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En Baños de Panticosa el ciclo del agua muestra algunos de sus caprichos. Esta localidad termal cimienta su existencia sobre el manantial de Tiberio, del que surge un agua de lluvia muy antigua que se infiltró tiempo atrás entre las fracturas del granito y ahora regresa a 53ºC. El Balneario de Panticosa es, a la vez, un punto de partida clave para descubrir los estertores del mundo glaciar. Sobre la localidad, se abre un universo con cerca de 200 lagos de montaña, que surgieron tras la retirada de las grandes masas de hielo del Pirineo.
Nadie duda de que la desaparición del hielo es una noticia triste y preocupante, pero allí arriba las sensaciones son encontradas, porque la estampa es paradójicamente hermosa. Todavía podemos hacernos una idea de cómo era el crudo mundo glaciar en las zonas más altas. Junto a las cumbres, el paisaje es crudo y casi exclusivamente mineral, todavía con algunos hielos permanentes. A sus pies, sin embargo, el calentamiento global ha moteado los valles con masas de agua dulce rodeadas de praderíos de montaña donde viven sarrios y marmotas, y bosques que van ganando altura.
Estos ibones, o lagos de montaña, no son accidentes aislados. Responden al proceso de avance y retroceso de los grandes glaciares que esculpieron los valles de este punto nuclear de los Pirineos, característico por sus granitos y las rocas metamórficas. Con la retirada definitiva del hielo, las cubetas y depresiones de los valles se llenaron de agua y conformaron estas lagunas, cuya transparencia se explica por su escaso contenido en nutrientes y su baja productividad biológica. Son, digamos, ecosistemas lentos, sencillos y, por eso, muy sensibles a cualquier alteración, por lo que conviene tratarlos con mimo.
En las laderas del macizo de Viñamala (3.298 m) se ubica el glaciar de Ossoue, uno de los últimos glaciares de los Pirineos que desgraciadamente pronto entrará, como sus vecinos, en la categoría de paraglaciar. En las últimas décadas ha ido perdiendo unos 13 m longitudinales anuales y unos 2 m de espesor, y en los dos últimos veranos las cifras se han acelerado. Aun así, todavía se muestra imponente. La ruta de los 3000 Ibones lo mira desde una distancia prudencial a su paso por el entorno de Bayssellance, el refugio guardado más alto del Pirineo, a 2.651 m de altitud, que, construido en 1899, es además uno de los más antiguos.
Casi todas las modalidades de travesía que propone 3000 Ibones incluyen una noche en el mítico refugio de Bayssellance, que es donde las distintas rutas alcanzan su posición más oriental y dan la vuelta hacia occidente. Otro refugio de referencia es el de Respomuso, mucho más moderno, que se sitúa a los pies del tresmil más occidental de los Pirineos, el macizo de Balaitús (3.144 m), que sería el que cierra la propuesta de 3000 ibones por el lado opuesto al Viñamala. Entre medias, la ruta rodea la Gran Facha (3.005 m) y pasa junto al macizo de Los Infiernos (3.083 m), con su famosa marmolera blanca y un paraglaciar colgado de las alturas.
Las travesías de 3000 Ibones no proponen ascender a ninguna de esas cumbres, sino que las van mirando desde los valles y los collados a una distancia prudencial. La idea, más bien, es disfrutar de los conjuntos lacustres que aparecen a sus pies, moteando los valles como si fueran archipiélagos invertidos. Ascendiendo desde Panticosa, los primeros que encontramos son auténticos embalses de montaña, como el de Bachimaña, pero pronto empiezan a aparecer otras masas de agua más remotas mucho menos intervenidas, como es el caso de los ibones Azules, o incluso vírgenes como el de Tebarray, el más alto de toda la ruta, a 2.710 m de altitud, y con una profundidad máxima de 25 m. Los Arrieles, a los pies de Balaitús, o los lagos de Cambalés, a los pies de la Gran Facha, son paraísos remotos e inmaculados.
Desde Huesca, en 2019, alguien llegó con la idea de comercializar una ruta que se llamara 3000 Ibones. El nombre sonaba genial, pero mentía por sus cuatro costados. En la Integral, la opción más larga y completa, con 8 etapas, “sólo” se pasa por unos 50 lagos de montaña y en ningún momento se llega a subir hasta los 3.000 m de altitud. Además, el recorrido de esta propuesta aragonesa discurre fundamentalmente por Francia. ¿Pero qué hay de malo en encontrar un buen nombre que anime a la gente a descubrir la experiencia de evadirse unos cuantos días en el monte?
Saliendo desde el Balneario de Panticosa, 3000 Ibones ofrece múltiples variantes de 3 a 7 etapas, todas con nombres con sabor a la tierra, como Sarrio, Marmota o Quebranta. Su buque insignia, sin embargo, sale desde la localidad francesa de Fabrèges, cerca del emblemático Midi d’Ossau, desde donde la aventura comienza haciendo trampas en un telecabina y luego en el pequeño tren de Artouste, un ferrocarril de vía estrecha construido en 1920 para levantar la presa y central hidroeléctrica del lago homónimo al que nos conduce, y que, una vez concluidas, pasó a ser una encantadora atracción turística ya en la década de 1930.
La organización ofrece travesías guiadas y autoguiadas, y asesora a los viajeros para que elijan el recorrido que más se adapta a sus plazos y capacidades, encargándose de la reserva de los refugios de manera sincronizada, una tarea que no es nada fácil en temporada alta y para la que ellos tienen facilidades. Afortunadamente, los refugios no son la única forma de abordar este paraíso posglaciar, donde se permite hacer pernoctas en tiendas de campaña pequeñas que se monten al anochecer y se desmonten al amanecer, por encima de una determinada altitud (1.500 m en Aragón) y a más de una determinada distancia de un acceso en vehículo (2 h en Aragón y 1 h en el Parque Nacional de los Pirineos francés).
Los ibones, como ecosistemas frágiles, también tienen una regulación estricta. Desde junio de 2026 está prohibido bañarse en los lagos de montaña del Parque Nacional de los Pirineos, en Francia. Del lado aragonés no hay una prohibición específica, pero sí son elementos protegidos que deben cuidarse, por lo que la prudencia ecológica aconseja disfrutar de estas aguas desde fuera, y desde luego evitando su contaminación con cremas o jabones. Con un poco de paciencia, el baño de las aguas termales de Panticosa será mucho más agradable.
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