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Pueblo de Agulo desde el Mirador del Amanecer.

Recorremos Agulo, en La Gomera (Canarias)

Agulo, belleza colonial en el pueblo más pequeño de La Gomera

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Actualizado: 09/10/2026

Poco más de mil vecinos habitan las callejuelas empedradas de Agulo, un municipio de La Gomera con vistas que quitan el habla. Incluido en mil y una ocasiones en las listas de pueblos más bonitos de España, no hay más que explorar sus recovecos para entender que, cuando belleza colonial, ubicación excepcional y grandes historias se juntan, el resultado es un gran tesoro.

En el norte de La Gomera, encaramado sobre un balcón natural abrazado por extensísimos plataneros y con vistas increíbles al Atlántico y al Teide, Agulo nos recibe con un cielo grisáceo que no eclipsa en absoluto la vida que desprende su casco histórico. Lo comprobamos tan pronto ponemos los pies en sus calles adoquinadas: la estampa es de tal belleza que bien parece un decorado. Después, llega el “buenos días” que sus vecinos nos regalan a cada paso. El olor salino que, incluso aquí en las alturas, nos alcanza desde el océano recordándonos en qué lugar del mundo nos hallamos. Es como si Agulo se hubiera puesto en pie especialmente para nosotros.

Poco más de mil vecinos habitan esta localidad.
Poco más de mil vecinos habitan esta localidad.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Porque este que hoy visitamos, el municipio más pequeñito de La Gomera, comenzó a escribir su historia mucho tiempo atrás. Fue, exactamente, el 27 de septiembre de 1607, cuando a un grupo de colonos procedentes de Buenavista del Norte, en Tenerife, le fueron entregadas estas tierras. El intento de asentamiento, sin embargo, fracasó en aquella ocasión, y no sucedió hasta algo más tarde —ya en 1620— que se creó una comunidad. Un siglo más tarde se estableció su ayuntamiento y, con él, se construyó también la Iglesia de San Marcos, que ahora contemplamos frente a nosotros. Con sus cúpulas pintadas de blanco impoluto, tan redondeadas y perfectas, contrasta sobremanera con las tejas árabes rojizas de las casas del pueblo.

Hay bancos con sombra repartidos por todo el pueblo.
Hay bancos con sombra repartidos por todo el pueblo.

Caminamos entre edificios de estética colonial, impregnándonos bien fuerte de esa esencia que sólo destilan los pueblitos con solera. Aunque se desconoce el origen concreto de las calzadas por las que paseamos, sí que es sabido que se articulan siguiendo el antiguo Camino Real, un tipo de vía de comunicación que conectaba los diferentes asentamientos de la isla. Caminos nacidos de la necesidad de moverse por un territorio de barrancos y pendientes que hoy aportan al paseo ese aire pausado que hace que recorrer Agulo sea casi como asomarse a otra época. El empedrado tenía un fin meramente práctico: proporcionaba una superficie mucho más estable y resistente en las pendientes cuando llovía. El desarrollo de las infraestructuras, con la red actual de carreteras, aún tardaría en llegar.

El color también impregna la señalética.
El color también impregna la señalética.
Plantas y flores decoran puertas y ventanas.
Plantas y flores decoran puertas y ventanas.

Sin embargo, Agulo fue una ciudad próspera en muchos otros sentidos. Resulta que el negocio de la exportación, especialmente del plátano y del tomate, ayudó a que su economía se desarrollara a lo grande. Por esto mismo, fue incluso el primer pueblo en toda la isla en contar con agua potable, electricidad, y hasta con un pescante cuyos restos, apenas unos pilotes que sobresalen del mar, rememoran hoy desde la distancia los buenos y exitosos tiempos: desde aquel puertecito, construido en 1908, salía la mercancía agrícola directamente al mar. Algunas fuentes documentan que permitió exportar más de 30.000 bultos en un año, pero desde que un temporal lo destruyera a mediados del siglo XX, tan sólo quedan los recuerdos.

.Iglesia de San Marcos Evangelista, con su cúpula blanca.
.Iglesia de San Marcos Evangelista, con su cúpula blanca.

Arte, pasión e historia

Nos plantamos en la Plaza de Leoncio Bento, corazón indiscutible de Agulo, para llegar así a la Casa del Pintor José Aguilar. Aunque nacido en Cuba, este artista tan querido en el pueblo creció en él y está considerado uno de los grandes muralistas españoles del siglo XX: su talento le permitió transformar los rostros de la isla y la esencia campesina en el tema de su obra, dotando de máxima dignidad a los protagonistas del sector. Además, su casa guarda entre sus paredes una de las historias más singulares del pueblo: la de los Filiichristi o Hijos de Cristo.

Parte del encanto local.
Parte del encanto local.

Esta peculiar comunidad de inspiración cristiana, teosófica y esotérica, llegó a Agulo y se asentó en el pueblo entre 1913 y 1936, consiguiendo reunir a algunos de los personajes más inquietos del municipio. Seguían una serie de normas estrictas de lo más singulares: sus miembros vestían hábitos, seguían una vida austera y se dedicaban, entre otras cosas, a alfabetizar a los vecinos en una época en la que el analfabetismo era muy alto en La Gomera. Un episodio insólito que añade una pátina de misterio a las tranquilas calles de Agulo.

Toño en su jardín con decoración de cáscaras de huevo.
Toño en su jardín con decoración de cáscaras de huevo.

Calles que seguimos descubriendo a nuestro ritmo, embobándonos ante las postales alegres que protagonizan sus casas señoriales de los siglos XIX y XX, elegantemente decoradas con sus ventanas ribeteadas de colores y fachadas impolutas. Algunos balcones lucen colmados de flores, mientras que los patios interiores se nos revelan tras las rejas con exuberante vegetación. Miremos donde miremos, el encanto de la localidad atrapa, dejándonos muy claro los porqués de su popularidad. Hoy, siguen existiendo sus mismos tres barrios históricos: La Montañeta, Las Casas y El Charco, que se articulan alrededor de caminos y huertos y poseen su propia identidad, aunque todos se encuentra unidos por el mismo espíritu comunitario.

El mural de Airjecor rinde homenaje al silbo gomero.
El mural de Airjecor rinde homenaje al silbo gomero.
La obra incluye referencias a la poeta local Cesarina Bento.
La obra incluye referencias a la poeta local Cesarina Bento.

De repente, un mural llama nuestra atención. Se trata del toque de color que el artista Airjecor ha aportado a la arquitectura de Agulo con su obra, un sincero homenaje al silbo gomero, ese particular lenguaje silbado que permite reproducir mediante diferentes tonos y modulaciones los sonidos del castellano para comunicarse a distancia, y una de las mayores señas de identidad de la isla. La obra completa se titula Legacy and Roots of Agulo y fue realizada a comienzos de 2026, y además de mostrar a una niña que silba, incluye también referencias a la poeta Cesarina Bento —nacida en Agulo y una de las voces canarias más silenciadas—, a las Hogueras de San Marcos —una de las fiestas más emocionantes de La Gomera— y a otras figuras de la cultura local.

Las alegres calles parecen sacadas de una postal.
Las alegres calles parecen sacadas de una postal.

De tanto en tanto, también, vistas y miradores: al Atlántico infinito y a los riscos de alrededores, a las plantaciones agrícolas dispuestas en bancales y a las casitas de colores. Es la postal del encanto de un pueblo que defiende como pocos la identidad gomera demostrando, desde hace tres siglos, que el orgullo isleño se defiende con fuerza en cada recoveco de esta isla. Y a 200 metros sobre el nivel del mar, en este hermoso pueblo que es Agulo, con increíbles vistas a un Teide —a veces esquivo–, muchísimo más.

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