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Fue en 1910 cuando Francisco y Francisca viajaron desde Crevillente a Madrid en un carromato, para vender esta refrescante bebida natural, que conquistó a los sedientos paladares capitalinos y ha cautivado a la NASA por sus innumerables propiedades nutricionales. Tardaron un mes en llegar y pasaron por distintas ubicaciones hasta instalarse en el número 9 de la calle Narváez. Allí, desde 1944, se emplaza el puesto de venta de horchata más antiguo de la ciudad. Y el último “aguaducho”, como se denominaban los populares quioscos de bebidas artesanales que proliferaban en las calles y plazas de la capital. A principios del siglo XX llegó a haber hasta 300.
José Manuel García, bisnieto de aquellos pioneros, creció echando una mano en el negocio. Hoy, 82 años después, sigue tras el mostrador de su icónico quiosco de estilo marinero, un clásico de Chamberí, promocionando este superalimento y manteniendo su autenticidad. Como diría mi abuela: “Aquí no vendemos guarricolas”. El secreto está en amar el oficio y cuidar el producto.
Otro templo madrileño de la horchata es la heladería Los Alpes (Arcipreste de Hita, 6). Guillermo Castellot lleva 35 años ofreciendo esta bebida hecha de chufas con denominación de origen a una clientela devota. El secreto: una cuidadosa elaboración, fiel a la receta de su padre, que era de la Toscana y aprendió de los maestros de Alboraya, sin dejar de innovar para cuidar el producto y el medioambiente. “La fórmula es sencilla: calidad y trabajo. La diferencia entre una horchata buena y una mala está en cuánto dinero quieres ganar. A menos chufa, peor horchata. Si se pasteuriza, pierde sus propiedades, y para mantenerlas debe guardarse en la nevera, pero no en la puerta, sino dentro, y máximo cuatro días”, explica Guillermo.
Los expertos afirman que una buena horchata debe ser cremosa, de color ligeramente beige y con un intenso sabor a chufa. “La mejor horchata es aquella que, cuando la bebes, deja el vaso blanquecino, y restos de chufa en el fondo. Tenemos con y sin azúcar. Para apreciarla, hay que probarla varias veces”, subraya. Y, a tenor de lo que dicen los clientes de Los Alpes, “quien la prueba repite”, como asegura un habitual, que se traslada desde Barajas a Moncloa en bicicleta para degustar este manjar. “Busco calidad y esta es la mejor”, asegura.
Sergio Ferrer es la cuarta generación de horchateros de una familia llegada de Valencia en 1946. Este humilde local, conocido también como La Fábrica, en la calle Pedro Tezano 11, en Tetuán, conserva su esencia original. Las fotos de familiares y famosos que cuelgan de las paredes y los viejos molinos de prensar chufa son testigos de su historia. Hasta aquí vienen turistas, familias con niños y jóvenes atraídos por las bondades de esta bebida saludable. “El negocio y el consumo de la horchata han evolucionado: hace 50 años se tomaba más. Luego surgieron nuevas bebidas y primó la comodidad frente a la artesanía. Nosotros mantenemos el legado familiar y hacemos horchata con chufa de denominación de origen a diario. Gente de 80 años que venía con sus padres hoy viene con sus nietos”, cuenta Sergio orgulloso.
Si los beneficios de la horchata son muchos, los productos elaborados con ella, también. En Oroxata puedes encontrar cocas valencianas con horchata, pizzas con harina de chufa, natillas y deliciosos polos caseros de horchata, entre otros. De hecho, convencido de que la horchata tiene futuro, Sergio abrió un segundo local hace un año en el paseo de la Florida 28. “Es un producto con muchas posibilidades y queremos que mucha más gente lo conozca”, subraya.
Alboraya es sinónimo de horchata. Este municipio es la cuna de la chufa, ese pequeño tubérculo que llegó a tierras levantinas desde África hace 12 siglos. Su ‘oro blanco’ se puede degustar al más puro estilo valenciano sin salir de Madrid, en las Heladerías Alboraya, acompañado de los imprescindibles fartons. En las cerámicas de su establecimiento de Alcalá 125 puede verse el proceso de elaboración.
“La horchata es una bebida natural tradicional, que a partir de los años 80 fue desplazada por el boom de los nuevos refrescos. Pero la juventud está volviendo a ella, porque es la bebida energética más sana y natural. La sin azúcar va al alza: es más ligera y permite apreciar más el sabor de la chufa. A mí, personalmente, me encanta con cereales”, cuenta su propietario, José Monrós. “También tenemos helado de horchata, con y sin azúcar, y granizado” añade.
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