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La familia franco-española Bergerot Benito tenía el sueño de montar una charcutería artesanal típicamente francesa. El padre, Guillaume, llevaba 35 años dedicado al mundo de las tuberías y en 2023 se cansó de ese trabajo “y decidí aprender a elaborar charcutería, una disciplina que reúne muchos oficios de la gastronomía de mi país”. Mientras se formaba en la escuela CEPROC de París, su hijo Víctor pasaba por las cocinas de restaurantes de Francia y Madrid, como Le Bistroman Atelier (Dos Soles Guía Repsol) o Allégorie (RGR). Él es hoy el responsable del obrador de LaCharcuterie, que abrió sus puertas en junio de 2025 en un coqueto local en la Glorieta Campanar, a escasos metros de la plaza de toros de Las Ventas. “Queremos que el cliente disfrute de una carta de platos caseros, desde los entrantes a los postres, y pueda llevarse a casa una selección de productos de proveedores galos con los que nos une una relación de amistad y confianza”, apunta Guillaume.
En las estanterías encontramos mermeladas La Trinquelinette, que confita Celine en la región de la Borgoña, algunas que se salen de las tradicionales frutas para explorar sabores más ácidos como la de ruibarbo o ciruelas variedad mirabel, “más difíciles de encontrar en España”. Botes de legumbres, foie gras y salchichas confitadas de Maison Gratien, “que ya conocían mis padres y con los que mantenemos una relación de más de 35 años”; o las reconocidas mostazas Maison Dupont de Normandia.
“En la parte de embutidos, quesos y vinos conviven mis dos raíces, pues mi padre es francés, pero mi madre es salmantina. Aunque desde pequeña se crio en Francia, hemos visitado mucho a la familia durante los veranos y Navidades”, explica Víctor. Por eso cohabitan vinos de bodegas de amigos y familiares de Burdeos o del Valle del Ródano con los toledanos de Más que Vinos; o quesos camembert, comté y morbier con algún manchego reserva. En cuanto a los embutidos, no faltan los que se elaboran en el pueblo de Abusejo con cerdos criados por un primo de Dori o los ibéricos de Guijuelo.
Para la preparación de los paté en croûte, de campagne, rillettes de cerdo, quiches, tartaletas hojaldradas, crux, tourtes y rolls rellenos de mil combinaciones, “y así hasta unas 30 recetas saladas y dulces”, Víctor cuenta con su mano derecha en el obrador, el parisino Julien Germain, pastelero con más de 14 años de experiencia. Ambos confeccionan también todos los panes, una selección de platos del día que van rotando cada semana, y una delicada repostería y pastelería, “que sigue la tendencia de reducir las cantidades de azúcares”, y donde no suelen faltar clásicos como el flan parisién -con base hojaldrada, vainilla de Madagascar y horneado en vez de al baño María- y la crème brûlée.
LACHARCUTERIE - Glorieta Campanar, 1. Madrid. Tel: 912 113 327.
El próximo año celebrarán las bodas de Diamante, siendo referentes de la despensa germana en la capital. Mantequería Alemana fue puesta en marcha en 1952 por Herminia Webber, hermana del dueño del famoso restaurante Edelweiss, a espaldas del Congreso de los Diputados. “En esta zona estaba el antiguo Hospital Alemán y una importante colonia de ingenieros alemanes que trabajaban en el centro armamentístico CETME”, recuerda Salvador del Bosque. Él, junto a su hermano Jesús, son el alma de este establecimiento, que heredaron de su padre. “Él empezó como dependiente y, a principios de los años 60, lo compró. A nosotros, desde muy adolescentes, nos tocó echar una mano; en 1967 entramos como empleados y hasta el día de hoy”, rememoran ambos. Ya por entonces, la clientela había crecido y a los extranjeros que añoraban los sabores de su tierra se unieron los emigrantes españoles que habían regresado a casa y anhelaban esos platos que alimentaron sus años en Alemania. Incluso alguna vez despacharon a la entonces princesa Sofía acompañada de su madre, la reina Federica de Grecia.
La máxima de los hermanos Del Bosque es “si no lo tenemos, lo traemos”. Ahora ya no tienen que pedir a conocidos que cargue la maleta con productos, ni Salvador debe darse la paliza de viajar dos veces al mes en furgoneta para traer la mercancía. “Todo por internet, pero, eso sí, trabajando con los mismos proveedores de confianza, como el charcutero que cura el jamón selva negra, con casi 70 años de relación”. El local guarda ese encanto de un ambiente congelado en el tiempo, de esos negocios de toda la vida donde el dependiente ya sabe lo que va a pedir el cliente habitual nada más cruzar la puerta.
En las vitrinas de cristal siempre hay disponible salmón laminado a mano, arenques en diferentes formatos y elaboraciones, como el rollmops (en vinagre enrollado en pepino) o el bismarck (marinado en vinagre, cebolla, sal y azúcar), o anguila ahumada, “un producto difícil de encontrar en Madrid, que nos llega de Alemania y Países Bajos”. Muy demandadas son sus ensaladas de patata, huevo cocido, cebollino y salsa fina; la de remolacha, arenque y patata; o la de morro de ternera ahumada y aderezada con cebolla, aceite y pimienta.
Los embutidos están entre los indispensable de la cesta, con nombres complejos de pronunciar para el que no maneje el alemán, pero para eso están Salvador y Jesús, que los describen con detalle: pfälzer (foie gras con ahumado potente), paprika lyoner (mortadela con pimentón), bierschinken (jamón a la cerveza), zungenwurst (morcilla de lengua de cerdo), gemüsesülze (áspic de verduras) o el hausmacher leberwurst (paté de hígado y carne de cerdo ahumados). Por supuesto, no pueden faltar los diferentes tipos de salchichas, “uno de nuestros productos más reconocidos, junto al codillo asado, listo para calentar y servir”. En las estanterías, una gran selección de mostazas, rábanos picantes, cafés, tés, chocolates solubles, latas de consomé, pan de centeno, galletas de jengibre, bretzel, tartas Sacher y Selva Negra, strudel de manzana y, en la planta baja, más de 50 variedades de cervezas: “Tenemos desde las más tradicionales a otras más singulares que vamos rotando; eso sí, 100% alemanas, porque alguna vez que hemos traído inglesas o belgas nos las hemos tenido que beber nosotros”, reconocen entre risas los hermanos Del Bosque.
MANTEQUERÍA ALEMANA - C. Padilla, 88. Madrid. Tel: 914 019 821
La trasera de Nuevos Ministerios es una Little Italy muy castiza. Aquí se ubican el consulado, la scuola materna, numerosas tabernas, pizzerías, restaurantes y heladerías italianas. En esta zona decidió abrir su primer restaurante el lombardo Silvano Poggioni en 2008: el Nonsolocaffé. A escasos metros de distancia, en 2016 montó el Mercato Italiano, que hace apenas dos meses abrió nueva sucursal en el barrio de Tetuán. Desde primera hora de la mañana hay clientes desayunando en un espacio luminoso, con grandes ventanales a la calle Ríos Rosas y vigas industriales de color rojo intenso.
Además de la parte de restauración, se exponen productos de la despensa del país trasalpino: salsas, tomates, mermeladas, aceites, vinagres, harinas, arroces, galletas, cafés, vinos y, sobre todo, pastas, “de diferentes variedades y formatos. Tenemos una línea especial, que usamos en nuestras cocinas, que son premium de Gragnano, al sur de Nápoles”. Para los más pecadores de tentaciones dulces, triunfan sus panettones en Navidad –“comenzamos vendiendo 25 unidades el primer año y hoy superamos las dos toneladas por temporada”- y las colombe pasquali en Semana Santa.
Uno de los fuertes en la venta de este negocio es su amplia oferta de fiambres: guanciale, mortadela trufada, capiola, porchetta, bresaola, Spianata della Sila, panceta, finocchiona toscano o prosciutto, que lonchean en una Berkel, el ferrari dei salumieri como se la conoce en Italia. “Además, tenemos más de 40 tipos de quesos de todo el país, algunos incluso difíciles de conseguir allí. Apostamos por la filosofía de las queserías slow food, que están recuperando métodos artesanales y rescatando de la desaparición variedades locales”, explica Silvano. A los pecorino romano, gorgonzola, parmesano reggiano, provola, salva cremoso o burrata se suman rarezas como el Moliterno de oveja con vetas de trufa, el tres leches de Piamonte o el Sfogliato al vinagre balsámico de Módena.
MERCATO ITALIANO - C. Ríos Rosas, 50. Madrid. Tel: 608 941 759.
A pesar de su apellido italiano, la bilbaína Cristina Tassara es una enamorada de lo british desde muy niña. “Bilbao es una ciudad muy apegada a lo inglés por su fuerte vinculación con los Altos Hornos. La casa de mi abuela tenía paredes de papel pintado con flores estilo William Morris y se merendaba té con bollos de mantequilla de Martina de Zuricalday en vajilla de porcelana con hortensias dibujadas”, evoca Cristina. Luego llegaron los viajes a Reino Unido y las compras en los grandes almacenes Liberty: “Soñaba con montar una tienda de productos ingleses y un salón de té en Madrid, además de casarme con un pelirrojo escocés como Jamie Fraser de Outlander”, apunta entre carcajadas. En 1999 abre Living in London en Santa Engracia, un establecimiento que ha ido moviéndose por diferentes calles de la capital hasta aterrizar hace tres años en Gabriel Lobo.
El pequeño comercio luce tonos fresa, estampados florales y cortinas de cuadrados blancos y rojos. De la etapa más gastronómica de Living in London quedan las tartas de chocolate y zanahoria, los scones caseros con clotted cream y los sándwiches: “Los que más triunfan entre nuestras clientas son el God save the Queen (pastrami, cebollino y rúcula), el Rey Carlos III (de rosbif), el Señor de las Islas (gambas picantes con lechuga) o el tradicional Tudor (foie con cebolla caramelizada).
Y siendo británica, no puede faltar el universo de los tés, donde se imponen los más clásicos, el english breakfast, el earl grey (aromatizado con bergamota) y los desteinados. “En los últimos tiempos se ha puesto muy de moda la infusión de limón y jengibre, porque es la que toma en ayunas Isabel Preysler”. El Brexit ha golpeado en este buque de la teína, pero sobre todo al de los juegos de vajilla y las bandejas de melamina, “que eran una importante fuente de ingresos pero que se han encarecido en exceso por los costes de aduanas. Tenemos conocimiento directo de pequeñas fábricas que han tenido que cerrar en Reino Unido por esta situación”, apunta Tassara. Todavía, sin embargo, siguen buscándose para regalo la tea of one (juego de tetera y taza) con detalles florales. Y para acompañar la hora del té, qué mejor que las galletas de mantequilla Walkers, las mermeladas de fresa, frambuesa, naranja amarga, fresitas ácidas francesas, las cremosas lemon curd o las mezcladas con algún licor, como amaretto o whisky. Para las elaboraciones saladas, salsas como mostaza, barbacoa, brown (espesa, picante y ahumada), mango chutney o la marmite, ideal para veganos y vegetarianos.
Además de productos comestibles, en Living in London puedes decorar tu casa con estilo royal, pues venden desde manteles, delantales, mantas, cestas de pícnic, tote bags, colgadores, servilleteros y saleros-pimenteros con formas de animales, así como juguetes y peluches inspirados en el personaje de Peter Rabbit, “que es mi favorito de siempre y que compraba a mis hijos cuando en Madrid estaba abierto Mar’s and Spencer”. Ese gusto por las aventuras del travieso conejo se sigue pasando de madres a hijas.
LIVING IN LONDON - C. Gabriel Lobo, 7. Madrid. Tel: 913 103 932.
Este bar-cafetería se ha convertido en uno de los locales más veteranos del barrio de Malasaña. “Estamos muy orgullosos de ser un vecino más. Abrimos en 2013, pero fue durante los duros meses de la pandemia cuando estrechamos nuestra relación con los vecinos, que encontraron en nuestra ventana de despacho cierta compañía desde primera hora de la mañana hasta la medianoche. Hoy muchos de esos clientes son ya parte de la familia”, explica con orgullo Gurgen Mikayelyan, uno de los socios.
El tienda, muy cerca de la concurrida plaza de San Ildefonso, está decorada con yutes trenzados en el techo, gramíneas secas en las ventanas y alfarería a la entrada de los baños. En la cámara de los productos frescos se puede adquirir quesos (feta, de cabra, halloumi), así como varios tipos de yogures y platos elaborados a diario en el obrador propio, como musaka, humuus, tzatziki, tarama (emulsión de pasta de huevas de pescado en salmuera) o dolmadakia (arroz envuelto en hojas de parra y limón). “El 70% de nuestra mercancía es de origen griego, mucha directamente de proveedores autóctonos con los que llevamos trece años trabajando”.
También podemos echar al carrito para preparar nuestros platos griegos paquetes de pasta orzo (sémola de trigo), mieles, confituras –“la más vendida es la de pétalos de rosas”-, aceitunas kalamata y kalkidiki, aceites de oliva, latas de okra (verduras), fava (puré cremoso de guisante amarillo) o berenjenas de guiso de tomate y cebolla. Están los dulces barquillos de chocolate Caprice, las havas (una especie de turrón a base de sésamo) con sabores como vainilla, cacao o pistacho, y los tarros de tahini. En el apartado de bebidas, en Greek and Shop se pueden degustar cervezas tradicionales como Mythos, Fix o Alfa, los vinos blancos retsina y licores griegos, como el tsipouro (aguardiente de orujo), el rakomelo (tsipouro con miel y canela), el mastika (de resina de lentisco) o el ouzo ploman (un licor más anisado). La carta, para llevar o tomar en el local, incluye los gyros de cerdo, pollo, albóndigas de ternera, falafel o croquetas de calabacín; bocadillos como el Mikonos con salmón y salsa tarama o el Sakis de cerdo asado, tzatziki y queso semicurado; las empanadas tyropitas de queso feta; así como diferentes panes, repostería castiza, baklavas y bougatsa, un pastel griego de crema dulce de vainilla.
GREEK & SHOP - Corre. Alta de San Pablo, 9. Madrid. Tel: 915 326 083.
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