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Aunque lo importante siempre es comprar un buen cordero lechal -hace unas semanas contábamos cómo lo crían varios ganaderos en España- después es fundamental cómo lo tratamos en la cocina antes de servirlo. Para ayudarte, toma nota de los trucos que cuentan estos cocineros, también embajadores de INTEROVIC (Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y Caprino de Carne), pero siempre teniendo en cuenta que aquí, como en otras recetas, “cada maestrillo tiene su librillo”.
Para el chef del restaurante vallisoletano, la clave para hacer el cordero en casa es que conserve la humedad necesaria para que la carne no se seque. “Hay que poner una buena cantidad de agua en la bandeja donde colocamos el cordero sazonado con la piel para abajo, es decir, que las costillas y la parte interior queden para arriba”. Mientras controlamos que la pieza esté siempre bien hidratada, durante una hora y cuarenta minutos tendremos el horno a 160 ºC. Pasado este tiempo, que ya estará bien tierno el cordero, se saca el caldo de la bandeja (y reservamos para después) y se deja seco. Subimos el horno a 180 ºC y lo dejamos unos 25 minutos para que la parte exterior, una vez dado la vuelta, alcance esa textura más crujiente. “Y eso sería un asado tradicional”.
El cocinero madrileño insiste en empezar por lo básico: atemperar bien la carne y trabajar con tiempo y temperaturas suaves. Su método pasa por precalentar el horno a 150 ºC y asar la pieza sobre una rejilla colocada sobre la bandeja, con agua en el fondo, ajos enteros y laurel, para que el jugo se forme sin mojar la carne. Salpimentado y con la piel hacia abajo al principio, el lechal se voltea con cuidado a los 45 minutos y sigue otros tantos con la piel hacia arriba, vigilando que nunca falte líquido para la futura salsa. Un golpe final a 190 ºC deja la piel dorada y crujiente; el jugo, colado y reducido si hace falta, hace el resto.
El chef de 'Tripea', ubicado en el Mercado de Vallehermoso, coincide en que todo empieza por elegir bien la pieza —su debilidad es la paletilla— y en no sobrecargar un producto que, si es bueno, pide poco más que horno y respeto. En su caso, la salsa o el aderezo siempre va sobre la carne, nunca sobre la piel, con un dedo de agua en la bandeja sin tocarla, ajo, romero y laurel. Asado largo y suave a 170 ºC con la piel hacia abajo, remate a 220 ºC para lograr el punto crocante, reposo generoso y una salsa que se puede reducir y ligar con un poco de mantequilla.
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