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Foto de Cheste, punto de partida

Cheste, punto de partida

EDITORIAL

Ver en directo el rugido de las motos sobre el asfalto es solo una de las emociones que podemos vivir en el Circuito de la Comunitat Valenciana, en Cheste. Tanto antes como después de las carreras, aquí hay un sinfín de rutas con las que podemos dar rienda suelta a nuestra alma motera y disfrutar de una tierra de contrastes donde, además, se come de lujo. Entre todas las posibilidades del entorno, hemos elegido dos incursiones ideales para descubrir tierras valencianas sobre dos ruedas. Solo elige, ¿mar o montaña? REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Ruta 1: Cheste - Albufera de Valencia - Cullera (140km)Cerca de 50 kilómetros separan Cheste de nuestro primer destino, la Albufera de Valencia, uno de los lagos más grandes de España. Para llegar hasta él no hace falta entrar en Valencia ciudad ya que la bordeamos por el sur por la carretera V-30, pero si lo deseamos, la capital del Turia siempre es un buen lugar para hacer un alto en el camino. Sobrepasada la ciudad, enlazamos hacia el sur por la carretera CV-500 donde circularemos rodeados por campos de cultivo, en su mayoría arrozales. En esta época acaba de terminar la temporada así que los campos están recién segados y puede que algunos de ellos hayan empezado a inundarse para prepararlos para la próxima plantación, por lo que tenemos la sensación de atravesar un inmenso mar. A nuestra llegada a la Albufera, nos sorprenderá no solo el tamaño del lago sino también la frondosa flora que rodea el entorno. Aquí podemos dar paseos por la zona o acercarnos hasta el muelle para disfrutar de un viaje en barca (hay paseos de entre 35 minutos y 1 hora y media) y seguir después nuestra ruta hasta El Palmar. Se trata de un pequeño pueblo de pescadores rodeado prácticamente por completo de agua y repleto de las tradicionales barracas valencianas, la vivienda típica de la zona con tejados a dos aguas. Aquí encontramos una de las mejores ofertas gastronómicas de la provincia, con restaurante especializados en arroces y all i pebre, un plato elaborado con anguila y patatas cocidas. Tras la sobremesa, seguimos hacia nuestro próximo destino, Cullera, al que llegamos en unos 40 minutos aproximadamente. Éste es uno de los principales destinos turísticos de la zona, un pueblo de veraneo que esta época del año nos regala un paseo marítimo casi desierto, ideal para disfrutar de la brisa marina con tranquilidad. Este pueblo, además, nos reserva una sorpresa, una serpenteante carretera de curvas que nos lleva hasta la cima de la montaña donde se encuentra el Santuario de la Virgen del Castillo. Desde aquí conseguimos una espectacular panorámica de del litoral de la ciudad y la desembocadura del Júcar. Descendiendo del castillo, iniciamos la ruta de nuevo hacia Cheste, a donde llegaremos tras dejar a nuestras espaldas cerca de 140 kilómetros de rodaje.   Ruta 2: Cheste - Lliria - Chulilla - Parque Natural de Chera - Requena (150km)Nuestra primera parada, Lliria, se encuentra a unos escasos 20 minutos de Cheste. Es conocida como la ciudad de la música porque aquí es difícil encontrar a un vecino que no se maneje con las partituras, pero en Lliria, además de mucho ritmo, hay también un gran legado histórico que incluye, entre otros, un poblado ibérico del siglo XVI a.C. o unos baños árabes del siglo XII. Tras un paseo por su casco histórico y antes de dirigirnos a nuestro próximo destino, merece la pena subir al cerro donde se encuentra el monasterio de San Miguel, aquí conseguimos la mejor panorámica para despedirnos de la ciudad. Desde aquí partimos hacia Chulilla, nuestra siguiente parada, que seguro no nos dejará indiferente. Un pueblo blanco, enclavado en la cuenca del río Turia y a los pies de un cerro por el que se encarama una antigua muralla.  Pasear por sus callejuelas estrechas y empinadas es un auténtico placer y, cuando el pueblo se acaba, nada como acercarnos a conocer el Charco Azul, candidato de la Comunitat Valenciana a El Mejor Rincón 2015. Después de comer en el mismo pueblo, subimos de nuevo en la moto para disfrutar una de las mejores partes de la ruta, el camino que nos llevará hasta Requena. La carretera CV-395 atraviesa el Parque Natural de Chera donde la naturaleza nos rodea en 360 grados, un trazado que nos regala constantes quiebros a derecha e izquierda. A quienes no les importe sumar unos kilómetros más a las ruedas pueden coger, a la altura del kilómetro 25, el desvío hacia el embalse del Buseo al que se llega por una carretera todavía más serpenteante que la general, con las curvas cerradas que hacen las delicias de los auténticos moteros. De nuevo en la carretera general, seguimos hacia nuestra última parada del viaje, Requena, un lugar con varios tesoros que nos sorprenderán.El primero de ellos es histórico ya que podríamos decir que aquí se oculta una ciudad subterránea ya que muchas de las casas aquí edificadas cuentan con su propia cueva, utilizada antiguamente como bodega, y bajo ellas se esconde incluso una red de túneles. Podemos visitar las que se ocultan bajo la Plaza de la Villa, 22 cuevas de la época musulmana (s. XII al XIII), equipadas con grandes tinajas, silos, bodegas... Ya en el exterior, las callejuelas estrechas, las casas tradicionales, decoradas con escudos o azulejos, nos regalan un agradable paseo. Y antes de irnos, otro regalo que nos deja este lugar: su gastronomía. Los embutidos (longaniza, chorizo, salchichón...), el vino y el cava son el mejor recuerdo que podemos cargar en la maleta de nuestra moto. Con ellas a buen recaudo iniciamos la vuelta a Cheste, tenemos por delante algo más de 40km, la mayor parte por autopista.  Recuerda que, antes de salir a disfrutar de las dos ruedas, conviene seguir unas sencillas recomendaciones, tanto para organizar nuestras maletas y equipación como del estado de nuestra moto. Imagen de cabecera: Cheste. / Cedida por: Flickr Esteban J. MIllan. Te puede interesar... Amantes de las dos ruedas: esta es vuestra 'playlist' más motera, con la que poder celebrar como se merece el Mundial de Moto GP de Marc Márquez y disfrutar de vuestros viajes por la carretera. Anímate, y diseña la tuya con nuestra aplicación Music on the road. Canciones sobre dos ruedas Te proponemos una ruta gastro-festiva por Valencia para disfrutar como todo un campeón de Moto GP de los platos más interesantes de una ciudad en plena ebullición culinaria. Te garantizamos mucha diversión. Súmate al planazo gastro para celebrar el triunfo de Marc Marquéz

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Ruta en moto por el Montseny

EDITORIAL

Cataluña es de esos lugares que los moteros más experimentados adoran. Caminos de costa o de montaña, las posibilidades son infinitas y siempre hay lugares para descubrir y rodar. Una de las rutas clásicas si nos encontramos en Barcelona es recorrer la zona del Montseny, un espectacular Parque Natural salpicado de pueblos de montaña donde además, se come de lujo. Curvas entre bosques para unas carreteras donde hizo sus primeros pinitos Alex Crivillé. De hecho en esta ruta pasaremos por Seva, su pueblo natal. Podemos hacerla en una mañana o, si queremos sacarle todo el jugo a la zona, pasar un día completo. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)El MontsenyEnclavado en la cordillera catalana, es el macizo más alto, lo que nos adelanta una conducción entretenida entre curvas y bosques. Hay dos carreteras que atraviesan las principales poblaciones, por lo que las opciones son varias.  Para nuestra ruta, partiremos desde Montmeló dirección Santa María de Palautordera, donde da comienzo la carretera que nos guiará hasta la subida a Collformic, un puerto de montaña a 1.145 metros de altura y donde encontramos además de unas vistas de excepción, un pequeño restaurante donde tomar un típico desayuno.Dejamos atrás Collformic para retomar la carretera dirección Seva, donde conviene tomarnos algo más de tiempo. Además de poder sacarnos una foto en el monumento que la localidad dedicó a su vecino más motero, es buen momento para aparcar la moto y pasear por su parte antigua, caminar bajo el arco de la Casa de la Vila y acercarnos también hasta su Ayuntamiento.  Hasta aquí sería el comienzo más típico. Sin embargo, existe una segunda opción como alternativa y sería, partiendo de Montmeló, conducir dirección Aiguafreda.  Esta alternativa merece la pena sobre todo en los días de más calor, ya que nos permite darnos un reconfortante baño en las pozas que encontraremos en la riera de Martinet si nos animamos a caminar un poco. En el caso de decantarnos por este camino, seguiríamos después hacia Seva y a partir de ahí la ruta sería la misma en ambos casos. Ahora sí, dejando atrás el pueblo de Crivillé, continuamos hasta llegar a Viladrau, famosa también por sus aguas y donde quienes eligieron el primer camino también tendrán la oportunidad de disfrutar de increíbles saltos de agua sin necesidad de caminar demasiado.  Tras picar algo en el pueblo alcanzaremos el ascenso más esperado, el que nos lleva hasta Turó de l’Home, a 1.706 metros de altitud y donde, nuevamente, bajaremos unos momentos de la moto para recorrer apenas unos metros que separan la explanada que suele usarse para aparcar para llegar a pie hasta la antena repetidora que es desde donde realmente obtendremos una completa panorámica de la zona.Más arriba no podremos subir así que comenzaremos el descenso dirección al mar hasta Sant Celoni, donde el pasado y el presente se confunden en el Pont Trencat (puente roto), ya que hace apenas unos años se ha rehabilitado un antiguo puente romano para volver a darle uso. Fusión que gusta a unos y no tanto a otros pero lo que estamos seguros es que a todos encantará el hecho de poder darse un baño en el río. Para regresar al punto de partida tenemos de nuevo dos opciones, al igual que cuando comenzamos. Si hay tiempo, lo mejor es decantarse por la carretera de la costa, paralela al mar y subir, antes de llegar a Barcelona, hacia Montmeló, donde comenzamos. Si preferimos continuar conduciendo por el interior no tardaremos ni media hora.

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En busca de dinosaurios por La Rioja

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Da igual si a veces toca abrigarse para soportar el frío o si no se puede hablar con los acompañantes ni escuchar música, nada importa cuando uno siente el placer de descubrir nuevos territorios mientras surca el viento sobre dos ruedas. Este es un recorrido corto en kilómetros pero intenso en emoción. ideal para moteros. Partimos en un viaje que nos transportará millones de años en el tiempo, salimos en busca de dinosaurios. Y si preferimos el coche o incluso la autocaravana, también esta ruta nos guarda grandes sorpresas. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La Rioja puede presumir de tener una de las mejores colecciones de huellas fósiles de dinosaurios del mundo y vamos a descubrirla en este viaje. Lo haremos en una ruta motera que nos regalará espléndidas vistas, carreteras serpenteantes con recodos para contemplar el paisaje, fragancia de pinos caldeados por el sol y buenas curvas. Un recorrido de poco más de 100 kilómetros por vías que no revisten demasiada dificultad y por las que casi cualquier motocicleta es válida, si bien las de tipo trail, por su polivalencia y resistencia, son las reinas. En el Museo de Ciencias Naturales de Arnedo, nuestro punto de partida, a 67 kilómetros de Logroño, podremos conocer con detalle cómo fue el paso de los dinosaurios por esta tierra. También aquí podemos ver, si subimos al cerro de San Miguel, los restos de un poblado celtíbero del siglo IX antes de Cristo. Ya en el núcleo urbano, merece la pena visitar el Monasterio de Vico y la Iglesia de Santo Tomás. Nuestra siguiente parada está a 13 kilómetros de aquí, Arnedillo, un pequeño pueblo en el que podemos disfrutar de un relajante baño en el Hotel-Spa Balneario de Ardenillo. Según cuentan los vecinos de la zona, sus aguas incluso tienen poderes curativos.  En tierra de dinosauriosEl camino de Arnedillo a Enciso transcurre por asfalto. Son escasamente 10 kilómetros por una fantástica carretera (LR-115) que tuerce y retuerce su destino hasta conducirnos al que se considera el corazón de la Ruta de los Dinosaurios. Lo más recomendable es empezar la visita al municipio (en el que se han localizado hasta 1.400 huellas) en el Centro Paleontológico. Aquí podremos ver una exposición permanente que, mediante paneles, maquetas y piezas originales, nos introducirá en nuestro particular paseo por el cretácico de tierras riojanas. En el centro también podemos informarnos sobre los diferentes yacimientos que podemos visitar en el entorno para ver las famosas huellas de dinosaurio. Tras los pasos del giganteAlrededor de Enciso existen tres yacimientos: la Virgen del Campo, La Senoba y Valdecillo. En total, 6 kilómetros de recorrido bien señalizado, con paneles informativos y maquetas que lo hacen muy interesante. Lo mejor es aparcar la moto en el parking que hay justo al inicio del camino y recorrer a pie estas maravillas. En Valdecillo nos espera una sorpresa que gusta sobre todo a los más pequeños, una reproducción a tamaño natural de un Tiranosaurio Rex. Disfrute para los sentidosNuestra siguiente parada es Cornago, situado a 22 kilómetros de Enciso circulando por la LR-356. Poco antes de llegar a este pueblo dominado por un castillo medieval en su parte más alta, encontramos el yacimiento de Los Cayos, donde destacan las huellas fósiles atribuidas a pequeñas aves, tortugas y pterosaurios. El acceso hasta aquí es por una pista de poco más de 2 kilómetros, ideal para una moto trail.Desde Cornago, continuamos nuestra ruta hacia Igea por la LR-283. Allí nos vamos a encontrar con el Centro de Interpretación Paleontológica de La Rioja, así como su famoso tronco fósil de conífera de más de 11 metros y el mayor yacimiento de icnitas descubierto hasta ahora en territorio riojano: La Era del Peladillo.A 14 kilómetros de aquí tenemos nuestra próxima y última parada: Cervera del Río Alhama. En esta localidad a los pies de la sierra de Alcarama se encuentra el yacimiento de Las Navillas, que cuenta con cerca de 300 huellas de dinosaurios carnívoros y herbívoros y fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico en el año 2.000.El retorno a nuestro punto de partida lo haremos tomando la LR-123 que nos conducirá en apenas 37 kilómetros hasta la localidad de Arnedo donde podemos aprovechar para probar un buen codillo asado en el restaurante Sopitas (Carrera 4; 941 380 266), un fin de viaje inmejorable.

Foto de De Ciudad Rodrigo a Fermoselle

De Ciudad Rodrigo a Fermoselle

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Rodar con nuestra moto entre campos de dehesas, visitar la universidad más antigua de España, conocer asentamientos prehistóricos, recorrer ciudades fortificadas y dormir en el mismo lugar que lo hizo Cristóbal Colón hace más de 500 años. Estas son solo algunas de las experiencias que podemos vivir en una ruta motera de cerca de 180 kilómetros por tierras castellano-leonesas. La aventura empieza desde el mismo punto de partida, Ciudad Rodrigo, auténtico cruce de caminos entre Portugal, Salamanca y Extremadura. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Antes de iniciar nuestra ruta, lo mejor que podemos hacer es disfrutar de un paseo por su casco histórico, declarado Conjunto Histórico Artístico. Entre los muros de su ciudad fortificada, debemos prestar especial atención a dos monumentos: el castillo y la catedral. El primero, lo mandó construir Enrique II y actualmente forma parte de la red de Paradores de Turismo. La catedral, por su parte, cuenta con un excepcional Pórtico del Perdón que aglutina más de 400 esculturas románicas y góticas. El sabor de la tradiciónTras este primer contacto con la cultura salmantina, nos subimos a la moto en dirección a Sancti Spiritus, a 24 kilómetros por la A-62 primero y por la E-80 después. Un trayecto que transcurre por buen asfalto donde podremos disfrutar del aire serrano y de la conducción relajada. Nuestra siguiente parada es un pueblo que destaca por tener a su alrededor un gran número de asentamientos prehistóricos, como el Abrigo de Camaces, poblado neolítico declarado Bien de Interés Cultural. Habiendo conocido este importante legado histórico, partimos hacia nuestro próximo destino: La Fuente de San Esteban, a escasos 20 kilómetros.Este pueblo, de apenas 1.500 habitantes, cuenta con la particularidad de tener en su calendario unas fiestas populares curiosas y seguidas con total devoción entre sus vecinos. Es el caso de la tradición de Las Candelas con la que, cada 2 de febrero, cuatro jóvenes cantan a la virgen la canción de Las Candelas en un evento en el que también se da la bendición a todos los niños nacidos ese año. Otra arraigada celebración es la del Jueves Merendero (el jueves anterior al domingo de Carnaval) cuando todos los vecinos se reúnen entre amigos o familiares para disfrutar de una merienda juntos. Desde La Fuente de San Esteban y tras 57 kilómetros por un paisaje de dehesas, llegamos a nuestra próxima parada: Salamanca. Pese a ser una ciudad pequeña, posee una riqueza cultural inmensa. Lo ideal sería dedicarle todo un día pero, si no disponemos de tanto tiempo, también podemos hacer una visita alternativa, corta en distancia pero intensa en experiencias.  Podemos empezar por la plaza Mayor, auténtico emblema de la ciudad, construida en el siglo XVIII. La Catedral Vieja y la Catedral Nueva serán nuestras próximas paradas, no sin antes detenernos delante de la Casa de las Conchas, uno de los edificios más emblemáticos que en la actualidad alberga una galería de arte y una biblioteca. Y tal y como dicta la tradición, el breve recorrido hay que finalizarlo en la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca, la más antigua de España, que data de principios del siglo XVI. Al contemplarla, tenemos un curioso reto: encontrar en su fachada la figura de una calavera con una rana en la cabeza. Y antes de marcharnos, para reponer fuerzas, podemos comer en el restaurante La Hoja 21 (San Pablo 21; 923 264 028) donde degustar una excelente carrillera de morucha con salsa cremosa de patata frita.  Nuestro siguiente destino, Villarino, se encuentra a casi 90 kilómetros de aquí, por lo que podemos optar por hacer noche en el camino. Una buena elección es el Wine Hotel&Spa Hacienda de Zorita, en Valverdón, a 12 kilómetros de Salamanca. A orillas del río Tormes y rodeada de naturaleza y viñedos, la hacienda está ubicada en un antiguo convento dominico, famoso porque en él descansó Cristobal Colón antes de partir hacia América. Su restaurante a base de cocina tradicional, el espacio de wellness y las catas de vinos harán de nuestra estancia una auténtica delicia.  Con energías renovadasA la jornada siguiente, después de disfrutar de un buen masaje, encaramos la última parte de la ruta, la que nos llevará hasta Fermoselle. De camino, podemos hacer una parada en Villarino. Esta pequeña localidad es conocida por el gran salto del mismo nombre, una obra de ingeniería hidráulica de gran importancia. Media hora después, por fin llegamos a nuestro destino: Fermoselle.Ya sólo nos queda recorrer sus estrechas y empinadas calles, disfrutar de su arquitectura popular bien conservada -aún mantiene en pie parte de su recinto amurallado- y visitar las portadas románicas de la iglesia de la Asunción.

Foto de De Madrid a El Tiemblo

De Madrid a El Tiemblo

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La ruta que transcurre entre Madrid y la localidad abulense de El Tiemblo nos regala rincones de soledad para disfrutar sobre dos ruedas. El paisaje muta constantemente, el granito desnudo y los matorrales se alternan con robledales, pinares y el embalse de Valmayor. Una aventura impredecible serpenteando la autovía del Noroeste (A6). Se trata de una escapada corta pero cargada de emociones. Una ruta por carreteras solitarias y sinuosas, a pesar de su cercanía a la gran capital, que nos harán vibrar y nos cargarán de energía. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Comenzamos la rutaNos despedimos de Madrid hacia el norte, con el rumbo fijado en Santa María de la Alameda, una localidad situada a algo más de 70 kilómetros de la capital, limítrofe con la comunidad de Castilla y León. El camino que nos conduce hasta el primer objetivo discurre por multitud de pueblos pequeños, curtidos por las temperaturas extremas. A través de campos y alguna pequeña zona arbolada, aparece frente a nosotros el embalse de Valmayor, un lugar donde se practica habitualmente pesca y deportes náuticos como la vela. Desde aquí, como buenos amantes de las motos, debemos disfrutar la carretera que asciende sinuosa frente a nosotros.  Así, casi sin darnos cuenta, exprimiendo la sensación de surcar el viento sobre dos ruedas, llegamos a nuestra primera parada del recorrido, Santa María de la Alameda. La visita a esta pequeña población comienza en la plaza Mayor, lugar de reunión de vecinos y foráneos. A su alrededor se levantan los edificios más significativos del municipio: la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Alameda, de la misma época que el Monasterio del Escorial; el ayuntamiento, el antiguo lavadero y varias construcciones que forman un conjunto de arquitectura serrana de gran valor arquitectónico. Parajes semidesérticosTras nuestro primer alto en el camino, regresamos a la moto para seguir descubriendo el sinfín de pequeños pueblos que pertenecen al término municipal de Santa María de la Alameda. A solo unos minutos de aquí, por la AV-P-308 llegamos al desvío de Las Herreras. Es sencillo reconocerlo porque se trata de un espacio natural absolutamente desértico, castigado por el frío invierno y los vientos de la zona.  Proseguimos por la carretera estrecha que desciende retorciéndose en curvas. Varios cambios de rasante después, Las Navas del Marqués nos da la bienvenida. Lo mejor que podemos hacer nada más llegar a este pueblo es subir hasta su famoso mirador forestal. Se trata de una atalaya de hierro fundido que no sólo ofrece unas vistas espectaculares de la zona sino que además forma parte de la historia ya que fue diseñado por el famoso arquitecto Gustave Eiffel, autor de la torre más conocida de París.Posteriormente, una buena opción es estacionar la motocicleta y recorrer a pie algunos de sus monumentos más destacables del municipio, como el Castillo de Magalia -construido en la primera mitad del siglo XVI por el primer marqués de Las Navas, Don Pedro Dávila y Zúñiga- y el Convento de Santo Domingo y San Pablo, fundado en el año 1545. Tras la visita a Las Navas del Marqués, seguimos de nuevo nuestro camino no sin antes probar alguna de las delicias de la cocina abulense, como las carnes al horno o las patatas revolconas (cocidas y machacadas, y aderezadas con pimentón y torreznillos).  Tierra inhóspitaA menos de diez kilómetros se halla el desvío hacia Navalperal de Pinares. Nos adentramos en zona ganadera a través de una carretera de curvas serpenteantes. Coronado el puerto de La Cancha, los gigantes de un parque eólico nos dan la bienvenida. Es el momento de detener el motor de la motocicleta para disfrutar del paisaje y el ruido que hacen los molinos al cortar el aire.El trayecto continúa y el destino nos tiene preparada una sorpresa más: una hondonada infinita. Este paisaje nos acompañará durante los 26 kilómetros que nos separan de El Tiemblo, la última parada de nuestro viaje. Este pequeño pueblo está situado al pie de la Sierra de Gredos y lo atraviesa el río Alberche, lo que ha propiciado que se formen tres embalses: El Burguillo, el Charco del Cura y Puente Nuevo. Se trata de un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza ya que está integrada en la reserva natural del Valle de Iruelas; una de las pocas áreas en Europa donde se cría el buitre negro. Un broche final perfecto para una ruta en la que hemos disfrutado de uno de los mejores paisajes del Sistema Central.  

Foto de Hoces del Duratón

Hoces del Duratón

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Segovia es la tierra del acueducto más famoso, del asado, el cochinillo y el cordero lechal, también del jamón serrano y el conocido chorizo de Cantimpalos. Pero si nos decidimos a visitarla, aparte de su capital y su gastronomía, debemos conocer también las Hoces del Río Duratón. Recorrer este espectacular cañón, que en algunos puntos llega hasta los cien metros de profundidad, es una de las mejores excursiones que podemos hacer en Castilla y León. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Contemplar las hoces mientras buitres leonados, águilas y halcones peregrinos nos sobrevuelan es una experiencia única, más aún cuando lo hacemos sobre una moto, mientras cortamos el aire por carreteras serpenteantes. Lo mejor de nuestra escapada motera es que para llegar hasta este paraje natural vamos a pasar por un sinfín de pueblos llenos de encanto e historia. La ruta parte desde Valsaín, una pequeña localidad a 14 kilómetros de Segovia  que destaca por su Palacio, testigo de grandes momentos históricos, y actualmente pendiente de un proceso de rehabilitación integral.Por supuesto, también debemos pasar por La Granja, otro municipio pequeño, en este caso levantado alrededor de la lujosa residencia de recreo que Felipe V ordenó construir en 1724. Durante los siguientes veinte años los jardines, salpicados de una gran colección de esculturas, y el palacio se engrandecieron y actualmente su belleza se compara a la de Versalles. Aunque podríamos pasarnos el día entero recorriendo este palacio, no debemos entretenernos demasiado porque Segovia está esperándonos con los brazos abiertos. Retomamos la carretera que conduce a San Ildefonso, y transcurridos diez kilómetros, antes de que podamos darnos cuenta, ya estaremos rodando con nuestra moto por las calles cargadas de historia de una ciudad Patrimonio de la Humanidad: Segovia. Sabor a culturaEl magnífico acueducto de Segovia nos da la bienvenida. Esta majestuosa obra de ingeniería cuenta con 163 arcos y alcanza su altura máxima en la Plaza del Azoguejo, donde se levanta a más de 28 metros. Es precisamente en ese punto donde es recomendable dejar la moto aparcada y pasear por la ciudad, la mejor manera de descubrir sus muchos rincones con encanto hasta llegar hasta la catedral y el Alcázar. Si el camino nos cansa, a la vuelta no hay nada mejor que degustar un exquisito cochinillo segoviano en el famoso Mesón de Cándido (Plaza del Azoguejo 5; 921 425 911), donde la tradición marca partir el cochinillo con el borde del plato demostrando su ternura. Con el estómago satisfecho ponemos rumbo norte para hacer kilómetros y disfrutar del aire en la cara. Próxima parada: Pedraza, a unos 40 kilómetros. Se trata de una villa medieval amurallada, cuya cuidada rehabilitación motivó su declaración como Conjunto Monumental en 1951. Un buen momento para visitar la localidad son los dos primeros sábados del mes de julio, cuando se celebra La noche de las Velas. Entonces, el alumbrado público se apaga y deja paso a los cientos de velas que adornan las calles, ventanas, plazas, jardines y patios. Un espectáculo digno de ver. Continúa el espectáculoTras el alto en Pedraza, continuamos el trayecto rumbo a nuestro destino final: las Hoces del Río Duratón. A partir de este punto, el camino se vuelve más divertido y el paisaje se torna verde. Antes es recomendable hacer una parada en Sepúlveda, a tan sólo media hora de Pedraza. Esta localidad es famosa por su exquisito lechazo asado en horno de leña. No podemos partir sin pasear por sus calles, recorrer su plaza mayor con los restos del antiguo castillo y ascender hasta la iglesia del Salvador, para conocer una de las joyas del románico segoviano y disfrutar de unas espectaculares vistas. Desde aquí continuamos la ruta por San Miguel de Bernuy y Carrascal del Río hasta Burgomillodo, punto de inicio de las Hoces del río Duratón, uno de los espacios naturales más espectaculares de la región. Una buena opción es entrar a Burgomillodo para contemplar el embalse del mismo nombre, y posteriormente continuar hasta Castrillo de Sepúlveda y Villaseca.Allí nace una pista, sin asfaltar pero preparada para la circulación de vehículos a motor, que nos llevará hasta un aparcamiento donde debemos estacionar la moto para seguir el resto del camino a pie. A escasos dos kilómetros encontramos la ermita románica de San Frutos, del siglo XII. Ya sólo queda disfrutar de la curva que realiza el río Duratón y observar el vuelo de las aves rapaces que habitan en este espacio natural.  

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