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En el año 1967 un joven salmantino se proclamaba campeón de España de coctelería. Su combinado, que 1971 también le llevó al subcampeonato mundial, tenía una base de ginebra y vermú rojo además de licor de plátano, zumo de lima, angostura, una rodaja de limón y una cereza. Lo llamó Promesa. Justo el nombre del restaurante que, más de cinco décadas después aquel chaval -Miguel Sánchez, hoy ya con 78 años- ha impulsado en Málaga y que acaba de recibir su primer Sol Repsol.
El también fundador de la cadena MS Hoteles ha abierto Promesa en los bajos de uno de sus establecimientos, el MS Maestranza, en el corazón del barrio de La Malagueta. Un lugar donde cada menú —sea degustación o a la carta— arranca con una muestra del mítico cóctel para abrir apetito en busca de pases protagonizados por la gastronomía malagueña, el producto de cercanía y toques de cocina francesa. La gilda con concha fina o la porra blanca con piparra y presa ibérica curada son toda una declaración de intenciones.
Al frente de la cocina está Julio Zambrana, malagueño de 47 años que se crió en el restaurante que regentaba su padre, La Blanca Paloma. Luego pasó por Elizabeth (Oxford) y distintos negocios de la Costa del Sol hasta que aterrizó en La Cosmopolita, de Dani Carnero. Allí fue a verlo la propia familia Sánchez cuando apostó por él. “Buscábamos un chef y cuando hablé con él me convenció, primero, su forma de ser. Y luego ya su profesionalidad, claro: vimos lo que hacía allí y nos encantó”, recuerda Miguel Sánchez, quien sostiene que, además, coincidían con él en la idea de dar protagonismo al producto local. “Málaga tiene una riqueza increíble que ha estado olvidada muchos años”, relata el empresario, quien disfruta de que el cóctel que ideó hace 56 años siga en las mesas de sus clientes.
De color tropical anaranjado y un sabor exquisito, el combinado Promesa es lo primero que aparece en todas las mesas. “Es la forma de dar la bienvenida y, también, de ir haciendo entrar al comensal en nuestra historia”, sostiene Zambrana. La suya es una cocina malagueña elaborada a partir de producto “lo más cercano posible y de calidad” y toque francés. Tiene, de hecho, ciertos aires a La Cosmopolita —que cerró en octubre de 2025— no tanto en la carta como en el objetivo de hacer pasarlo bien a sus comensales. “Es un concepto que aprendí allí: que el cliente disfrute a partir del disfrute del equipo”, explica el chef, que aquí cuenta con 23 personas en plantilla. La apuesta salió bien: abrieron sus puertas en julio de 2023 y en menos de un año la Academia Malagueña de Gastronomía los reconoció como el Mejor Restaurante de la provincia.
Conchas finas, chivo local o productos de la huerta ecológica de la familia Hevilla en Coín son la base de su carta. Es corta, con un puñado de platos fijos que se complementan con una decena que varían según el día y el producto que haya en los mercados. Ahí entra también atún de Cádiz o carnes y fabes asturianas. “Utilizamos lo mejor de aquí y, si no hay, pues lo vamos trayendo de otros sitios”, relata el chef. Le gusta destacar platos como las croquetas de jamón o gambas y los brioches —uno con choco y otro de manitas con gamba en tempura— que están siempre y son claros favoritos de la clientela. Más allá, ostras, ensaladilla de atún y gambas, lubina salvaje o mero a la brasa en caldillo pintarroja con anguila ahumada y pak choi.
Con tres espacios -comedor, barra y terraza-, el restaurante abre a las once de la mañana y cierra a las once de la noche. Lo hace a diario, los 365 días del año. La cocina tampoco se detiene, así que cualquier momento es bueno para tomar un café, un cóctel o sentarse a comer o cenar. Y siempre hay mucho donde elegir, porque a la carta se le une una triple propuesta de menú degustación: Esencia (65 euros, con siete pases y un postre) sirve de introducción a la filosofía del establecimiento; Promesa (90 euros, con 10 pases y dos postres) va aún más allá; y El Gran Festín (120 euros), propuesta tira de la creatividad de Zambrana para ofrecer lo mejor del día… y alguna sorpresa más.
Tras el cóctel inaugural, el menú intermedio, Promesa, empieza con tres aperitivos: la gilda de concha fina, una tartaleta de steak tartar con anguila y caviar y una singular cañaílla. Va primero cocida y luego gratinada cocinada al estilo de los escargots à la bourguignonne franceses, con mantequilla de ajo y perejil, herencia de la cocina que Zambrana aprendió con su padre y del paso por Reino Unido. El sumiller, Yony Alexandre Ríos —de 32 años, nacido en Colombia y criado en Nerja— recomienda para maridar un vino blanco, Secuencial, que el argentino Fabio Coullet elabora con Moscatel de Alejandría, Pedro Ximénez y Doradilla en la Axarquía malagueña. “Es muy versátil, tan tropical como mineral”, relata Ríos justo cuando llega un nuevo plato: una versión de la clásica ensalada malagueña con pez limón, naranja, tupinambo, alga nori, anchoa y aceituna. No se parece prácticamente en nada a la original, pero mantiene su espíritu y mejora su sabor con más matices.
Los siguientes pases viajan del mar al campo. Primero de la quisquilla de Motril con zanahoria encominá a la porra blanca con piparra y presa ibérica curada, combinación imbatible. Luego pasa del gazpachuelo local —pero de miso y manzanilla— con corvina confitada y tirabeques a la almeja con chantarela y anguila ahumada, versión de un plato tradicional malagueño —el pimentón paleño—cuya pista prácticamente ha desaparecido en la ciudad. Luego llega una de las estrellas del menú: el chipirón, con un delicioso sabor a brasa y servido sobre un caldito de coles con alcaparras y cebolla encurtida casera. Entre medias, un descanso para saborear un buen pan de masa madre y tres mantequillas. Una de vaca (de Arias Moniz / Galicia), otra de cabra (El Bucarito, de Cádiz) y otra de oveja (Calaveruela, Córdoba).
Con una copa de Niño Perdido sobre la mesa —vino rancio de garnacha elaborado en las faldas del Moncayo, entre Navarra y Aragón— llegan el salmonete en sashimi servido con una salsa roteña de los interiores del pescado. También la codorniz Promesa, llamada así porque se inspira en los botánicos del cóctel original del proyecto —hinojo y mandarina— e incluye un muslito a la brasa y una pechuga abierta en crapaudine, nueva señal de la influencia de la cocina francesa en la casa. Para la recta final, otra botella de Fabio Coullet —esta vez Ingénito, monovarietal de garnacha— acompaña la chuletilla de cordero lechal sobre salsa Café de París —oh là là— de mantequilla de cabra y la paletilla asada en sarmiento, como explica el jefe de sala, Pedro Corral.
Entonces llegan los dulces. A un lado, una torrija infusionada en leche de vainilla con un par de lascas de manzana glaseada —en temporada se hace con melocotón melva— y sorbete de frambuesa, homenaje al cocinero francés Auguste Escoffier. Luego exquisitos chocolates en diferentes texturas. Y, para acabar, los petit four finales, donde la cocina despliega sus habilidades para resumir mucho sabor en pequeños bocados: bizcocho de aceite y almendra, tartaleta de lima y almendra, merengue con yuzu o una gianduja de chocolate con galleta, entre otros. Perfecto y dulce final.
PROMESA. Av. de Cánovas del Castillo, 1, Málaga-Este, 29016 Málaga. Tel: 669 00 70 70
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