
Se puede subir a dos tramos de la muralla. Entrando por el arco de San Basilio, se recorre un pequeño fragmento de acceso libre y gratuito por el flanco norte. El tramo sur (1,5 €) es algo más largo e interesante, ya que ofrece vistas de la fachada más coqueta del castillo, la del mediodía, que da la espalda a su villa. Es un exponente fantástico del estilo renacentista segoviano, con arquería, balcones con canecillos, esgrafiado y su característico “moco de pavo”, es decir, esos puntos negros protuberantes que evacúan la humedad y protegen los relieves.
Al otro lado de la fachada, los interiores del palacio de los Duques de Alburquerque también son interesantes, aunque han sido víctimas del saqueo y de las reconstrucciones funcionales. Las mentes creativas, sin embargo, vieron en el vacío de mobiliario y decoración una oportunidad artística y, a finales de la década de 1990, pergeñaron las primeras visitas teatralizadas de España. “El escenario nos permite hacer un teatro inmersivo con propuestas ligadas a la historia del castillo” cuenta Blanca Amelia Izquierdo, directora y actriz, “aunque con cada espectáculo nos reinventamos”.
Esta compañía de teatro municipal que cambia su repertorio cada dos años, ahora ofrece Technomedievo, una propuesta cuidadosamente disparatada en la que tres juglares inmortales que han vivido los seis siglos de historia del castillo buscan un nuevo heredero. Mezclando erudición con cultura pop, y con una producción muy trabajada que incluye una banda sonora original, narran la historia del castillo desde un singular punto de vista diseñado por historiadores, pedagogos y artistas escénicos. Technomedievo solo se podrá ver hasta el verano de 2026 porque la compañía ya trabaja en un nuevo espectáculo.
En la torre del Homenaje se conserva uno de los archivos de nobleza más importantes de España. La Fundación del Archivo Histórico de la Casa Ducal de Alburquerque no ofrece visitas turísticas, aunque sí permite consultar sus documentos gratuitamente a investigadores que pidan cita previa. Desde su torre, Lucía, la archivera, trabaja por catalogar todos los documentos de este tesoro donde se encuentra uno de los documentos más valiosos para los cuellaranos: uno de 1405 en el que se menciona el célebre encierro de Cuéllar, gracias al cual pueden presumir de celebrar el encierro más antiguo de España, en el que los toros se conducen a campo abierto, a caballo, hasta el casco urbano.
En la torre del Homenaje se conserva uno de los más completos archivos de la nobleza de nuestro país
A los pies de la torre se encuentra la oficina de turismo de Cuéllar, donde se contratan las visitas guiadas al castillo, con un par de pases diarios (conviene consultar con antelación). Son clave para quienes quieran volver a casa con los bolsillos llenos de datos sobre este castillo medieval del siglo XIV que acabaría convirtiéndose en un ostentoso palacio renacentista en el siglo XVI. Pero no solo. También están abiertas para quien disfrute del “salseo” nobiliario, ya que desde sus salas se pueden contar rumores que explicarían la sorprendente cantidad de templos expiatorios que encontramos en la villa, o también descubrir que el actual propietario del castillo sigue siendo el duque de Alburquerque, Ioannes Osorio, exmarido de Blanca Suelves.
La mayor parte del castillo no se puede visitar salvo que estés matriculado en el IES Duque de Alburquerque. Sus estudiantes constituyen la cara más vivaz del castillo, pero la historia de cómo llegaron hasta aquí no es la más feliz. Cuando estalló la Guerra de Independencia, la ciudadela sirvió de cuartel al general Lord Wellington, tras lo cual sufrió el saqueo de las tropas napoleónicas. Para colmo, entre 1938 y 1966, sirvió como presidio franquista y, con todo, terminó por perder buena parte de su aspecto y patrimonio originales. Todavía conservaba elementos con potencial turístico, pero era necesario buscarle un nuevo uso. Así, en la década de 1970, pasó a ser una escuela de FP y, en la de 1990, en el instituto actual.
Abajo, en la zona más comercial del pueblo, Saborea en Cuéllar es una tienda especializada en productos de la marca Alimentos de Segovia. En ella podemos comprar las célebres legumbres de la provincia, embutidos, mieles, licores, vinos, cervezas artesanas, dulces, trufa... Pero su radio de acción sobrepasa el escaparate y alcanza el castillo. Tienen un calendario de actividades que incluye catas de productos con música en directo, y además ofrecen experiencias a la carta para visitar bodegas o hacer “trufiturismo”. Hoy nos unimos a una cata de productos locales que han organizado en la muralla sur de la ciudadela, justo cuando los últimos rayos de sol acarician las cumbres de la sierra de Guadarrama.
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