En un intento por tocar el cielo, el municipio turolense de Albalate del Arzobispo nos presenta sus dos candidatos monumentales para alcanzarlo. Uno de ellos es el castillo-palacio arzobispal que se eleva sobre la población como si fuera el principal faro desde el que otear el horizonte. Su torre comparte con la de la iglesia de la Asunción el estilo mudéjar, la segunda gran propuesta artística de la localidad. Esta última intenta competir en altura con la fortaleza sin conseguirlo. A los pies del templo, se distribuyen tradicionales barrios donde aún es posible respirar las esencias del pasado en la judería y la morería. Declarada conjunto histórico, la cultura se respira en cada calle, plaza o rincón y alcanza su punto álgido en la Semana Santa. Con el “romper la hora” la fiesta vibra y el redoble de los bombos y tambores parecen manifestar que Albalate del Arzobispo sigue ahí, esperando a ser visitada. Finalmente, abandonamos el pueblo siguiendo el cauce del río Martín. El curso nos irá adentrando en el parque cultural. Allí, aparecen las pinturas rupestres enmarcadas en escarpados cortados de vértigo que el río ha diseñado. Luego, más abajo y en plena sierra, se despliega el santuario de la Virgen de Arcos. Desde algunas de sus cuevas, es posible intuir que Albalate del Arzobispo alcanza el cielo usando la escalera mudéjar de sus monumentos.

En la plaza de Aragón de Albalate del Arzobispo se localiza el primer monumento que se realizó en las villas aragonesas sobre la Jota.