Benicasim/Benicàssim

Benicasim/Benicàssim

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Desde hace más de 20 años, sus habitantes han visto cómo su hogar ha pasado de ser un destino eminentemente playero a convertirse en la capital europea de la música 'indie' y electrónica, gracias a la maravillosa puesta en escena del Festival Internacional de Benicàssim (FIB), así como la apuesta por el reggae del Rototom Sunsplash. Miles de personas se acercan cada verano atraídos por dos eventos que pusieron a la localidad castellonense en el mapa internacional y que, además, se ven favorecidos por el entorno en el que se realizan.

Festivaleros y viajeros sin pulsera comparten chapuzones en las fabulosas aguas de Els Terrers y Almadraba, que también se pueden admirar desde los distintos restaurantes y chiringuitos que a pie de playa ofrecen el plato estrella de la gastronomía castellonense: el rico arroz abanda. Otra buena opción es coger una bicicleta y recorrer la Vía Verde del Mar, un paseo abierto al Mediterráneo que une al municipio con Oropesa del Mar. Hay otra ruta por el paseo marítimo, pero esta traslada al visitante a la Belle Époque de Benicàssim, cuando se convirtió en lugar de veraneo de la burguesía, "el Biarritz valenciano”. Villas de diferentes estilos arquitectónicos y propietarios de diferentes caracteres dividen la Ruta de las Villas en dos itinerarios: la antigua torre vigía de San Vicente marca el inicio de la tranquila 'Corte Celestial', unida por el 'Limbo' a las animadas fiestas del 'Infierno' que llegaban hasta el Hotel Voramar. Puestos a seguir investigando sus calles, el casco histórico acoge monumentos religiosos como la neoclásica Iglesia de Santo Tomás de Villanueva.

Pero, por fortuna, que Benicàssim no es solo playa. Los senderistas llegan aquí dispuestos a disfrutar del excelente paisaje que les brinda la naturaleza cuando recorren los caminos del Parque Natural del Desierto de las Palmas. Lejos de albergar un ambiente árido, ofrece verdor y tranquilidad, así como el Monasterio de los Carmelitas Descalzos, las ruinas del Castillo de Montornés y miradores con espectaculares vistas sobre la localidad, quizás con alguna banda 'indie' probando sonido en la distancia.

El Hotel Voramar fue confiscado durante la Guerra Civil y convertido en hospital militar para los miembros de las Brigadas Internacionales. En sus camas se atendió a ilustres heridos como Ernest Hemingway o Miguel Hernández, entre otros.

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