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El concepto de maridar bebidas alcohólicas con postres fríos no es nuevo (el sorbete de limón al cava, o añadir un chorrito de licor al affogato italiano, por ejemplo) sin embargo, la popularización actual de la combinación de vino y helado como postre o afterwork sofisticado se ha impulsado en locales centrados en la gastronomía o la enología donde ofrecen maridajes creativos o, curiosamente, en locales modernos como 'Bea’s Madrid', autodefinido como ‘casa de helado y vino’ donde se ofrece experimentar con esta sugerente mezcla de la forma más instagrameable.
Aunque son estos locales los que se mueven a nivel global en las redes sociales, la idea de maridar helado y vino ha salido de las cocinas de los grandes restaurantes gracias a una tendencia más amplia de experimentar con maridajes no convencionales y darle un enfoque más complejo al asunto gracias a la evolución que ha tenido el sector de la heladería. “Hay una tendencia, sí, pero luego es verdad que cada vez vamos teniendo mejores helados porque antes, los helados eran muy básicos, había nata, chocolate, vainilla y fresa y ahora, hay todo un universo de sabores a cada cual más exótico y de gran calidad”, cuenta Pilar Oltra, sumiller y fundadora de 'Vinology', dos espacios en Madrid centrados en la cultura del vino que además de funcionar como restaurantes, proponen una serie de actividades (catas, talleres…) para los amantes del vino.
En 'Vinology' cuentan con varias propuestas donde se marida helado y vino. “Tenemos un helado de avellana que lo servimos con Pedro Ximénez y con un brioche que queda genial y también tenemos un postre que personalmente me gusta mucho, que es un granizado de naranja y hierbabuena que lo hacemos nosotros y lo servimos con un Moscatel, que va muy bien con el cítrico porque el Moscatel tiene ese toque dulce”. Pero hay otras combinaciones que, según la sumiller, pueden resultar muy sugerentes. “Me gusta mucho el helado de queso azul con un vino dulce, como puede ser un Cream”, esos vinos generosos y semidulces de Jerez, famosos por su color caoba oscuro y textura aterciopelada. “Otro que me encanta es el helado de vainilla pero ojo, de vainilla buena, la vainilla de cuando éramos pequeñas, con Fondillon”, un vino dulce y añejo natural elaborado al 100% con uvas monastrell sobremaduradas en la cepa.
Pilar cree que los espumosos son muy universales y van bien con muchos tipos de helado, además, propone el helado de mandarina con un Moscatel, un Sauternes, un vino blanco dulce y complejo de la región de Burdeos, o un Tokaji, un vino dulce de la región húngara de Tokaj-Hegyalja. “Creo que son combinaciones divertidas y que son vinos blancos dulces de cosecha tardía, y un helado de cacao o de chocolate intenso puede ir con un vino tinto, pero puede ir también con un Oporto. Pero como siempre, esto es muy subjetivo porque creo que hay menos rigidez que la que puede haber en los platos tradicionales, por lo que nos podemos permitir jugar y experimentar un poco más”.
Aunque hay sabores de helado que no maridan nada bien con el vino. “Hay que evitar los helados que son demasiado ácidos, demasiado mentolados y demasiado amargos”, asegura Pilar. Y a la hora de servirlos, nada de poner la bola de helado sobre una base de vino. “La bola de helado siempre en el plato y el vino en la copa porque si no, realmente no aprecias ni uno ni otro. Te tomas primero una cucharada de helado y luego das un sorbo de vino”.
En cuanto a las temperaturas, también hay reglas. “Evidentemente, el helado tiene que estar un poco más frío que el vino, pero los vinos también tendrían que estar fresquitos porque si no, quedarían demasiado contrastados. Si son vinos tintos, que en España se sirven generalmente muy calientes, a mí me gusta servirlos un poquito refrescados, por ejemplo". Así, la sumiller recomienda una serie de temperaturas. “Para los espumosos, cava y el champán, en torno a 4 a 6 grados; para lo que es el vino blanco a lo mejor entre 6 y 8 grados y después, si vamos a un tinto, pues unos 14 grados. Y si hablamos de vinos dulces, si son dulces blancos como un Creme, un Pedro Ximénez o un Moscatel, es más o menos una temperatura de 6 u 8 grados”.
Y atención porque también hay diferencia si el postre se toma en invierno o en verano. “Con el calor prefiero, en general, los vinos más frescos, por lo cual me iría a sabores de helado más suaves, e incluso se me está ocurriendo que lo hicimos el otro día y quedó buenísimo: un helado de fresa, pero un helado de fresa casero, muy rico, y lo servimos con un vino rosado y quedó espectacular. Eso para verano me parece genial. Y siempre helados de gran calidad, porque si no te cargas el vino y te cargas todo”.
El nicho de maridar vinos y helados no ha hecho más que empezar, sobre todo, en estos tiempos donde la gastronomía se ha vuelto más experiencial. “Buscamos vivir vivencias nuevas y sorprendentes y lo de maridar helado con vino puede dar como resultado combinaciones inesperadas”. Es como jugar, ya que incluso, se puede hacer en casa. “Es algo lúdico también -finaliza Pilar Oltra-. Ese juego de temperaturas, de contrastes, de texturas… a la gente le gusta. Puede resultar divertido”.
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