Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
A la hora de desayunar, si uno entra a tomarse un café con un manolete -dulce típico de la ciudad de hojaldre relleno de cabello de ángel-, una palmera de chocolate o, para los menos golosos, una porción de empanada de atún, por ejemplo, se puede ver todo el trasiego de la pastelería. Aunque estamos en mayo y es día de comuniones, intuimos que aquí el movimiento es constante, porque los pasteles y tartas horneados en el obrador, que está en la trastienda, mantiene los métodos artesanales de hace décadas.
“Mi padre siempre fue pastelero, pero en 1996 decidió abrir su propio negocio y abrió esta confitería”, sonríe José Damián Donado Santa recordando la historia familiar de la pastelería que lleva el nombre de su madre. Después de tantos años endulzando la vida de los valdepeñeros, el relevo generacional lo hizo el hijo mayor Francisco Javier. “Mi hermano, que también es pastelero, siguió los pasos de mi padre y mantiene las recetas y el mismo cuidado en el obrador con el que nació”, explica José Damián, que nos recibe contento en el mismo local.
Él se sumó más tarde al proyecto de la familia. Bailarín profesional, salió de Valdepeñas siendo prácticamente un niño, exprimió su carrera al máximo y, cuando el cuerpo dijo basta, regresó a su tierra para trabajar con su hermano. Las paredes de la pastelería lucen fotos de algunas de las actuaciones más importantes de José Damián. Un pasado que queda lejos del uniforme pastelero que luce ahora con orgullo.
La palmera de chocolate es “la reina de la casa”, pero “también tenemos los manoletes, es un tipo de hojaldre con un poquito de cabello de ángel; cortadillos aceitados, que son lo más natural que puedes comer; matencados, bizcochos de canela, alfonsinos, almendrados...”, enumera José Damián los productos de la casa. A los que se suman otros de temporada como las flores, buñuelos, rosquillas, nuégados, que son para fiestas concretas como los Santos o Carnaval.
Para todos estos dulces, José Damián explica que siguen la tradición de su padre y no han cambiado nada en la elaboración: “Todo continúa siendo totalmente artesanal”. De hecho, no han introducido productos nuevos, sino que han decidido mantener los mismos dulces que se elaboraban antes porque eso es lo que la gente demanda. “Simplemente hemos cambiado las manos de unos por las manos de otros”, pero el producto y la tradición siguen intactos, asegura con una sonrisa el heredero de Pilar. Y esta forma de hacer las cosas se ha traducido en decenas de premios, que también muestran orgullosos en alguna estantería del establecimiento. Y, por supuesto, su Solete, que da la bienvenida a los clientes en la puerta.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!