Desierto de Gorafe (Granada): georuta por las badlands y Los Coloraos

El desierto más desierto de España

veredas de esparteros
Caminando por veredas de esparteros.

Ni esto es la Capadocia de Granada, ni el Colorado de Andalucía. Dejamos a un lado las etiquetas viajeras y comparaciones para perdernos en el desierto más desierto de España. El de incontables cárcavas y badlands (baldíos) que estrujan una y otra vez el altiplano granadino para dejar a su paso un territorio odiado por agricultores y adorado por aventureros. "Eso es un secarral donde no hay ná", dicen los más veteranos del lugar. Aquí no hay casas, tan solo cuevas; no hay ríos, solo ramblas, ni tampoco carreteras, solo veredas de esparteros y mucho menos sets de rodaje. A los del Spaghetti Western, el desierto de Gorafe les debió de parecer demasiado desolador. Tenían razón.

Al norte de la provincia de Granada, las comarcas de Guadix y Baza, están dominadas por un territorio semidesértico (4.722 km2) atrapado entre las cumbres de Sierra Nevada, de Cazorla y de Baza. Tras decenas de millones de años sumergido bajo el agua, esta llanura de arcillas y margas afloró formando una gran depresión esculpida en forma de farallones rocosos, gargantas, cañones fluviales, crestas y cárcavas entre miles de formas y tres colores: ocre, grisáceo y colorao. En otras palabras, una apología a la erosión que ya tardaba en tener este distintivo: geoparque.

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El 4x4 para explorar este territorio, al fondo Sierra Nevada.

Distintas instituciones como la Diputación de Granada, asociaciones municipales y universidades se han empeñado en incorporar esta área a la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO. En 2020 lo consiguieron. El desierto de Gorafe es el corazón inerte de este páramo o el lugar para desaparecer en la cara más remota de la provincia. Para descubrirlo proponemos un recorrido por los mejores escenarios donde asomarse a la nada.

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El Geoparque de Granada se creó en 2020.

El invierno rebaja las temperaturas abrasadoras y lo prepara para mostrar su mejor versión en primavera. Quien se adentre en el desierto debe saber que lo mejor es hacerlo con guía, no solo para entender la riqueza del lugar sino para no extraviarse en la misma; para recorrerlo, las opciones pasan por hacerlo a pie o a caballo, en bicicleta de montaña o en todoterreno. El turismo no tiene cabida aquí y el 4x4 gana puntos si lo que se quiere es dejarse llevar y admirar el paisaje.

Nuestra georuta parte desde la localidad de Gorafe, que tiene 383 habitantes y 485 cuevas. "La mayor parte de la gente de aquí vive en una", explica Manuel Bustamante, guía al frente de la sociedad Turismo Rural Gorafe, que desarrolla diferentes actividades en la zona, como rutas de trekking, vuelos en parapente, alojamiento en casas cueva (algarves o covarrones) o rutas en todoterreno.

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Una ruta para hacer con guía.

El altiplano de Granada

El pueblo descansa en el cañón del río Gor, al abrigo de los vientos que sacuden este altiplano situado a mil metros de altitud, salpicado por almendros y dólmenes. Porque en esta zona se encuentra una de las mayores concentraciones de megalitismo de Europa, con 240 ejemplares repartidos en diez necrópolis de diferentes tribus asentadas hace 6.000 años. Le han valido otro reconocimiento: Parque Megalítico de Gorafe. 

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Manuel Bustamante explica la formación del geoparque.

"Esto no lo conocen ni los de Granada", comenta Bustamante, socio fundador junto a su hermano, Neftalí, de esta compañía promotora del geoparque y decidida a dinamizar una de las zonas más desconocidas de Andalucía. "La gente no sabía que aquí había un desierto", añade el guía explicando que el proyecto de la compañía Guardian Glass ayudó a poner en el mapa a Gorafe. Hablamos de un alojamiento hecho en su totalidad de vidrio perdido en medio de este páramo, donde no faltaban huéspedes, especialmente después de rodar aquí un capítulo de Black Mirror. "La Casa del Desierto" está ahora en rehabilitación.  

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El pueblo de Gorafe tiene 383 habitantes y 485 cuevas.

En apenas cinco minutos el camino pedregoso se precipita al vacío indicando el primer mirador de la georuta, el del Puntal de la Loma de Enmedio. En este emplazamiento termina una dimensión y empieza otra. La llanura de almendros se pliega ahora entre incontables cárcavas y barrancos áridos, donde el esparto es de las pocas muestras de vida. Las badlands (o baldíos) del Negratín conforman una amalgama de texturas donde no se ve un alma, ni siquiera un camino que indique algún rastro de civilización. Se divisa al fondo la sierra de Cazorla, al sur Sierra Nevada con Baza al oriente y el cerro de Jabalcón sobre el embalse del Negratín, que asoma con timidez entre este laberinto estriado de margas y arcillas. No se escuchan ni los pájaros.

El Land Cruiser del guía circula por el Camino de los Pinos, donde no hay ni uno solo, "pero hace siglos los había", asegura Bustamante. Esta es una antigua vereda de esparteros, de los pocos trabajos a los que permite este páramo: recoger esparto para los terratenientes. Hoy la PR-A 426, que atraviesa todo el desierto, la transitan cazadores y quien no tema adentrarse en las entrañas de este paraje de otro planeta, o al menos de un lugar muy lejano. 

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La PR-A 426 recorre todo el desierto.

El camino del desierto

Los colores cambian de una zona a otra. En el barranco del Pollo desaparece el ocre y aparece el gris como lo hacen las chimeneas de hadas en las paredes de esta grieta. El viento deja el terreno seco, pero cuando llueve "esto da miedo", confiesa Bustamante. Es entonces cuando "el agua circula a toda velocidad por las avenidas y los cañones entre un ruido de estruendo". Lo dicho, mejor venir con guía y con buen tiempo.

paredes arcillosas desierto gorafe
Buscando rosas del desierto entre las paredes arcillosas.

Otra parada panorámica la reclama el cerro Banderas, que recibe su nombre por las franjas de diferentes colores que luce. Margas, gredas, arcillas y cantos rodados… contamos las cicatrices sedimentarias acumuladas en capas en esta montaña multicolor, donde se encuentra una falla inactiva. Conviene olvidarse un rato del vehículo para caminar hasta los distintos puntos geodésicos que se reparten por el parque. También para apreciar los colores y contrastes lumínicos que brinda el lugar. Para hacerlo, mejor madrugar. 

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Barranco del Pollo y el Cerro de Jabalcón sobre el Negratín.

La rambla de los Anchurones se encuentra al fondo del barranco que lleva su mismo nombre. Es esta la mayor avenida que comunica el desierto de norte a sur. Aquí está prohibido circular en vehículo, por lo que una caminata se vuelve obligatoria para contemplar este cañón cuyo curso serpenteante se pierde entre las cárcavas y en cuyas paredes afloran cristales de yeso incrustados entre la arcilla. 

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La rambla de los Anchurones comunica el desierto del norte a sur.

El gris se mezcla ahora con el color rojizo, mientras la PR- A 426 nos guía hacia el mirador de Los Coloraos, la estrella geológica del lugar. Ante nosotros se conforma un cúmulo de montículos escarlata y laderas sinuosas ricas en mineral de hierro. El efecto del agua y la erosión se han dado un deleite aquí y una opción para apreciarlo es bajarse del vehículo y explorar sus cavidades, sus galerías y torrentes secos. Esperar aquí el atardecer y su sinfonía multicolor sobre las lomas tampoco es mal plan.

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Los Coloraos, la estrella del paraje.

El punto final del recorrido geológico, antes de volver a Gorafe, lo marca el mirador de Don Diego. Este enclave es ideal para echar el último vistazo a la orografía del desierto y apreciar el contraste de aridez de la vegetación de la cara sur de las laderas frente a la norte. Las nubes nos alejan de las tópicas luces cegadoras de este tipo de escenarios desolados para dotarlos de mayor perspectiva y misterio, al mismo tiempo. "No hay otro desierto como este en toda Europa", concluye Bustamante.