Laroya

Pequeño caserío cobijado por la montaña

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A ocho kilómetros de Macael, trepando por las laderas de los Filabres salpicadas de cortijos aislados, en un entorno sin vegetación, el viajero llega a Laroya, un “breve pueblecito cobijado en un recodo de la montaña”, como describe su propio Ayuntamiento. El primer consejo es dejar el coche a la entrada, en una gran era circular que hace las veces de aparcamiento, pues es imposible conducir por las diminutas callejuelas que forman sus casas arremolinadas en torno a la iglesia. Por ellas caminan vecinos que aún se dedican a las tareas agrícolas en los bancales que rodean el pueblo. No obstante, su economía se basa en el turismo, sustentado por una buena oferta de casas y cortijos rurales.

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