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Desde desayunos sencillos hasta cenas reconfortantes, las elecciones de Jordi Grau en Andorra dibujan un mapa personal de lugares donde el producto, el cariño y la coherencia con su estilo de vida son tan importantes como el sabor.
Es uno de esos lugares que Jordi recomienda por lo que transmite más que por la espectacularidad de sus platos. Ubicado en Llorts y poco conocido, destaca por su emplazamiento y porque “ya cuando entras en el local, hasta la decoración, se ve que es un negocio familiar y lo hacen mucho con cariño”. Allí suele ir a desayunar cuando tiene tiempo. No busca algo instagrameable ni sofisticado, sino un desayuno “real”. Lo que más valora es la calidez del espacio y la autenticidad de la experiencia, esa sensación, como él mismo asegura, de “comer cariño”.
“Si estoy por el centro y quiero un desayuno más al uso, pensando un poquito en lo que como”, explica el cocinero sobre su sitio de referencia para arrancar el día con un plato más alineado con su cuidado. Aquí prima la posibilidad de elegir con precisión qué comer. Suele optar por opciones proteicas y ligeras, como tortillas de varias claras con un solo huevo acompañadas de aguacate, por ejemplo. Él destaca del Riverside que le permite mantener el control sobre su alimentación sin renunciar a un buen producto ni a un entorno agradable. Es el reflejo más claro de su disciplina diaria: “Va acorde con lo que yo soy y con cómo me cuido”.
Jordi está enamorado de este proyecto ubicado en un sitio bastante pequeño y alejado dentro de Andorra: Ansalonga. Destaca la historia de los dueños: un matrimonio joven procedente de Madrid que se trasladó a Andorra y creó un obrador. “Empezaron a hacer un pan y bollería de autor, un producto que es muy peculiar y muy especial. Han creado un ecosistema de cultura del pan, de cultura de la masa y, la verdad, es que está muy chulo”. Jordi destaca la personalidad del lugar y de su producto: panes especiales de masa madre, panettones en invierno y roscones de Reyes en temporada. El chef valora sobre todo la autenticidad del proyecto, la pasión con la que trabajan y la creación de un pequeño negocio alrededor del buen pan y la bollería artesanal.
“Yo tengo dos formas de salir”, asegura Jordi, que con su rutina de cuidado diario luego se “pega algún festival más relajadamente” en sus días libres o cuando sale con su pareja. Así, él distingue entre salir de forma recreativa y salir a descubrir propuestas gastronómicas más elaboradas, donde encajaría Beç (Restaurante Guía Repsol), de su gran amigo Rodrigo Martínez, y que Jordi vincula más a momentos especiales. En Beç puede optar por un menú degustación cuando la ocasión lo merece o, si prefiere algo más informal, pedir platos concretos. “Hay días que llego y le digo a Rodri que me dé lo que él quiera, y otras veces, sin embargo, pues pido lo que ya conozco como su paletilla de cordero o sus entrantes”, asegura el chef catalán, que destaca esa posibilidad de adaptar la experiencia: tanto un recorrido completo por el menú como una comida más directa con la carta.
Plato del restaurante Beç.
En la misma línea que Beç, para ocasiones especiales Jordi también recomienda Celler d’en Toni, porque lo lleva el propietario Marcel Besolí y de jefe de cocina está Òscar Serra. “También me gusta mucho este restaurante, comemos muy bien y te tratan con mucho cariño”, dice Jordi este restaurante emblemático de Andorra que lleva abierto de 1964 cuidando de los sabores tradicionales andorranos con creatividad.
Para Jordi, Lamont es un sitio seguro y refugio entre semana, que, además, está situado cerca de su lugar de trabajo, en el Valle de Incles. “Es una construcción de madera, muy acogedora, con una chimenea en medio del restaurante, que es toda una declaración de intenciones”, describe el chef el lugar donde tiene tanta confianza como para llamar antes de terminar su servicio en Ibaya y preguntar si tienen sitio para uno. Aquí su elección es clara y casi ritual: muslo de pollo de payés de Berga a la brasa con “patatas al caliu”. Jordi va, cena en poco tiempo y regresa a su rutina, pero le gusta este lugar porque “para mí es salir un poco y evadirme, pero al final no dejo de comer bien. Y estos sitios son los que yo acabo frecuentando más”.
Pese a que la oferta gastronómica de Hotel Grau Roig es amplia, con diferentes tipos de restaurantes, Jordi destaca este lugar por el cuidado de los detalles. Valora mucho la implicación directa de la propietaria “siempre al pie del cañón”, presente en el día a día del hotel, algo que para él dice mucho de un negocio de hostelería. Subraya la atención, el ambiente acogedor y la dedicación que se respira en el servicio.
Para Jordi sus elecciones dependen tanto del producto como del cariño, la cercanía o la posibilidad de mantener el equilibrio entre su disfrute y su cuidado, no se olvida de otros lugares. “Es que hay muchos que me gustan y que quiero mencionar, porque también están Odetti o Can Manel (Restaurante Guía Repsol), que me encantan”, asegura con el temor de dejarse a alguno en el tintero. Sabiendo esto, intentaremos seguir todas sus recomendaciones.
Can Manel, otro establecimiento que no falla. Foto: Can Manel
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