¿Cuáles son las webs y apps de Repsol?

Si tienes una cuenta en cualquiera de ellas, tienes una cuenta única de Repsol. Así, podrás acceder a todas con el mismo correo electrónico y contraseña.

Waylet, App de pagos

Repsol Vivit y Ýrea Cliente de Luz y Gas

Pide tu Bombona y Pide tu Gasoleo

Box Repsol

Guía Repsol

Repsol.es y Tienda Online

Ýrea profesional Mi Solred

Compartir

{{title}}
{{buttonText}}
Surferos en la playa de Majanicho (Fuerteventura).

Qué ver y planes en Lajares (La Oliva, Fuerteventura)

El pueblo de los surferos que no tiene playa

–

Actualizado: 12/09/2026

–

Fotografía: Alfredo Cáliz

Como una pequeña torre de Babel. La localidad de Lajares (municipio de La Oliva) lleva años atrayendo a artesanos, bohemios y muchos surferos (y eso que no cuenta con playa propia) de diferentes nacionalidades. Escoltado por un volcán, este pequeño rincón del norte de Fuerteventura ofrece varios planes para los amantes del senderismo, las olas, los vinos y las artesanías con conciencia sostenible.

Desde hace unos años, el ambiente hípster ha conquistado las calles de Lajares. Atrás quedó un pasado, no tan lejano, donde la mayoría de los habitantes de este pueblo del municipio de La Oliva se dedicaba a los molinos harineros, las canteras de piedra, el cultivo de trigo y cebada, y la ganadería de cabra majorera. Ahora es más frecuente encontrarse con ceramistas, diseñadoras, pintores, arquitectos, nómadas digitales, maestros de yoga, empresarios de multinacionales y surfistas. Muchos surfistas.

Puesto del Mercado Artesano en Lajares (Fuerteventura).
La localidad concentra varios talleres de artesanos y los sábados se organiza un mercado muy popular.

Y eso que la localidad de Lajares no cuenta con playa propia. Eso no ha impedido que en las últimas décadas se hayan multiplicado las escuelas de surf y windsurf, los espacios donde hacerse con tablas y neoprenos, las tiendas en las que reinan las bermudas, camisetas holgadas y sudaderas, así como los colgantes y pulseras. También los desayunos con pancakes, açai bowl y zumos detox. Descubrimos, con las piestas de algunos locales, planes para sacarle todo el partido a este rincón del norte de Fuerteventura.

Subimos a un volcán relativamente joven

Cuenta Faly, empresario de la gastronomía y miembro de una parranda local, que desde la pandemia de 2020 las visitas al Calderón Hondo “se han multiplicado”. Durante el siglo pasado, a los pies de este volcán, formado hace 50.000 años, se abrían canteras de las que se extraían picón y arenas. Hoy se cruzan en el camino que nos conduce a su cráter grupos de senderistas, algún valiente corredor y un quinteto de dromedarios. En el parking que encontramos a la salida de Lajares dirección Majanicho no solo hay aparcados vehículos, sino que cada mañana -de martes a sábado- arrancan desde aquí las excursiones de Camel Rides Lajares para ascender el volcán a lomos de las dromedarias (porque cuentan con una sola joroba) Tirba, Guasimara, Najara, Pajarita y el macho castrado Cassius.

Camellos subiendo al volcán Calderón Hondo en Lajares (Fuerteventura).
Al volcán Calderón Hondo se puede ascender andando, en bici o a lomos de un dromedario.

Si optamos por hacer la ruta a pie, es apta para toda la familia. Durante el trayecto seguramente nos acompañen las ardillas morunas, que han perdido ya todo miedo a acercarse a los humanos y que se recomienda no alimentar, porque son una plaga en la zona y están acabando con la flora autóctona. Junto a Calderón Hondo, casi recostado sobre él, veremos primero la Montaña Colorada. Ambas elevaciones forman parte de la alineación volcánica de Bayuyo, una cadena de más de cinco kilómetros de volcanes y lava que se originaron con las últimas erupciones importantes del Pleistoceno superior y que dieron forma al norte de la isla. La última parte del camino es un poco más empinada, con unas escaleras talladas en la roca, que terminan en el mirador desde el que observar el interior del cráter (con 70 metros de profundidad) y un paisaje de calderas, playas y, los días despejados, la vecina Lanzarote en el horizonte.

Turistas en Majanicho (Fuerteventura).
Esta parte del norte de la isla de Fuerteventura fue la última en formarse geológicamente.

Las playas de los surferos

Hemos dicho que Lajares no tiene playa propia, pero sí vecinas. Siguiendo la misma carretera que nos conduce al parking del volcán, llegamos a Majanicho. A escasos 15 minutos en coche, esta pequeña bahía de aguas cristalinas parece un óleo de Joaquín Sorolla. Las casetas de pescadores pintadas de blanco y azul, las barquitas fondeadas en un océano en calma al resguardo del bravo oleaje del Atlántico, y una playa donde se intercalan la negritud de la lava y el blanco de la grava, en la que suelen anidar ejemplares de chorlitejo patinegro. Un espacio para desconectar mirando la franja donde se funden cielo y mar.

Playa de Majanicho (Fuerteventura).
La bahía de Majanicho, un caserío de La Oliva a escasos 15 minutos de Lajares.

Unidas por un camino de tierra, que recorren senderistas, ciclistas, motoristas, quads y vehículos particulares, se van sucediendo varias playas rocosas donde, más que bañistas, encontramos legiones de surferos. La caleta de Bajo Almejillón, el Purgatorio, el Barco o una de las predilectas por las escuelas de surf para el bautizo de los primerizos: La Laguna. “Es perfecta para aquellos que se estrenan sobre la tabla porque genera una primera ola, que rompe muy al fondo, y vuelve a regenerarse; además se suele tomar de manera muy suave”, explica Francesca, fotógrafa italiana que lleva años retratando a estos alumnos y que, como tantos, acabó cautivada de la isla.

Surfistas en Majanicho (Fuerteventura).
Alumnos de una escuela de surf reciben las primeras instrucciones antes de entrar al mar.

Si en estas calas predominan los neoprenos, los escarpines y las mechas californianas, a escasos metros lo que se imponen son los móviles haciendo fotografías. Casi nadie extiende la toalla o planta la sombrilla (el viento tampoco lo permitiría) en la Playa del Bajo de la Burra. Ese es su nombre oficial, aunque se ha popularizado como la de las Cotufas o Pop Corn, por la peculiar forma de sus rodolitos, similar a las palomitas de maíz. Son estructuras calcáreas de algas rojas coralinas que son arrastradas a la costa, conformando este peculiar e instagrameable paisaje blanquecino. Muy tentadoras, pero después de hacerte la típica foto con un puñado en las manos no te las eches al bolsillo, porque cumplen una función primordial en el equilibrio del ecosistema.

Playa de Cotufas (Fuerteventura).
Aquí no se extiende la toalla, se saca el móvil.
Rodolitos en la playa de Cotufas (Fuerteventura).
Los rodolitos con la curiosa forma de palomitas de maíz.

Por último, son muy populares las extensas playas de arena fina de El Cotillo y Corralejo, ambas en el municipio de La Oliva. El Cotillo está ubicado a 8 kilómetros al oeste de Lajares, todavía se salva de la masificación turística y cuenta con varios arenales, entre ellos Piedra Playa, con más de 1.500 metros de longitud bordeados por imponentes acantilados. El fuerte oleaje y las corrientes no lo hacen el sitio más ideal para el baño, pero sí el paraíso para la práctica del surf, el windsurf y el kitesurf, así como para contemplar unos espectaculares atardeceres. Si entramos por el pueblo de El Cotillo, podremos visitar antes de bajar a la arena el Torreón del Tostón (o Torre de Nuestra Señora del Pilar y San Miguel), una torre vigía, con aljibe y polvorín, construida a mediados del siglo XVIII para proteger la isla y el tráfico comercial de piratas franceses, ingleses y berberiscos. Hacia el este de Lajares está Corralejo, donde ya no impera la tranquilidad, pues se ha convertido en uno de los grandes epicentros turísticos, siendo el segundo núcleo de población de Fuerteventura después de la capital. Desde este punto salen los barcos que trasladan al islote de Lobos, aunque es necesario registrarse previamente para conseguir plaza en el cupo diario.

Playa de El Cotillo (Fuerteventura).
La extensa playa de arena blanca de El Cotillo.

Mercado de artesanos

Son numerosos los talleres de artesanos, tiendas y galerías de arte que podemos encontrar en el pueblo. La compañera Elena Ortega nos descubrió que este triángulo entre El Cotillo, Lajares y Corralejo concentra el mayor número de artistas de la isla, muchos extranjeros atraídos por los paisajes desérticos y otros, majoreros de nacimiento que mantienen viva la tradición local. “Es un pueblito de buena vida austera donde nos conocemos todos”, aseguraba en aquel reportaje la diseñadora Teresa Caruncho. En su pequeño taller Cotton's Waves, en la avenida principal Coronel González del Yerro, cuelgan bolsos, chales, vestidos de lino, viseras, collares, monederos y neceseres, que también pueden adquirirse vía internet.

Puesto del Mercado de Artesano en Lajares (Fuerteventura).
Todos los sábados se monta el mercado de artesanía de Fuerteventura.

Pero, sin duda, el gran atractivo turístico que atrae a numerosos visitantes a Lajares todos los sábados es su Mercado de Artesanía, en la plaza del Centro Cultural. “Llevamos 16 años y lo fundamos un grupo de artesanos de distintas disciplinas con taller en Fuerteventura. Al principio éramos una docena y ahora superamos el medio centenar de socios en la asociación Re-lajarte”, nos explica Nicolás, uno de los veteranos que trabaja con el barro cocido. Muchos aprovechan materiales reciclados para la confección de piezas de marroquinería, joyas, cerámicas, pinturas, complementos, velas, pastillas de jabón, vestidos o cosmética. Además, la jornada se anima con actuaciones musicales en vivo y, cada primer sábado de mes, con animaciones para niños.

María y Tania, artesanas de Lajares (Fuerteventura).
Las artesanas María y Tania, entre las veteranas del Mercado.

Molinos, senderismo y enoturismo

Como en muchos otros rincones del norte de la isla, el skyline de Lajares cuenta con la silueta recortada en el cielo de las aspas de un molino, en este caso, el de don Andrés Fernández, que molió gofio hasta la década de los 60 del siglo pasado. También hay dos molinas (donde la molienda y la zona de manipulación del grano están en la misma planta rectangular y la estructura de madera de las aspas se puede orientar en distintas direcciones, incluso desmontar y trasladar a otro lugar) ya en desuso. Para los que les guste el senderismo, muy recomendable la sencilla ruta hacia el fotogénico Barranco de los Encantados (o de los Enamorados), situado a unos 9 km desde el centro del municipio. Se trata de una formación geológica, originada hace más de 100.000 años, con curiosas paredes fosilizadas, producto del retroceso del océano -de ahí la presencia de fósiles marinos- y esculpidas a lo largo de los milenios por el agua y el viento. Estas dunas han sido escenario de rodajes cinematográficos y permiten el estudio del cambio climático a nivel global.

Pedro Martín Hernández, propietario de la bodega Conatus en Lajares (Fuerteventura).
Pedro Martín Hernández, bodeguero y propietario de Conatus.

Terminamos nuestra visita a Lajares brindando con el deseo de volver. La bodega Conatus fue la primera en inscribirse en la DOP Canarias de la isla de Fuerteventura. “La monté por prescripción médica -reconoce el bodeguero Pedro Martín Hernández-. Yo tenía un restaurante en Corralejo y me estaba matando de estrés, así que decidí cambiar los fogones y lista de reservas por el campo y el viñedo”. En el terreno de los padres, comenzó a plantar viñas, que hoy producen variedades como hoja moral, listán blanco, negro y prieto, verijadiego, malvasía volcánica, tintilla, marmajuelo o baboso negro, con la que elabora, junto al enólogo Alberto González, sus cinco vinos: Conatus, Airam, Pink, Conatus Baboso Negro y el dulce Magec. La nueva bodega, anexa al viñedo, se inauguró en mayo de 2025 y en ella se realizan catas, comidas, eventos privados y visitas guiadas.

Quads en los alrededores de Lajares (Fuerteventura).
Paseo en quads por los alrededores de Lajares.

Te puede interesar