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Estellencs

Solo para ssus ojos

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Dentro de la sierra de Tramontana, ese gran relieve que eleva y viste de verde el norte de Mallorca, hay un rincón donde la montaña se confunde con el mar Mediterráneo. En ese punto exacto, tranquilo y discreto, se esconde entre vegetación el pequeño pueblo de Estellencs. En él no vas a encontrar arenales interminables, pero tampoco grandes aglomeraciones: este es un rincón para amantes de la exclusividad, para quienes disfrutan más sintiéndose pioneros que turistas. A estos exploradores de lo rural, el pueblo les recompensa con mil rutas por algunos de los paisajes más genuinamente mallorquines. Por algo estamos al lado del Puig de Galatzó, el pico más elevado de la isla, al que Estellencs le abre el camino al mar. Al fin lo alcanza en un pequeño puerto y una cala  solo para sibaritas. No es fácil de encontrar, oculta como está entre riscos rojizos, lo que la convierte en un reducto virgen que merece la búsqueda por la privacidad que ofrece a cambio. Después del baño, carretera arriba, nos espera un casco urbano integrado con los montes que lo rodean, como una prolongación de ellos: puro medievo balear, que se saborea en estrechas calles en cuesta y suelos de adoquines. Pateándolos, nos sorprenderá descubrir un valioso patrimonio artístico: desde la torre de Tem Alemany, que se remonta al siglo XVI, a los antiguos lavaderos, de raíces árabes, o la iglesia de San Juan Bautista y su elevado campanario, antigua torre de defensa medieval. La diferencia con otros pueblos es que aquí no tendremos que esperar colas para visitarlos: Estellencs es un placer casi privado.

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