Ariño

Ariño

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A los pies de la última sierra del norte de Teruel, la sierra de Arcos, encontramos Ariño. Un enclave cuyo límite está marcado por una frontera natural: los ríos Martín y Escuriza. A escasos kilómetros del Valle del Ebro, en Ariño sus imponentes tierras rojizas toman el color de la arcilla y el carbón que componen el suelo. Unos materiales que han propiciado el desarrollo de la minería como principal motor económico, una actividad que ha marcado la topografía del municipio. La localidad se caracteriza por estar dividida en cuatro zonas: el casco viejo, situado en la ladera de la montaña, donde se concentra el mayor núcleo de población; el casco nuevo, también conocido como “SAMCA”, toma este nombre por las oficinas de la empresa minera que opera en el municipio; el Patrón, en la base de la montaña, en el espacio que queda entre el pueblo y las minas, y donde se puede encontrar el Centro de Interpretación de Arte Rupestre Antonio Beltrán, además de algunas naves y polígonos industriales; y el Calvario, que completa este entramado urbanístico en su parte más alta.

Entre su conjunto artístico destaca la iglesia de San Salvador, del siglo XVIII, de mampostería y ladrillo, formada por tres naves cubiertas con bóveda de cañón con lunetos. La torre que corona el templo es anterior a su construcción, data del XVII, con una arquitectura de estilo renacentista tardío. Para los amantes de la paleontología, en Ariño destacan los restos de huellas de varias especies de dinosaurio, que pueden ser visitadas.

A dos kilómetros del pueblo el viajero se topa con Los Baños, un manantial de aguas minero-medicinales cuyas propiedades curativas fueron declaradas oficiales en 1976. El agua tiene una temperatura de 22 grados centígrados y brota de la tierra en la margen izquierda del cauce del río Martín.