Cualquier interjección se queda corta al degustar el plato típico de San Pedro. Los caracoles han dado renombre a este pueblo cuyo casco urbano queda separado por la vega y el río Quéjola, que se comunicaban por medio de un vado y, actualmente, por el Puente de La Madre. La iglesia del lugar es evidentemente la de San Pedro Apóstol. Su torre se terminó de construir en 1846. El Paraje la Fuente se sitúa también dentro del núcleo urbano, junto a un pequeño manantial. Justo al lado está el Mirador de la Peñica, que es un pequeño peñasco desde donde poder observar toda la vega de San Pedro y lugares especiales como el Cerro del Peñón, donde se encontró el poblado íbero de La Quéjola y un Timaterio o quemaperfumes de bronce.

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