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Antes de que se inventara el automóvil, la bombilla o la penicilina, la familia Almarza ya hacía dulces en su obrador de la calle Arco de la Villa de Almazán. En 1820, los antepasados de María Celina abrieron la misma “confitería, chocolatería y cerería” que hoy muestra a Guía Repsol junto a Santiago, su marido.
El que accede por primera vez a ‘Confitería Almarza’ (Solete Guía Repsol) no sabe en qué fijarse primero: las vitrinas repletas de bollos, pastas y pasteles clásicos, la báscula Berkel, la caramelera, la curiosa maqueta del local o las cajas de bombones antiguas. Y detrás del mostrador, la sonrisa acogedora de la repostera anfitriona: “Nosotros seguimos elaborando como antes, con materias primas naturales de la zona cuando podemos”, explica Celina mientras guía al visitante hasta el obrador, esquivando bandejas de yemas.
De ese dulce histórico que, según cuentan, ya conquistaba a Isabel La Católica, nació otro que en la actualidad como mínimo le empata en ventas. De hecho ahora, con la Navidad al volver la esquina, se venden incluso más paciencias que sus predecesoras. “Había que hacer algo con las claras”, explica Celina sobre el origen de las paciencias, esas pastitas duras de clara de huevo, harina, azúcar y ralladura de limón, que aquí se siguen haciendo “tirando a manga una a una en las latas del horno”.
A pesar de su sencillez, pueden resultar adictivas si se saben comer. Para ello, cuentan con cartelería divulgativa en el local: “Introduzca una en la boca y, sin morderla, paséela como un caramelo. En un segundo notará su sabor. Al cabo de unos segundos más, advertirá que se ablanda”, leen solo los recién llegados. Mientras unos observan cada detalle como quien descubre un tesoro, esta mañana de sábado otros llegan a ‘Almarza’ como el que hace un recado semanal.
Justo así llega una señora, sujetando un papel cuadriculado donde se puede leer una lista de nombres de mujer y al lado, diferentes tipos de dulces y cantidades; parece una lista de regalos a familiares, o un favor a sus vecinas. Aunque, según cuenta Celina, la mayor parte del negocio proviene de ese turismo pausado y reincidente que aún resiste en la provincia, también cuentan, como vemos, con clientela de diario que se suele llevar otro tipo de elaboraciones: “El bizcocho para el chocolate, las mantecadas para el café o el pan de leche para el desayuno”, precisa la repostera.
Precisamente gracias a esa clientela local, este lugar ha cumplido ya los 205 años. Tan larga está siendo su trayectoria que han terminado jubilando a varios de sus proveedores históricos: “Aquí la mantequilla, la leche y la nata son de Cañada Real siempre, pero por ejemplo el molino de aquí cerró y nos tuvimos que buscar la vida con la harina, y algo parecido pasó con los huevos, que ahora son de Ólvega”, relata.
Mientras lo va contando todo, María Celina muestra la mesa de mármol donde se enfrían las yemas o la balanza de metal que aún usa, donde se puede pesar en gramos o en libras. “A mí me gusta mucho mi trabajo y estoy muy orgullosa de él”, afirma, aunque como suele pasar en estas sagas duraderas, no siempre estuvo todo tan definido. “Yo nací en la confitería pero me fui a estudiar fuera porque tenía claro que no me quería quedar aquí”, recuerda la confitera. Luego, con el fallecimiento de su padre, la cosa cambió: “Mi madre me dijo: ‘Te doy un año de prueba’, muy bien, pues aquí estamos, 30 años después”.
'ALMARZA' - Arco de la Villa, 4. Almazán. Tel: 975.30.01.21
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