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La bola negra es una historia contada a través de tres épocas. Las vidas de tres hombres homosexuales se ven afectadas por la obra de teatro que da título a la película, que Federico García Lorca dejó a medias antes de ser asesinado. En 1932, el joven Carlos no es aceptado en el Casino de Granada por su homosexualidad. En 1937, Sebastián es reclutado por el bando nacional durante la Guerra Civil y debe vigilar a un misterioso prisionero. En 2017, el historiador Alberto recibe una herencia de su abuelo, el cual no sabía ni que seguía con vida.
En una historia que conecta con Lorca y donde un joven granadino vive sin saberlo los hechos que él dejó escritos en su obra, la ciudad de Granada es casi un protagonista más, un escenario entre teatral y documental que devuelva la ciudad a como era en los días de la Segunda República. Allí aparecen los barrios del Albaicín y el Sacromonte, la Plaza Nueva, la Plaza de Santa Ana, el turístico paseo de los Tristes, el Carmen de los Mártires y la Huerta de San Vicente. La Alhambra también, pero siempre entrevista de fondo, como una presencia vigilante, e incluso Sierra Nevada.
La magia del cine hace, eso sí, que la geografía cambie, y sería imposible hacer el mismo camino que Carlos al principio del filme. Su casa familiar, donde el actor Milo Quifes convive con Antonio de la Torre como su padre y Natalia de Molina como su hermana, se ambienta en la mismísima Huerta de San Vicente donde vivió Lorca, hoy un museo, localizada casi en las afueras de la ciudad, en una zona que no era urbana en los años 30.
Pero cuando se dirige al Casino, lo vemos bajar por las cuestas del Albaicín, e incluso con unas vistas que solo son posibles desde algún punto del Sacromonte. Los jardines del Casino, desde los que se contempla toda la ciudad, son los del famoso Carmen de los Mártires. Luego lo veremos recorrer con sus amigos El Paseo de los Tristes, en las faldas de la colina de La Sabika donde se ubica la Alhambra, que hoy es un espacio turístico que se ha llegado a calificar de “la milla más hermosa del mundo”.
Cuando Carlos se vaya de juerga flamenca y, un poco achispado, se pierda por las calles de la ciudad en busca de compañía, lo hará de nuevo por el Albaicín. En una esquina, encontrará a dos conocidos de aspecto amenazador. Son callejones a los que apenas ha sido necesario retocar para que pasen por los años 20, apenas disimular cables y alguna papelera y dejar que la iluminación haga el resto.
En una escena del final se produce una revuelta en la ciudad, un hecho histórico relacionado con la República del que no podemos dar más detalles, por los temidos spoilers. Se ambienta en la Plaza de Santa, junta a la Iglesia del mismo nombre, en un espacio del que es complicado acceder directamente al Carmen de los Mártires, como hará algún personaje. Lo cierto es que todos estos espacios, excepto la Huerta del San Vicente, están cerca, componen el perímetro del viejo barrio árabe del Albaicín, y se pueden recorrer a pie -contando, eso sí, con las cuestas- o en microbús.
Pero no solo de Granada vive La bola negra. Una de las tramas, la que sucede durante la Guerra Civil, lo hace en la retaguardia del frente del norte, en concreto en Cantabria. Allí el rodaje se trasladó al municipio de Comillas, y en concreto al Seminario Mayor de la Universidad Pontificia, que se convirtió en un hospital de guerra donde el soldado Sebastián queda en custodia del prisionero Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y antigua pareja de Lorca. En la misma zona de Cantabria el rodaje se trasladó a los municipios de Valdáliga, Herrerías y el entorno de Oyambre, donde se recrearon un bombardeo durante la guerra y un fusilamiento.
Finalmente, el otro lugar destacado es Castril de Carrias, donde La bola negra se detuvo hasta 10 días de rodajes. Este pueblo de Burgos, casi deshabitado, es un plató de cine habitual y aparece en películas como Gernika bajo las bombas, Sacamantecas y Volver a vivir. Allí el departamento de arte fabricó fachadas falsas y construcciones efímeras para una grabación donde participaron cientos de figurantes reclutados en la comarca e incluso se contó con la asesoría de los bomberos de la zona porque hubo varias escenas con explosiones.
El 25 de septiembre ya podrás ver en la gran pantalla todos estos escenarios, convertidos por los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi en el telón de fondo de un drama épico a través de tres épocas diferentes y guiado por la palabra de Federico García Lorca.
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