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Uno de los principales atractivos de Garachico es la zona de baño conocida como El Caletón, un conjunto de piscinas naturales y charcos donde se refrescan locales y visitantes. En verano están muy concurridas, porque suelen ser tranquilas, aunque no hay que confiarse con el oleaje que entra por los recovecos, porque en esta zona de Tenerife el Atlántico suele ser bravo. En los días de marejada, se convierte en un pasatiempo hipnótico contemplar cómo rompen con furia las olas contra la estructura pétrea y la blanquecina espuma se desliza por las rocas negras.
Cuando el tiempo en la mar acompaña, el chiringuito y las pasarelas acondicionadas que conectan los diferentes charcos se llenan de familias con niños, cuadrillas de jóvenes y parejas mayores sumergiéndose en sus aguas cristalinas de fondo rocoso, por lo que es recomendable llevar escarpines para protegerse de la lava afilada y los erizos. La algarabía, los saltos (con mucha precaución si no se conoce bien la profundidad, siempre mejor bajar por las escaleras) y las risotadas contrastan con el origen dramático que tuvieron estas atracciones naturales y que cambió el devenir de la historia de la villa.
Fundada por un banquero genovés a finales del siglo XV tras la conquista de la Corona de Castilla, Garachico se convirtió en el principal puerto de la isla de Tenerife en los dos siglos siguientes. De aquí zarpaban los barcos cargados de azúcar de caña y de los afamados vinos Canary Wine dirección al continente americano y a las principales Cortes europeas. Pero todo cambió la noche del 5 de mayo de 1706. Ese día, el volcán de Trevejo -conocido como Arenas Negras- entra en erupción y durante 40 días, las coladas arrasan con parte del municipio y sepultan todo el muelle, incluidos 27 barcos atracados. Y aunque la Pompeya canaria no provocó víctimas mortales, sí acabó con la época dorada de Garachico y con gran parte de sus casas señoriales, palacetes, conventos y haciendas. Las lenguas de lava que alcanzaron el mar se encargaron de esculpir estos charcos.
No muy lejos de El Caletón, en el barrio Las Cruces, está otra zona de baño, El Gomero, unas piscinas menos concurridas y más frecuentadas por los vecinos y pescadores. Otro rinconcito, al que no suelen darle mucha publicidad los locales para que no se sature, es la caleta El Guincho (en dirección a la vecina Icod de los Vinos), rodeada de plataneras, de aguas cristalinas -ideal para hacer snorkel- y playa de callaos volcánicos.
Aunque era la torre de vigía del puerto, para protegerlo de los ataques piratas, el Castillo de San Miguel apenas sufrió daños con la erupción del Trevejo. La estructura de estilo renacentista es la originaria, la que autorizó levantar el rey Felipe II a finales del XVI. Y aunque se mantuvo en pie, perdió su función defensiva, al no existir muelle. Hoy acoge el Centro de Información Patrimonial de Garachico, donde el visitante puede ampliar datos sobre la zona y leer el testimonio de viajeros que pasaron por estas tierras, como la escritora británica Olivia Stone, autora de Tenerife y sus siete satélites, donde relata las peripecias, junto a su marido, por el archipiélago canario en 1887.
Junto al castillo, de los pocos restos que sobrevivieron al devastador paso de la lava se conserva la llamada Puerta de Tierra, uno de los accesos de personas y mercancías a la villa y al muelle, aunque esta no es su ubicación original. Rodeada de un frondoso parque de especies exóticas, es uno de los lugares más pintorescos de Garachico, donde también están los restos del viejo lagar de la Hacienda de San Juan Degollado y un rincón dedicado a los poetas, con un busto de Rafael Alberti, que asistió a un recital en el convento de San Francisco en 1991.
El casco histórico-artístico de Garachico es de los mejor conservados de Tenerife. De hecho, fue declarado Bien de Interés Cultural en 1994 y ostenta la Medalla de Oro de Bellas Artes desde 1980 siendo, junto a Albarracín (Teruel), el único municipio que luce dicha distinción. Las calles adoquinadas nos conducen por recovecos de una historia de resiliencia, literalmente de un resurgir de las cenizas. Resulta curioso imaginar como por callejuelas similares a estas que recorremos corrió el vino durante el famoso Motín de 1666, cuando los cosecheros canarios decidieron asaltar las bodegas, propiedad de los ingleses, cansados de sus abusivos precios y derramaron al mar tan preciado líquido de malvasía.
La Plaza de la Libertad es uno de los centros neurálgicos de la villa, donde se dan cita vecinos y turistas para descansar, sentados en sus bancos de madera, a la sombra de ficus y palmeras. El campanario blanco de la cercana iglesia de Santa Ana se recorta sobre las copas de los árboles y en el centro de la plaza hay un kiosco de música de madera. Los emigrantes garachiquenses que vivían en Venezuela decidieron regalar una escultura del general Simón Bolívar, con antepasados oriundos de la localidad, que se erige en un lateral, y en el pavimento están incrustados los escudos en bronce de los países bolivarianos.
En uno de los costados se levanta la Casa-Palacio de los Marqueses de La Quinta Roja, hoy reconvertido en hotel. Es un reflejo del barroco canario de finales del siglo XVII, con su artesonado mudéjar en el interior, sus balconadas de tea, la escalera de piedra y un patio interior donde se organizan encuentros, exposiciones o talleres. “Desde que fundamos nuestro hotel, allá por el año 2001, nos propusimos que no queríamos ser solo un hotel con encanto, queríamos ser un hotel vivo y creativo, que fuera un nexo de unión entre nuestros huéspedes y Garachico. Un lugar de encuentro para la cultura, la naturaleza, la música, el arte, las tradiciones y la historia. Lo que nosotros denominamos una forma natural de vivir”, asegura su propietaria, Paloma Moriana.
Como en muchas otras villas, el legado religioso de conventos e iglesias todavía está muy presente en la arquitectura de Garachico. El Convento de la Inmaculada Concepción -de monjas de clausura-, el Convento de San Francisco -hoy reconvertido en Casa de la Cultura- o la iglesia de Santa Ana, cuya estructura original se levantó a mediados del siglo XVI y reconstruida tras la erupción volcánica, son ejemplo de ello. En el interior de esta última, está el retablo e imagen del Cristo de la Misericordia, obra de los indígenas tarascos de Michoacán (México) a base de pasta de maíz.
En honor a este Cristo se celebran, cada lustro (siendo la única festividad quinquenal de Tenerife), unas fiestas entre julio y agosto, en las que desfilan carrozas floreadas, se engalanan balcones, terrazas y plazas con miles de flores de papel hechas a mano por las vecinas garachiqueras y, como broche de oro, se recrean los Fuegos del Risco, un espectáculo pirotécnico y de bolas incandescentes cayendo por la ladera del acantilado La Culata, que recrea aquella erupción volcánica de 1706.
La Trastienda de El Rebojo
En este espacio “lo hecho a mano tiene lugar propio”. Artesanía canaria, con representación de medio centenar de artistas locales, donde se pone a la venta cerámicas, bolsos, mochilas, vestidos, camisetas, bisutería, postales, ilustraciones o velas, que conviven en las estanterías con vinos y salsas elaborados en Tenerife. Leti, impulsora de La Trastienda de El Rebojo (C. Esteban de Ponte, 28), se ha rodeado de Sonia, a la que le encanta contar a los clientes la historia que hay detrás de cada pieza; Sabrina, artesana de la madera; y Marianela, historiadora especializada en cultura prehispánica. Las cuatro dan vida a una tienda que lleva el nombre portugués de la brisa marina y de la que será difícil decirse por ese recuerdo que mantiene vivo el legado de los artesanos locales.
Artesanía Garachico
Una amplia selección de recuerdos, desde bolsos de piel hechos a mano por las dos hermanas del propietario, sombreros, abanicos, vajillas, cerámicas, bisutería, postales, así como mojos, licores, vinos o mermeladas. Toni Cejas, el dueño de Artesanía Garachico (C. Esteban de Ponte, 1A) desde hace 15 años, no solo es un amable y atento vendedor, sino un extraordinario guía de la localidad, con recomendaciones para los que quieran conocer más sobre Garachico y sus alrededores. Hasta el actor Vin Diesel entró en su día en esta tienda preguntando por Toni cuando estuvo en la isla rondando la película Fast & Furious.
Tabacos Arturo
Arturo Castillo lleva más de 40 años como maestro torcedor de tabaco, siguiendo la tradición palmera “que aprendí cuando tenía 12 años de mano de mi padre y mis tíos”, confiesa mientras maneja con destreza la chaveta. En su taller-tienda, ubicada en la Av. Tomé Cano, frente al mar y que atiende junto a su mujer, la también palmera Ana Lorenzo, confecciona puros artesanos de estilo robusto, panatela, corona, toro, lancero y Churchill bajo su marca Macuba, con bastantes aficionados entre los turistas alemanes, franceses e italianos. En un pequeño almacén cercano, donde hasta hace un par de años tenía la tienda, almacena las hojas de tabaco procedentes de La Palma, Cuba y Connecticut (EEUU) con las que tuerce, uno a uno y a mano, todos los puros este tabaquero artesano, el único que queda en Tenerife.
Casa del Perfume Canario
Fundada en 2014 en la localidad grancanaria de Teror, esta perfumería recoge el testigo de varias generaciones familiares relacionadas con el mundo de las fragancias desde principios del siglo XIX. Los hermanos María y Jesús H. González han logrado concentrar en frascos los aromas de las Canarias, recuperando técnicas antiguas de extracción de aceites esenciales y la formulación artesanal de sus antepasados, que preparaban de manera altruista creaciones aromáticas. Con cuatro tiendas ahora (Teror, Agaete, Las Palmas de Gran Canaria y Garachico -C. Calvo Sotelo, 10-), uno se puede llevar a casa ese olor tan singular a pino y tierra mojada, a plátano escachao con gofio, a salvia morisca o a hoja de tomatera.
Bestia Marina
Omar Páez heredó un libro familiar de recetas de 1912 y, sumergiéndose en sus páginas, diseñó su propuesta para Bestia Marina (Restaurante Guía Repsol. C. Esteban de Ponte, 35). El producto del Atlántico y las brasas de sus dos parrillas al carbón son la espina dorsal de este restaurante donde el chef ofrece una selección de su charcutería marina (con más de cien referencias, como el chorizo de pulpo o la sobrasada de anchoa), pescados madurados y platos de inspiración francesa y asiática, como el salmón en salsa Soubise; el bourguignonne de pescado; el sashimi de atún ahumado con madera de tea, caldo madre y setas shiitake; o el tartar de atún aleta amarilla, consomé de kimchi y trucha rellena de sobrasada de anchoas.
El Rebojo
Fran y Leti trasladaron el espíritu de la tienda de artesanías de La Trastienda al restaurante anexo. “Nuestra idea es apostar por una cocina que sea una expresión del territorio canario, una plataforma de exposición de todo lo bueno que tenemos en la isla. La carta del restaurante se va configurando con un diálogo constante con los productores de la zona, con los que hemos puesto en marcha proyectos de recuperación de leguminosas (lenteja y chícharo) en la zona del Teno, por ejemplo”, explica con orgullo Fran Mejías, que abrió las puertas de El Rebojo (C. Francisco Martínez de Fuentes, 17) en 2022. Entre los platos que destacan está la vieja asada en hojas de platanera y vinagre de lapas y burgados; el cabrito de Naturteno -también una quesería importante de la zona de Teno- en diferentes elaboraciones (estofado como relleno de saquitos crujientes o en arroz a baja temperatura con alioli de pimienta picona); y la morena con cilantro, miel y especias. Todo maridado con una bodega, que gestiona el sumiller Javito, con más de 280 referencias, “el 60% de vinos canarios”.
Silogía
El restaurante del hotel La Quinta Roja promete “cocina canaria con brisas del mundo”. Silogía (Solete Primavera 2026. Glorieta San Francisco, s/n) surte su despensa con productos de fincas, granjas y lonjas locales para configurar una carta donde se dan cita clásicos del recetario isleño, como las afamadas papas arrugadas con mojo, una selección de tomates de temporada, calamares saharianos rebozados y acompañados de alioli de su tinta, arroz caldoso de mariscos o una hamburguesa de cochino negro con pesto de berros, plátano y patatas paja. La coqueta terraza interior y su nutrida bodega de vinos canarios completan la experiencia.
Los Pinos
Por último, una casa de comidas, de manteles de papel, muy popular entre los locales de Garachico. En la pizarra de Los Pinos (C. Pérez Zamora, 6) aparecen clásicos que prepara Carmen Rodríguez, como las papas con mojos caseros, el queso asado, los chocos a la plancha, la carne fiesta, el guiso de cabra, el conejo en salmorejo o el pulpo con gambas en mojo.
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